Relato 83 - Sanguínea oscuridad
Afuera la nieve se tornó roja por la sangre que derramé y la oscuridad de la noche no fue mi aliada para detener a esa criatura.
Deslizándome sobre los árboles detecté su olor y calor.
Cada vez estaba más cerca de su desprotegida figura y la adrenalina me estaba sofocando al punto que me abalancé sobre ella e intenté arrebatarle la vida, pero caí en su trampa cuando atravesé el cuello compuesto de tela y relleno de espuma.
Me hirió el costado y de inmediato descargué mi furia contra su rostro, pero lo tenía cubierto por una máscara de porcelana la cual poseía los parpados pintados de rojo simulando sangre y una sonrisa qué me hacía recordar a la mía en aquel momento. además, su cuerpo estaba cubierto por una capa de color borgoña.
Continúe peleando, pero perforó otra parte de mí y como una ráfaga llegué a mi refugio.
Ocultándome debajo del piso sentí la puerta, y por entremedio de las tablas de madera pude ver sus zapatos que estaban arriba mío. Dio unos pasos y se sentó.
—Con lo que te hice no morirás, pero es una muestra de cómo tus instintos te traicionaron y no me detendré hasta verte muerto.
Me moví con sigilo y comencé a recuperar la fuerza con los fluidos de los cuerpos de anoche.
—Sabes muy bien porqué estoy aquí.
Como olvidar ese festín qué comenzó a las nueve, sediento caminaba por las calles de esa pintoresca ciudad costera a la cual llegué por casualidad. La primera víctima fue un hombre que pasó a mi lado y le pregunté por la hora. Dejé qué avanzara y lo comencé a seguir como si fuera su sombra. Lo ataqué con mis garras desgarrando su yugular, la sangre comenzó a brotar, deslizando la lengua probé esa fuente de vitalidad luego succioné y al terminar comí un trozo de su desgarrada carne.
Limpié parte de la escena chupando el suelo y deseché el cuerpo en las piedras. Continúe caminando y de pronto escuché música que se complementaba con aplausos, me aproxime y vi a personas disfrutando de una boda.
—¡Que viva el amor! — dijeron varios de ellos.
La banda comenzó a tocar el vals y las novias tomadas de las manos caminaron hacia el medio para iniciar el baile y al terminar la música se besaron.
En la sombra mi cuerpo empezó a transformarse, las alas adornaron mi espalda, la piel se tornó distinta y la quijada aumento de tamaño. Después de abrir los brazos hacia la luna me embarqué en el ataque. Al elevarme empecé a hacer un círculo sobre el aire como si fuera una red de pesca. El ruido de alas hizo que voltearan a verme y en ese momento descendí como un rayo comenzando una masacre en la que las garras descuartizaron los cuerpos entre gritos y llantos.
Luego el silencio impregnó el lugar y las esperé.
Se ocultaron detrás de la barra y salieron cuando pensaron que el terror había pasado. Vieron la sangrienta escena con llanto y angustia.
El ataque fue por la espalda.
De un manotazo la dejé cerca de la orilla con heridas mortales en la espada y a la otra mujer le desgarré la pierna. Cayó al suelo y volví a ocultarme para ver cómo se arrastraba hasta su esposa. Con dolor llegó y dejó la arena machada.
—Tiziana, no me dejes.
Sus lamentos fueron en vano.
—¿Por qué tuvo que pasar esto?
Sollozaba sobre el cuerpo de su amada y en ese momento aparecí.
Mi pie apresó su mano y me miró con pavor. Le sonreí y tomé su cabeza.
—Fue una espectacular cena porqué los dedos índices son los más crujientes y deliciosos al igual que los globos oculares.
Sonriéndole le arranqué un ojo que rodó por la arena.
La dejé y volví a la apariencia de humano para seguir mi camino como si nada hubiese pasado.
—Me encontraron al amanecer y durante esas infernales horas resistí sabiendo que ya nada volvería a ser como antes. El cariño de mis seres queridos se había ido y la persona con la que pensaba pasar el resto de mi vida también. Ni siquiera pude despedirme por estar recuperándome de las graves heridas que me causaste.
Mientras ingería la escuchaba y pensaba que no soy tan diferente a ellos. A veces son más mortíferos y sé muy bien lo que hicieron en los quinientos años en los que estoy vivo. Guerras y otras cosas qué me mejor no pensaré para no devolver la comida.
—Tú también tuviste miedo.
Comenzó a reírse y eso me hizo enfadar y devoré el rostro de la víctima imaginándome que era el suyo.
—Fue cuando la luna se hizo roja.
Cerré los ojos e incrusté con más fuerza los colmillos haciendo que saliera un pequeño chorro.
Me transporté a ese momento con ira.
Estaba lloviendo cuando daba uno de mis paseos nocturnos. Detrás de mi escuché un chapoteo que despertó mi curiosidad.
Fui guiado por unos golpes hacia una fuente vacía que se hallaba en una parte desconocida de la cuidad.
Estaba rodeado por paredes con pequeñas aberturas y al acércame pude detectar un movimiento en la parte trasera.
Me puse en guardia y otra vez lo percibí. Me escondí en una esquina en la que no me pudiera ver y así atacar a lo que fuese.
En la tercera vez ataqué, pero una silueta dobló hacia la izquierda y seguí su rastro corriendo por las encrucijadas calles.
Un jadeo cercano me obligó a ocultarme de nuevo y al rato escuché unos pasos que venían hacia mi así que salí de allí, pero en vez de alejarme de ese lugar fue la confusión que sufrí que me hizo regresar a la fuente, pero esta vez estaba cubierta por una sustancia de color rojo.
—No te será tan fácil atraparme — susurré
Me senté en el suelo y coloqué el brazo sobre la fuente en posición de rendición.
La sustancia era pintura y me ensucié a propósito como si hubiera sido herido. Esperé con los ojos cerrados y agudicé los sentidos.
Pasó un tiempo hasta que sentí como algo frío se deslizaba por mi cuello lentamente hasta llegar al pecho. En ese momento abrí los ojos y destrocé por completo la fuente.
Estaba muy enojado y escuché una risa.
— Maldición — vociferé.
Extendí las alas y comencé a levitar para saber quién era, pude ver como alguien corría y el viento sacudía su capa. Dejé que se fuera. Continúe en busca de mi cena la cual terminó siendo una misera rata por haber gastado energía para nada.
Regresé al presente cuando volvió a reírse.
—Nos vimos cara a cara dos veces. La primera fue en el puente y me miraste como si fuera un espíritu, por un momento te paralizaste, pero luego seguiste y no serías capaz de atacar debido a la concurrencia en ese reducido espacio y también por qué no eres ningún tonto para exponerte de esa manera, aunque ya lo hiciste en mi boda, pero la gente sigue creyendo qué lo hizo un asesino serial y no un vampiro. La segunda oportunidad ocurrió hace unas semanas cuando escuchaste golpes en las paredes y arañazos en las ventanas. Sabía que te estaba aturdiendo y aun me hace gracia como me burlé de ti cuando desplazaste las cortinas y me encontraste sonriendo e incluso te guiñé además te hice la señal de que vinieras con el índice. No me perseguiste porqué ibas a perder la inmortalidad.
—No te confíes demasiado — pensé.
—Por años esperé encontrarte y esa trampa la planeé por mucho tiempo para hacerte creer que todavía era débil.
Suspiró.
—Ayer vi como cazaste a esas personas y ocultaste sus cuerpos debajo del suelo. Como lo estás tú ahora.
Comenzó a romper el piso, pero yo estaba del otro lado y emergí con una descomunal fuerza la cual me proporcionaron los cadáveres. Me arrojé sobre ella, pero me esquivó e impacté haciendo un estruendo que se parecía a una bala de cañón. Me arrojó unas cuchillas que penetraron en mis alas, pero las heridas cerraron al instante.
Ahora estaba convertido en una bestia indomable y era yo el que emitía una aguda y estrepitosa risa.
Comenzamos a luchar cuerpo a cuerpo.
Esta vez mis garras pudieron destrozar al medio la máscara, pero antes de llegar a su rostro me cortó el dedo que quedó moviéndose en uno de los huecos.
—Te destrozaré — le advertí.
Eludí sus ataques y la acorralé, pero me disparó, la bala quedó alojada cerca de mi corazón, de inmediato introduje en mi interior las garras y la saqué.
En ese momento perdí mi extremidad la cual dejo todo ensangrentado.
A pesar de eso ninguno de los dos se negaba a rendirse y estábamos parejos.
El tiempo pasaba y la luz de la luna que entraba por la ventana iluminó su fatigada cara y solté una maliciosa carcajada porque intuí qué fallaría en algún momento por su degaste.
La hazaña que me condenó fue atacar directamente al cuello por esa razón quedé inmovilizado en suelo con dagas que se incrustaron en distintas partes de mí.
Se acercó agotada y me miró fijamente.
—Esta agonía que cargué por tanto tiempo se acabará.
Sobre mi pecho cayó una lágrima y apuntándome sonrío amargamente.
—Mi enemigo tengo que decirte que vas a sentir una violenta picazón cuando la plata entre en tu interior.
Apretó el gatillo y al entrar la bala, una demoledora sensación me hizo emitir un desgarrador grito además un intenso hormigueo se coló por todo mi ser. La piel del rostro me quemaba y de a poco se fue desprendiendo.
Grité por última vez cuando abrió la puerta y la nieve comenzó a entrar con su característico sonido.