Relato 68 - La llave que llegó de las olas

        

    La arena se escurría entre mis dedos con cada paso que daba al contemplar el agua. El paraíso estaba ante mis ojos y de a poco me adentré en él. Al principio un escalofrío asaltó mi cuerpo al hacer contacto con la frialdad del mar. Luego me atreví a sumergirme, nadé, pero una ola me arrastró hacia la orilla. Me quedé viendo el oleaje, pero a la derecha en una de ellas había algo. Lo que fuese quedó sepultado en la arena. Me acerqué y era una llave, la tomé y en ella estaba grabada la palabra ilusión. También tenía detalles extraños como un caballo en la punta y en el centro unas iniciales. Regresé a casa y la dejé sobre la mesa de la cocina, me metí en la ducha y al salir sentí unos pasos. Caminé hacia la sala de estar, pero no había nada sospechoso. Me quedé parada por un momento y solo oía el mar.

    De pronto un golpe me exaltó y provenía de la habitación.

    Mientras subía los escalones crujían, abrí la puerta y entré. Al asomarme a la ventana sentí un escalofrió porque vi una sombra que pasó por detrás. El armario emitió un chillido y cuando me di vuelta la puerta estaba entreabierta. Acercándome mi corazón comenzó a palpitar por lo que se ocultaba adentro. Toqué con cuidado la ropa y de a poco fui adentrándome, pero grité cuando algo hizo contacto con mi brazo y caí al piso del susto. Luego vi a simón qué apareció entre los abrigos riéndose. Me levanté y enojada le dije que era un idiota. Me siguió hasta la oficina pidiéndome disculpas, pero le cerré la puerta en la cara para no escucharlo.

    Pasó un rato y estando sentada se me ocurrió examinar la llave. Así que salí y regresé con ella. La limpié con un paño para sacarle los restos de arena y en la parte de atrás parecía contar una historia por los dibujos qué tenía. La escañé y pude ver un carrusel, un hombre, una multitud y un pueblo.

    —¿Qué significará?

    Investigué por unas dos horas, pero no obtuve respuestas. Suspiré y me marché para hablar con Simón.

    Por la noche mientras dormíamos estaba inquieta y mi cuerpo comenzó a moverse por algo qué se estaba gestando en mi subconsciente. Estaba caminando por la bruma con vestimentas de otra época.

    El pasto y el viento parecían hablar mientras me acercaba a un lugar lleno de vida, las mariposas parecían formar corazones sobre las flores y el cantar de los pájaros eran canciones de amor.

    Se olía un perfume que recordaba a la primavera. Una tierna risa se coló en mis oídos al atravesar unos árboles y vi como un carrusel se movía. En uno de los caballos estaba sentada una pareja de jóvenes que se miraban con pasión.

    Pero ese amor culminó cuando el vestido se tiñó de rojo y comenzó a llorar de la desesperación por la sangre que emanaba del cuerpo de su amante.

    El mecanismo aceleró y entremedio un aura negra apareció, pero ella se tiró porqué esa entidad disparó por segunda vez. Su cara empalideció y yo retrocedí al principio, pero todo lo bello se transformó en miseria. El paisaje se tornó tétrico, el frío invadió mi cuerpo y las mariposas fueron muriendo al igual que los pájaros.

    Una ráfaga me tiró hacia el suelo.

   —¿Estas bien?

   —¿Qué? — balbuceé.

    Cuando encendió la luz estaba en el piso, el cuerpo me dolía por el impacto contra la madera.      Con cuidado fui levantándome y me senté.

    —¿Tuviste una pesadilla?

    —Creo que sí.

    —Gritaste un nombre.

    —¿Cuál?

    —Hildiana.

    Quedé paralizada porque el viento lo había dicho. Simón me abrazó.

    —Ya pasó.

    Me dio un beso en la mejilla y eso hizo qué saliera de ese estado además de sentir su calor. Volvimos a dormir, pero cuando él lo estaba completamente me paré sin hacer ruido y salí a la playa.

   —¿Por qué soñé eso? ¿alguien necesita ayuda?

    Respiré hondo y fue como regresar a la realidad.

    —¿Qué estoy diciendo? Solo fue una pesadilla nada más.

    Entré y por alguna extraña razón decidí ir a la oficina para mirarla. Descubrí qué las raras iniciales formaban La forêt de la fontaine turquoise qué se traduce como el bosque de la fuente turquesa. Es un pueblo al sur de Francia, indagando en su historia de más de cuatrocientos años, sucedió un hecho hace ciento diez años. Una familia desapareció y en distintos lugares encontraron sangre, pero no sus cuerpos. El matrimonio tenía un hijo el cual se llamaba Maël y era el prometido Louise. una noble que desafío a su familia al comprometerse con un hombre sin linaje. Cuando vi sus rostros no pude continuar porque era la pareja qué soñé. al rato intenté seguir leyendo, pero no podía avanzar y pensé que el teclado se había descompuesto así que conecté otro, pero el mismo resultado, de pronto vi como sus ojos comenzaron a llorar. Quise salir de la página, pero no podía, cerré la computadora, pero en mi cabeza seguía viéndolos.

    Corrí al baño para lavarme la cara, mientras me secaba, sentí que algo tocó mi cabello y salí de inmediato para despertar a Simón.

    —¿Qué sucede? — preguntó somnoliento.

    — Esa llave no es normal porque desde qué la traje aquí me pasan cosas. Primero la pesadilla y ahora vi como lloraba esa pareja además en el baño algo me toco el cabello.

    —¿Qué pareja? ¿De qué estás hablando?

    Me miró sorprendido y tuve qué contarle. Mientras le relataba tuve la sensación de que necesitaba estar en ese lugar lo más pronto posible.

    —Algo me dice qué tengo que ir allí.

    —Amanda, lo hablaremos mañana y no te preocupes, todo pasará.

    Volvía acostarme, pero a la media hora estaba de nuevo levantada y decidida a ir. Así qué llevé lo necesario y le dejé una nota sobre la mesa de luz.

    Tenía qué manejar setecientos kilómetros, en la mitad del camino paré para cargar gasolina y comer algo. Luego tomé una siesta.

    Una casa iluminada estaba siendo testigo de una discusión.

    —¿Por qué haces esto?

    De a poco fui asomándome a la habitación en donde estaban las voces.

    —Lo hago para recuperar lo qué es mío.

    —Nadie te quitó nada. Pensé que habías muerto en el incendio porque nunca te encontré y siempre me sentí culpable de no poder salvarlas a ti y a tu madre.

    —Yo lo provoqué para matarlos.

    —Te dimos todo lo que podíamos darte y nunca te faltó amor.

    —Lo sé, pero hubo alguien qué me dijo que para amar había qué deshacerse del pasado, aunque ahora esa persona está bajo tierra.

    —Te manipularon ¿Y por qué lo sigues haciendo?

    —Porque es fascinante y más ahora qué nadie puede controlarme.

    —Por favor deja de apuntarme.

    Vi qué el hombre estaba golpeado, pero no podía ver a la persona qué sostenía el arma.

    —Hace exactamente una hora qué eres viudo.

    —¡No ¡¿Qué le hiciste?

    El hombre se puso a llorar por la perdida.

    —Conversamos un momento para después yacer en el césped.

    —Quiero verla.

    —No será posible porque el rio hizo su trabajo y los próximos será tú y ese hijo tuyo con esa idiota noble.

    Se levantó de la silla para atacar, pero los disparos le quitaron la vida.

    Desperté agitada.

    —Tengo que seguir— dije en voz alta.

    Todavía estaba en el paraje y cuando estaba por volver a manejar Simón me llamó preocupado, le dije en donde me encontraba, pero le insistí en qué no me buscara. Aceleré y después de algunos kilómetros llegué a la frontera.

    Pasé y luego de hacer bastante caminó comencé a adentrarme en una frondosa vegetación.

    El navegador marcaba que me faltaban solo veinte kilómetros, pero a los tres ya no había camino. Me guíe con el mapa, aunque al estacionar cerca de un rio vi a una señora hablando con una persona que parecía estar hecha de humo porque no podía visualizarla. Seguí sus pasos, caminaron entremedio de los árboles dialogando entre risas, pero las expresiones de la mujer cambiaron cuando quedó acorralada. Esa persona la amenazó y en un momento intentó agredirla, pero se defendió con algo y le lastimó el brazo, al querer escaparse una bala la atravesó cayendo rápidamente al césped.

    —Eso te pasó por herirme.

    Se fue parando lentamente y le tomó los pies, la arrastró hasta la orilla y de una patada la tiró al agua. El cuerpo quedó flotando y en ese momento quedé paralizada porque pensé qué al darse vuelta me había visto pero me alegré que no fue así y salió corriendo. Fue tan rápido qué solo pude ver que la piel de la mejilla estaba dañada.

    Todo se normalizó de un momento a otro.

    —Antes de caer de la cama vi algo parecido.

    Continúe caminando hasta llegar al pueblo, las casas eran sombrías y había algo en el aire como sí reinara el terror y eso lo pude comprobar unos minutos después cuando un hombre comenzó a correr al verme. Lo seguí y se encerró en su casa. Le golpeé la puerta porque sentía que a los alrededores imperaba una fuerza sobrenatural.

    Hice unos pasos y abrió la puerta.

    —Pase. Es muy peligroso.

    En la mesa tenía una maleta la cual estaba repleta de cosas.

    —¿Por qué vino aquí?

    —Encontré esta llave en una playa.

    —No puede ser.

    —Desde qué la encontré me han pasado cosas extrañas.

    —Esa llave esta maldita.

    —¿Es por lo qué pasó con esa familia?

    —Sí, pero las desgracias no terminaron con la desapareció de ellos. Primero hay que empezar por el principio de todo y la gran mayoría no sabe lo que realmente pasó. André Camgiareaux era carpintero y su esposa Camille maestra. Juntos tuvieron una hija que se llamaba Hildiana.

    De la nada comenzó a dolerme la cabeza.

    —¿Se siente bien?

    —Es solo una pequeña jaqueca.

    —¿Es por qué dije ese nombre?

    —Tal vez.

    Le conté todos los sucesos qué presencié.

    —Si escucha atentamente podrá descubrir porque le pasó eso— Hizo una breve pausa — Su hija se había enamorado de un hombre de mala reputación y por las cartas que encontré, él la persuadía para qué creyera qué cometiendo delitos podría amarla y eso hizo que tratara de asesinar a sus padres. Porque él le dio un libro que había escrito en el que relataba como la euforia corría por sus venas cuando asesinaba. Yo tengo un pedazo de hoja de aquel infame escrito, el cual consideraba como su favorito.

     De la maleta saco una libreta y me dio el trozo de hoja. Era realmente perturbador el contenido y me recorrió un escalofrió. No podía entender como una persona pudo escribir tales cosas y tener el poder de manipular.

    —Después del incendio se fue con ese hombre al norte en donde ambos cambiaron de identidad y siguieron cometiendo atroces asesinatos por al menos dieciocho años hasta qué en una de las cartas las cuales están en la casa de su padre. Planeo matarlo de varias formas porque uno de los crímenes no salió como lo planearon y le lastimo las mejillas dejándole cicatrices las cuales ella luego añadió formas de hojas al sentirse libre después de asesinarlo con un tronco mientras dormía.

    Con cada palabra que escuchaba se me estrujaba el estómago.

    —También se enteró que su padre había formado otra familia y que con sus habilidades creó un carrusel qué le dio prestigio al hacerlo tan bello además era contratado por la nobleza. Ante toda esa información. Hildiana aprovechó la huida para volver al sur. En esta carta dice todo lo que planeo.

    Querida yo:

    Ahora mi padre es una persona importante en un pequeño pueblo. Pero sí desaparezco a todos podré quedarme con la casa. Pero tengo que saber cómo entrar y deshacerme de ellos.

Aquí hay otra que habla sobre como veía casi frustrado su plan.

    Queridísima yo:

    Por la noche me asomé e intenté entrar por la puerta trasera pero el hijo con esa joven andaba por los alrededores ligeros de ropa. Entraron efusivos por el sótano y al rato de qué se escondieran allí. Me fijé en la cerradura, era extraña. ¿cómo diablos la voy a conseguir?                                                                            

Es la primera vez qué me encuentro en un enredo como este, pero sea como sea conseguiré salirme con la mía.

    —En las siguientes relata cómo fue su triunfo.

    Amada Hildiana:

    Te felicito por haber obtenido esa grandiosa llave. Cuéntame cómo lo lograste.

 

    Hermosísima Hildiana:

    Todas las noches volvía y pude forzar la puerta que daba a un salón. Como un fantasma paseaba por toda la casa para saber cada rincón para atacar. Además, sabía lo que hacían todos los días. Por eso seguí a su esposa, pero fue un golpe de suerte porque nadie la vio y pude llevarla adentro de la casa con los demás. Esa llave abre el sótano en donde trabajaban y el carrusel era una maravilla, pero se hizo más bello con las manchas de sangre y aún más cuando lo quemé después de unas semanas.

    También lavé y escondí los cuerpos en un rincón del sótano cuando la policía entró para buscar pistas. Yo estaba con ellos y por dentro me reía de la ineficacia con la que trabajaban.

Me alegro de que me hayas preguntado por eso porque han pasado cinco años y ahora yo ceno con sus esqueletos. Los lugareños le temen a la casa y al carrusel porque dicen que por los alrededores vagan sus espíritus, pero soy yo con sus ropas.

    Te escribo después de ocho meses para decirte que últimamente por alguna razón, estoy soñando con ellos cuando uso la llave por eso tuve qué viajar hacia el mar para tirarla. Me despido.

    —Es tremendo lo qué hizo.

    —Nadie sabía que ella vivía ahí hasta que encontraron su cadáver en el pasillo, aunque nunca hallaron a los demás. la casa ha estado en ruinas desde qué falleció y fue profanada varias veces a lo largo de los años. Yo tengo esas cartas porque quería saber la verdad además desde hace un año están ocurriendo crímenes parecidos a como ellas los perpetuaba. Algunos dicen qué revivió y por eso la gente se marchó del pueblo incluido el alcalde. Soy el único qué se quedó, pero estaba a punto de marcharme antes de verla a usted porque entré y comprobé qué hay cosas allí adentro además su tumba la encontraron abierta.

    Me dio un sobre relativamente nuevo.

    —Léalo y sabrá a lo que me refiero.

 

    Para la grandiosa Hildiana:

    Tu legado ha perdurado y quiero contarte que soy temida y admirada por la gente. He hecho lo que me dijiste que hiciera y ahora que miro hacia el pasado puedo decirte que nos hemos convertido en una sola.

     —Es mejor que se vaya cuanto antes.

     —Sí, es lo mejor.

     Me despedí y salí, pero no me marché sino qué busqué la casa. Sabía a lo que me arriesgaba, pero necesitaba encontrar la verdad.

    Era una casa bastante grande cubierta de musgo y con todas las ventanas cerradas y ennegrecidas por el paso del tiempo. En uno de los costados estaba el sótano, las puertas maltratadas por la humedad, pero lo raro era que la cerradura relucía y en ella me refleje. Introduje la llave, el mecanismo hizo ruido y las abrí de par en par. Bajé los escalones que estaban cubiertos por una sustancia pegajosa. El olor a humedad era fuerte. Prendí la linterna del celular y pude ver que el lugar estaba conservado. Las mesas de trabajo, los muebles y los caballos del carrusel me hacían sentir en aquella época. Incluso tuve una visión con ellos, la esposa al terminar de pintar los ojos de los corceles continúo pintando un cuadro que le habían encargado mientras el hijo en otro sector alijaba una silla y en la otra parte su padre tapizaba.

    Se podía notar el compañerismo y la pasión que le ponían en cada cosa qué hacían además de la unión también había risas por las bromas de parte de la dama.

    Cuando la visión pasó, me acerqué a un costado que estaba cubierto por una pesada madera y allí visualicé la cara de Hildiana sonriendo maliciosamente y atrás de ella los cuerpos. Sentí un ruido y una sombra subió rápidamente. No la seguí porqué quería seguir explorando así que subí por la otra escalera y de esa puerta en forma de arcada salí a un pasillo en donde alguien corría por la cocina y su espectro se proyectó en el vitral.

    De a poco fui acercándome y cuando llegué al comedor los esqueletos estaban sentados y la vajilla puesta en señal que ya habían cenando.

    Los restos de Hildiana estaban en la punta y parecía estar mirándome con autoridad además sostenía un cuchillo en su huesuda mano. La miré fijamente y de pronto apareció descansado en el hombro su cara de carne y hueso por un segundo y se esfumó en la oscuridad. Esta vez sí corrí y llegué a una recámara que estaba en el segundo piso, los cuadros en pésimas condiciones y con los costados cortados recreando las heridas de las mejillas me dieron escalofríos.

    Sobre una polvorienta mesa de luz había tres fotografías, la primera de la vejez de Hildiana, la siguiente de su cadáver en el ataúd y la última de su juventud, pero parecía ser reciente. Oí el rechinar de la puerta y me dejó encerrada. Intenté abrir, pero era imposible porque estaba cerrada con llave. Escuché mi nombre y al asomarme por la ventana vi a Simón, abrí el vidrio.

    —Vete, vete.

    —No te entiendo.

    —Estoy atrapada, pero vete.

    —Espera, que ya voy.

    Detrás de él había una figura qué lo golpeó en la cabeza.

    —¡No!

    Con su vestido gris y un velo en el rostro me apuntó con el dedo que estaba cubierto por un guante del mismo color para luego comenzar a correr.

    Salí por la ventana, era realmente peligroso por la putrefacción de la madera. Avancé lentamente por la cornisa y notaba como los pedazos se desprendían.

    Llegué al final y di un salto hacia la otra ventana, la pierna quedó en el aire y haciendo fuerza pude levantarla además sentí que estaba cerca por como crujía el piso. La empujé con fuerza y entré en busca de algo para defenderme. Agarré un antiguo abrecartas y aún se podía oler la cera para sellar las cartas e incluso había velas prendidas y cruces dibujadas en la pared con la misma cera. El ritmo cardíaco aumento cuando vi una pintura familiar con los ojos tachados y con manchas de sangre.

    Estando asustada y con la guardia baja de repente se abrió la puerta y se abalanzó sobre mí. Defendiéndome le rasgué el vestido en la parte de las axilas y atravesé su piel. Gritó y comenzó a sangrar, pero no se detenía y me agarró del cabello con fuerza para luego sentir como mi cabeza impactaba contra el suelo.

    Algo se movía y un agudo dolor hacia palpitar mi cerebro. De a poco abrí los ojos y era una terrible escena porque a mi lado estaba Simón atado, con la boca y los ojos ventados y estaba temblando. Puse mis manos en las mejillas para tranquilizarlo.

    —Soy yo, Amanda.

    Le quite todo y tenía el ojo morado. Ambos oímos una risa y nos dimos vuelta, ella estaba apuntándonos mientras dábamos vueltas en el carrusel. se subió y empezó a gritar.

    —Su legado vivirá por siempre y yo soy la prueba de ello. Los asesinaré de la misma manera que a esa pareja

    Continúo riéndose.

    —Tú tenías esa hermosa llave y era la pieza faltante para revivirla, pero ahora su espíritu vive en mí. Además, están en su último día y que mejor manera para festejarlo con la ropa de su funeral y este es un nuevo capítulo para su historia.

    De pronto el carrusel acelero y el piso se movía, parecía qué se iba a desprender. corrió hacia el lado contrario, pero cayó antes de llegar a nosotros. Solo el corcel en el que estábamos quedó en pie porque quedaron tirados en el suelo además era el único qué tenía color, los demás estaban quemados y parecían sangrar en el mismo lugar que Maël recibió el disparo. Paró de dar vueltas y una pequeña escalera se activó para que bajáramos, lo ayudé a Simón y cuando yo iba a bajar me tomó del pie y me llevó a abajo. Pateé varias veces, pero me paralizó los pies.

     Se fue deslizando sobre mí.

     El carrusel volvió a moverse y no podía hacer movimientos bruscos porque podría decapitarme y el temor me congeló el cuerpo por un momento hasta qué escuché la voz de Simón.

    —Amanda toma.

    Pateó el arma, pero quedó a unos centímetros por encima de mi cabeza.

    Intenté estirar el brazo, pero ya estaba llegando a mi vientre y sentía como me iba haciendo daño. Con dolor esperé a qué se acercará más y me mirara fijamente y sin qué se diera cuenta le disparé.

    —! Amanda ¡

    Quedé empapada de sangre y barro. El carrusel paró e hice a un lado el cuerpo para poder moverme y le dije que estaba bien. Se agachó y me aferré a sus manos para salir. Miré por un momento a donde estaba y una sombra la cubrió, pero su ser se despegó y fue arrastrado por lo cual emitió un espantoso grito para luego convertirse en huesos. Salí de abajo y nos abrazamos fuertemente. En ese momento vi a la familia. Maël tenía la mano extendida y en su palma se hallaba la llave. Me aparté de Simón y todo al alrededor era hermoso como una ilusión.

    Agarré la llave.

    —Ahora podremos descansar en paz.

    Volví hacia donde estaba simón y vimos como la llave empezó a deshacerse, así qué nos dimos vuelta y se despidieron para luego alejarse tomados de las manos.

    —Así que eran ellos a los que viste.

    —Sí y consiguieron la paz qué no tenían.

    Me tomó de la mano.

    —Volvamos a casa.

    —¿Cómo llegaste?

    —Después de leer la nota tome un autobús qué me dejó en la mitad del camino y de allí un taxi el cual tuve qué bajar antes porque qué me dijo que no entraría aquí por lo peligroso que era así qué caminé media hora.

    —¿Cómo encontraste la casa?

    —En la computadora vi la casa y anoté la dirección así que fui directo a buscarte a pesar de que me dijiste que no hiciera. Tenía miedo de perderte. Pero ahora estamos a salvo los dos.

    Nos dirigimos hacia el rio en donde se encontraba el automóvil, pero el agua era tan pura y turquesa dando origen al nombre del pueblo, pero al salir todo volvió a la normalidad y la pesadilla llegó a su fin.

 

 

 

 

Consulta la comparativa de eReaders en Español, más completa de internet.

Podría interesarte...

 

 

 

 

 

Obra colectiva del equipo de coordinación ZonaeReader

También en redes sociales :)