Relato 47 - Un suicidio en el bosque

Con todo preparado se da un espacio para apreciar el paisaje de incontable verde profundo, los arboles grandes y frondosos se extendían a lo largo de kilómetros, se escuchaba el sutil silbido de unos pájaros, su canto era relajante, el aire que con delicadeza le rozaba su piel, le daba frescura, sintió paz, aquella que solo un bosque en su inmensidad vacío puede dar, para algunos podía ser aterrador, pero para Antonio era el despido perfecto, para una vida imperfecta. Camino un poco dejando sus cosas atrás para observar una enorme piedra que sobresale de una elevación montañosa, un ruido lo hace reaccionar a su espalda y se queda allí observando unos segundos, pero no escucho nada más. Al poner de nuevo la vista en la roca vio a un hombre en posición de loto y ojos cerrados.

Por la profundidad que se encontraba del bosque, era bastante extraño que se encontrara con alguien, esto no lo había previsto, y ofendido por la persona que había interrumpido su ritual, que preparo con bastante tiempo de antelación. quiso hacerle el favor a esa persona de llevárselo consigo, la idea le generó temor, el silencio del bosque le hacía flotar sus pensamientos más oscuros. Al acercarse un poco el hombre, este por fin abre los ojos, una sensación terrible inundó a Antonio que pensaba abordarlo sin que este se diera cuenta de su presencia, otro plan que le falla.

  • Hola, pensé que me encontraba solo en la zona, no te vi llegar — el hombre seguía mirándolo con gran profundidad. Se vio un atisbo de sorpresa en su rostro cuando Antonio se le dirigió. Quien se para sobre la roca y desde lo alto le responde.

  • Pues ya viste que no lo estás, no te preocupes en unos momentos me iré.  — un silencio incomodo deslumbró entre los árboles que llegaban hasta los tres metros, los pájaros parecían haberse callado, mientras el hombre y Antonio solo se miraban. Hasta que este mira sus brazos horrorizado como dándose cuenta que no ha ido a ninguna parte

  • ¿Me sigues viendo chico?

  • ¿Es una clase de broma o algo?  — le responde tajante Antonio apretando su puño con fuerza preso de la ansiedad de la situación

  • Interesante, pero qué más da, caminaré un poco tu ve y suicídate donde tus lamentos no los escuche, en serio lo agradecería.  — el hombre salta de la roca y comienza a recorrer hacia su derecha. Antonio que quedó frío por el comentario le gritó

  • ¿Cómo sabes lo que he venido hacer?

  • No hay que ser un genio chico, pero te puedo decir que tu muerte no cambiará el mundo en nada, tus problemas seguirán allí, solo que alguien más le hará frente.  — el hombre sonrió y dio la vuelta para seguir su camino. Antonio le siguió unos pasos.

  • ¿Acaso tratas de persuadirme para no hacerlo?

  • O no para nada, creo que no entendiste, le viste lo positivo, eso demuestra cómo estás gritando por alguien que te tiré un ancla, pero créeme no seré yo. Me refería a que tu existencia es tan insignificante, que nada va cambiar el mundo, las personas que te rodean no van a cambiar, no habrá una afectación terrible por tu muerte, es más puede que algunos sientan paz, esa misma que sentiste antes de encontrarme. - Antonio se había quedado sin palabras y solo cayó de rodillas y comenzó a respirar muy fuerte, sus manos temblaban mientras que lagrimas empezabas a brotar, sollozo un rato. cuando volvió a controlarse el hombre ya se había ido.

Volvió al sitio donde tenía amarrada la cuerda que usaría para ahorcarse, pero se sentó apoyado en el árbol a reflexionar un poco, el sol ya se estaba escondiendo. Llego la madrugada cuando tomó la decisión de irse y con los primeros rayos del sol logró salir del bosque, dejó todo allí, diciéndose que volvería otro día a matarse, no le daría la satisfacción a ese sujeto de tener razón. Al llegar a su auto que había estacionado detrás de unos troncos que lo ocultaban fácilmente de la carretera, se encontraba el hombre apoyado.

 

  • ¿No tuviste las agallas eh?  — le dijo con sarcasmo

  • Maldito hijo de puta, aléjate de mi auto — se abalanzó con rabia Antonio. Pero de alguna manera el hombre lo esquivo y Antonio terminó en el piso lleno de barro, el hombre lo miró triunfante, pero le largo la mano para que se parara, Cosa que el rechazo y se paró por su propio peso. Busco las llaves del auto en su bolsillo, y abrió el carro dispuesto a irse, antes de arrancar el hombre se había subido en la parte trasera.

  • Bájate, es enserio

  • Vamos, solo acércame a la ciudad, es lo mínimo que puedes hacer por el hombre que te salvó la vida.  — Antonio reflexionó un poco esas palabras y con desconcierto arrancó, pero la rabia lo volvía a dominar, pero sus palabras no salían, cada cierto tiempo miraba por el espejo retrovisor y el hombre seguía allí, con una sonrisa tan natural.

  • ¿porque dijiste en el bosque que no debería estar viéndote?

  • No te han dicho que preguntas mucho, para lo poco que das — le respondió el hombre

  • ¿Qué quieres de mí?

  • Nada en especial, pero si yo te respondo preguntas, responde las mías igual, me parece justo.

  • Pues adelante

  • ¿Por qué te quieres suicidar?  — le pregunta el hombre acercando su cara

  • Desde que te vi has hablado como si supieras todo de mí, ¿no deberías saber la respuesta a esa pregunta?  — el hombre da rienda suelta a una carcajada jocosa y le responde — por supuesto que lo sé, pero lo que no sé, es la mentira que te dices a ti mismo para este acto de cobardía.  — Antonio para en seco el auto

  • Me canse de ti, bájate de mi carro

  • Tú fuiste el que quería que nos preguntáramos cosas, yo estaba acá callado y juicioso observando el hermoso paisaje que ibas a ensuciar con tu patético espíritu.  — el hombre abre la puerta, pero antes de bajarse le dice.  — chico sin mi este automóvil no pondrá marcha. — bajándose y cerrando la puerta. Antonio mira cómo se aleja unos metros y procede a arrancar, cosa que no hace por más que lo intenta, observa al hombre que ya se había quedado quieto mirando el horizonte donde se podía apreciar toda la ciudad.

  • ¿Qué le hiciste a mi carro?  — le pregunta Antonio al bajarse y dirigirse hacia él.

  • Chico por favor deja esa cara de malo, de valiente, conmigo puedes mostrarte tal cual eres, porque yo veo quien eres realmente, una cucaracha asustada que cree que su realidad es más dura de asimilar que la de cualquiera. Acércate y observa el preludio al desastre — Antonio se sentía ultrajado, ya ninguna palabra más salió de él y con sentimiento de impotencia se acercó con paso lento a ver la ciudad, donde había vivido toda su existencia, pensó en las mujeres a las que amo, a los amigos que perdió, a la familia que aún conserva y añoro cada recuerdo con tanta claridad que cuando se dio cuenta, estaba llorando. El hombre ya no lo miraba parecía que por fin lo iba a dejar en paz. Vio como la parte norte de la ciudad se desvaneció de un momento a otro y como esa secuencia se iba acrecentando, la ciudad estaba siendo devorada desde sus cimientos, un terremoto tal vez, solo pensaba que la tierra se estaba abriendo y devorando todo a su paso.

  • ¿qué está pasando?  — el hombre tenía la mirada puesta en la destrucción y no hizo señal de que iba a responderle o de siquiera le estuviera prestando atención.

  • Señor, que está pasando, le exijo que me responda — Antonio trató de agarrarlo de la camisa, pero su mano lo atravesó, era un ser inmaterial, pasó su mano una y otra vez hasta que este lo miro de nuevo con gran profundidad — ¿ahora me exiges cosas? Antonio retrocedió con terror

  • La razón por la que no debías verme en el bosque, era porque yo no estaba aquí, y esto no existe. Pero la razón por la que me quede es que a pesar de que no estaba aquí y que esto no existe puedes verme y hablarme.  — Antonio no era capaz de pronunciar una palabra, no entendía nada de lo que estaba hablando el hombre

  • Y ya lo entiendo, tu padre en este momento se está tomando un último trago fuerte, antes de llevarse a la mujer con la que lleva ligando toda la noche a un motel, el problema es que, por el estado de ebriedad, se quedará dormido mientras ella se bañaba y cuando salga y lo vea dormido, ella solo se vestirá y se irá. jamás en la vida se volverán a encontrar, esa señora debía ser tu mama, pero ahora no existirás. Por eso todo se está derrumbado a tu alrededor, tu eres solo una probabilidad, un vestigio de la existencia humana

  • ¿Y tú que eres? —pudo pronunciar Antonio mientras a su alrededor todo se volvía polvo y empezaba a sentirse cada vez más débil.

  • Un simple ser que se topó con una probabilidad que no será, y decidí quedarme a ver como es cuando un futuro posible se deshace de raíz.  — Lo último que vio Antonio antes de volverse penumbra fue esa sonrisa, esa macabra sonrisa, que nunca fue.

 

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