En 1935 ya había un lector electrónico.

 

La ilustración que muestra este artilugio, fue publicada en la Revista “Ciencia y Mecánica todos los días” en 1935, que iba dirigido a hacer más cómoda la lectura, instalando el aparato en el salón de nuestra casa.

 

Funcionaría en base a un rollo de microfilm conteniendo libros, que serían retropoyectados en la pantalla frontal, el usuario podría ajustar el foco, la intensidad de la luz, y la posición del aparato en su conjunto. ¡No está mal para ser un dispositivo de casi 80 años atrás!

 

Además como accesorio, todo el conjunto iría fijado a una coqueta lámpara de pie, con la que podríamos decorar adecuadamente nuestro comedor, ignoramos si se podía elegir el color de la tulipa.

 

El microfilm llevaba ya unas cuantas décadas inventado desde un poco más del siglo XIX y fue una tecnología que se fue implantando por grandes empresas para almacenar información de forma reducida, sobre todo los bancos la usaron con frecuencia, hasta el advenimiento de la informática, y todavía hoy en la Biblioteca Nacional de España, es profusamente utilizada para consultar documentos y libros.

 

En la década de los treinta se creía que esta era la tecnología tecnología del futuro para almacenar información, pero ya hemos visto que no fue así.

 

Sin embargo, en 1959 se volvió a la carga sobre el uso doméstico de los microfilm y en el Chicago Sunday Tribune el Sr. Radebaugh, nos proponía una biblioteca electrónica consistente en microfilm proyectados en el techo de nuestro salón, en el que podrían leerse los libros cómodamente tumbados en unos futuristas sillones desde los que podrían manejarse el paso de las páginas y los demás parámetros ajustables del proyector.

 

 

Y todavía hay más predicciones sobre el formato de los libros,  Thomas Edison dijo en 1911 que los libros del futuro se imprimirían en folios de niquel, y predijo que en 2011, ya no habría libros de papel, según explicaba:  "un libro de niquel de dos pulgadas de espesor puede contener  cuarenta mil páginas, el equivalente de un centenar de volúmenes, seis pulgadas de espesor total, sería suficiente para todos los contenidos de la Enciclopedia Británica, y cada volumen pesaría menos. de una libra.”

 

Thomas Edison

 

Fuente: Paleofuture


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