Una Salamanca

 

Bissoni se definía a sí mismo como sinónimo del terror. Sus historias siempre evocaban el más oscuro temor en las mentes de quiénes las escuchaban. Por eso, en ese día de campo, cuando ya había oscurecido, tomó una linterna y comenzó a relatar sus espectaculares leyendas. Todos escuchaban atentos, y es verdad, había que reconocer que el adolescente, a pesar de su arrogancia, poseía el talento para encender el miedo en los demás valiéndose de un tétrico entretejido de palabras. La luna llena era inmensa en aquella noche, provocaba una luz blanquecina que pintaba el lugar con su extraña textura. Sentados alrededor de una fogata estaban Julio Rey, su novia Laura, Juan y Alejandro Bissoni.

 

Durante el día, los jóvenes se divirtieron, escucharon música y cantaron. Antes armaron sus carpas, luego almorzaron. Se habían adentrado en el selvático terreno, aventurándose a la falda de los cerros. Llegaron hasta allí temprano en la mañana, después de viajar más de cinco horas en el automóvil de Juan, y un par de horas caminando hasta encontrar un buen sitio para acampar. No era la primera excursión fuera de la Ciudad para ninguno de ellos, aunque como grupo sí lo era.

 

–Tengo sueño... –dijo la chica, incorporándose–Quiero dormir.

 

–No tengas miedo, son sólo historias –contestó su novio.

 

Juan le dio un pronunciado trago a la botella de licor. Bissoni, con una picaresca risa dibujada en su rostro, se limitó a escuchar sin acotaciones; ya había acotado y no fue para nada agradable, pues enfatizaba la posibilidad de que esas historias fueran ciertas, fueran verdades...

 

–No es eso... Estoy cansada, nada más.

 

Por unos pocos segundos fue como si todo se hubiese detenido. Entonces, se oyó un tenue ruido, como si alguien se acercara hacia ellos. Un helado susto penetró en los jóvenes acampantes, incluso en Bissoni. Y en ese instante, se presentó ante ellos un misterioso personaje. Era un anciano de cabellos y bigote canos, no era alto y su presencia no era de temer.

 

–¡Buenas noches, jóvenes! –saludó el viejo, gesticulando una tonta sonrisa–No se asusten, simplemente iba pasando por el sendero y noté la fogata. Llevo caminando un buen rato..., tuve unos inconvenientes y me agarró la noche.

 

–¿Cómo podemos ayudarle, señor? –quiso saber Bissoni.

 

–Con agua, joven.

 

Laura le sirvió dos vasos de agua al sediento que agradeció. El tipo desprendía simpatía, por eso le invitaron un trago de licor, al que el raro sujeto no pudo resistirse. Pasaron varios minutos. Bissoni presumía de sus atemorizantes relatos. Entonces, el viejo recordó un desafío, y poco a poco empezó a narrar lo que él llamó "Un caso serio y verdadero" del cuál debía desahogarse.

 

«Hace muchos años atrás, cuando yo era joven, fui testigo de lo más terrorífico que me pasó en todos estos años de vivir en el campo e ir y venir entre los montes desolados y desiertos, que al fin y al cabo resultaron no ser tan desiertos. Ese día yo había decidido cortar camino para llegar a la finca en dónde aún trabajo como sereno...

 

Los jóvenes estaban tan concentrados en la voz del anciano que no emitían sonido alguno. Después de una pequeña pausa, continuó:

 

«Como a veinte metros delante mío, pude observar un hueco al borde de una barranca; desde ese pequeño agujero salía una luz de color e intensidad indescriptibles. Había tres tipos hablando ahí, yo me escondí y quedé paralizado por el miedo, ya que se oía una mezcolanza de sonidos que iban desde tono alegre, pasando por excitado hasta de sufrimiento y angustia. Estaba desconcertado, para colmo,dos de los tipos estaban desnudos, y la noche era fría, ¡tan fría que cortaba los huesos! El hombre restante estaba vestido como si fuese un importante gaucho. De repente, el gaucho pituco se trasformó en un horrendo animal negro, una especie de chivo humanoide, uno de los tipos se le acercó y le besó las ancas, el otro corrió lloriqueando, dos metros hizo el pobre, y lo cazó a la altura del cuello una culebra peluda que se lo devoró en un minuto. Sentí la cara como quemada antes de desmayarme, y vi como el tipo desnudo se filtraba por esa pequeña abertura. Me desperté con la primera luz de la madrugada, me volví todo el trayecto y desde entonces no había vuelto a acortar camino por allí... hasta hoy.»

 

–Una salamanca –dijo Bissoni–El viejo asintió con una cobarde expresión

 

–¿Por qué dice que no pasó más por ahí hasta hoy? –quiso saber Julio.

 

–La noche y la luna llena son complementos de ellos, pero ya no puedo temer más. ¡por Dios, ya no! –dijo el anciano y se paró para marcharse; su simpático rostro había cobrado la expresión del susto. Y se alejó, cómo perdido, como desorientado.

 

–Que tipo raro –dijo la mujer con cierto miedo

 

–No pasa nada –contestó Juan–está loco, senil, que se yo...

 

–¿Una salamanca por aquí? No creo, no creo...

 

El anciano había dejado un verdadero miedo en el aire; mientras contó su historia se oía tan sincero y tan asustado que estremeció a los muchachos. Por consiguiente fue que se suscitaron actos totalmente absurdos, típicos del pánico: las llamas de la fogata prendían y apagaban repentinamente, se oía el relinchar de supuestos caballos, ruidos metálicos, chillidos inclasificables... Tal vez, eran sólamente sus mentes jugando una mala pasada, pero el temor adensó el aire; ese viaje de recreación se transformó en unhorror claustrofóbico sin explicación.

Pasaron treinta o cuarenta minutos cuando decidieron irse... escapar; absolutamente presas de un pánico latente. Según Bissoni, nadie puede conocer la Salamanca, exceptuando a los iniciados, y ellos ahora lo sabían. Pero, nunca se preguntaron quién o quiénes sabían que ellos sabían. Sin embargo, optaron por dejar todas sus pertenencias y partir únicamente con un par de linternas.

 

–Vamos, vamos, por acá –dijo Rey. El auto está a dos o tres kilómetros.

 

–Llamá a la policía, amor.

 

–No seas tonta, Laura ¿qué le vas a decir? –Contestó Bissoni– ¿Estamos escapando del escondite del diablo antes de que se enteré que lo descubrimos...?

 

La muchacha intentó comunicarse con su teléfono móvil, pero el aparato no recibía señal.

 

–¡Calláte, mierda! Es culpa tuya todo –gritó Juan, visiblemente irisado.

 

–¡Basta! Todos estamos asustados, mañana cuando nos acordemos nos vamos a reír avergonzados.

 

Las palabras de Julio Rey habían tranquilizado los ánimos del grupo, pero no el temor. Así caminaron durante una hora, en profundo silencio; todo ruido que sentían era extraño e inexplicable, y ajeno a ellos.

 

–¿Escuchan eso, o no? –gritó finalmente Juan–¿qué mierda está pasando?

 

Laura rompió en llanto, Julio la rodeó con los brazos, ella apoyó la cabeza en el pecho de su novio. Los cuatro adolescentes estaban experimentando un ataque bélico de pánico, y lo que lo magnificaba era el hecho de que sea colectivo.

 

Escucharon gritos y sonidos tétricos, como una reunión descontrolada en la que daba igual sufrir o festejar. Un cuervo chilló ante la mirada atónita de los jóvenes, el pájaro se posó en las ramas de un gran árbol. Sin saberlo, iban rumbo al mismísimo sitio de donde pretendían escapar.

 

–Ya queda poco, vamos –dijo Bissoni, alentando a sus compañeros.

 

De repente, el cuervo se agigantó y por unos segundos tuvo dos metros de altura, chilló tan fuerte el espantajo que Laura se desmayó, Julio corrió a socorrerla, superando el temor. Juan, que estaba totalmente ebrio, dejó caer la botella de licor en el momento que unas figuras indefinidas se materializaban en el aire y se abalanzaban amenazantes. Bissoni, corrió en dirección contraria, guiado por un impulso que ponía en evidencia su cobardía innata. Corrió y corrió sin parar y sin dirección fija, simplemente escapó hacia cualquier lugar alejado.

 

Bissoni estaba tan agitado por la inusitada carrera que cayó al piso y balbuceó. Mientras lloraba infantilmente, alcanzó a ver una vieja casa.«Tal vez sea la finca donde trabaja el viejo ese»se dijo. En su mente habló una voz que le recordó que nadie puede saber la ubicación de la Salamanca sin ser un satánico.

¿Por qué nos contó eso ese viejo de mierda? Ahora nos condenó y se condenó el mismo. ¿O será que el destino ya estaba marcado?

 

Se aproximó al lugar, había luz en el pórtico de la casa. Llamó a la puerta en varias ocasiones sin respuesta. Del interior de la casa salía el sonido de una canción de música folklórica:

 

«Con la diabla en las ancas Mandinga llegó

azufrando la noche lunar

desmontó del caballo y el baile empezó

con la cola marcando el compás.»

 

Bissoni abrió la puerta para ingresar al inmueble. El temeroso jovencito vivía una pesadilla consciente. Cuando ingresó a la sala principal vio al anciano... El cadáver estaba atravesado por un rastrillo a la altura del pecho y se encontraba suspendido por arriba de la mesada de la chimenea; sus ojos le saltaban de la cara y la sangre aún goteaba encharcando la alfombra; una botella de vidrio, cortada uniformemente, se clavaba en la coronilla del anciano. Un gran ventanal dejaba que la azulada noche entre en plenitud, conjugándose con las llamas de la chimenea que ardían y provocaban sombras alargadas y macabras. A  Bissoni se le nubló la vista, el terror subió otro escalón más en su mente, cayó de rodillas y se echó a un lado para vomitar.

 

La música subió de volumen repentinamente.

 

«Socavón donde el alba muere al salir

Salamanca del cerro natal

en las noches de luna se suele sentir

a Mandinga y los diablos cantar.»

 

Entonces, tambaleándose, se dirigió hacia una de las habitaciones de la casa, buscando refugio. Sentados en círculo, unos extraños seres de piel morada y dientes en punta, practicaron un singular alarido al verlo entrar. A un costado se erguía una especie de altar con extraños dibujos, totalmente manchado con sangre.

 

El muchacho emitió un grito raro, un grito de espanto genuino. Los ojos se le desorbitaron; una histeria totalmente consumada se había apoderado de todos sus movimientos; su consciencia se lanzó al precipicio, sumiéndolo en la más profunda evasión psicológica.

 

 

FIN.-

Consulta la comparativa de eReaders en Español, más completa de internet.

Podría interesarte...

También en redes sociales :)

 
 

Error. Page cannot be displayed. Please contact your service provider for more details. (17)