Relato 55 - El Juicio
El Juicio
Era la primera vez que Noler visitaba una mazmorra sin el temor a quedarse una buena temporada en ella. Mientras caminaba con paso resuelto no podía evitar contemplar de reojo a los desdichados inquilinos de la misma. Allí abajo había toda clase de criminales que, además, seguramente también habrían hecho de todo. Casi se sentía como en casa.
-Sí que se toman en serio las ordenanzas en esta ciudad. –musitó este para si mismo.
Noler no era un experto en nada pero sí sabía lo suficiente de casi todo como para reconocer un hechizo de silencio, de campo de fuerza e incluso de desánimo todo mezclado con excelente caligrafía y engastado en las piedras de las puertas de la mazmorra para mantener a los prisioneros lo más contenidos posible. En su opinión aquello era inhumano. No había nada como medir los gritos de desesperación de los compañeros de celda para saber que la situación de uno no era tan grave como la pensaba. Paladeando esos pensamientos y casi sin querer Noler encontró la celda que buscaba: era la única que estaba custodiada por dos guardias armados que adornaban su porte con sendas alabardas de peligroso aspecto y rostros de pocos amigos.
-Quiero ver a la prisionera -pidió Noler con amabilidad bajo la sombra de las armas.
-¿Y con qué autoridad requerís tal cosa?
Noler se quedó perplejo por los modales del guarda que había hablado. Normalmente todos los que acaban ahí abajo es porque no saben decir correctamente “mazmorra”. Y no era broma. Era una prueba estándar en muchos reinos del sur. Entonces Noler, lejos de amedrentarse y salir de allí a toda prisa, rebuscó despreocupado en la pequeña bolsa de su cintura y extrajo un emblema real con el símbolo de un cuervo con un ala rota.
-Ruego nos disculpe. No sabía que pertenecía a la casa de…
-¡Ni pertenezco! Pero hoy tengo el dudoso honor de representarlos. Ahora me gustaría tener una pequeña charla con la prisionera. ¿A cuánto está el anonimato estos días?
-¿Disculpad?
- ¿Qué cuanto he de daros a ti y a aquí al silencioso de tu compañero para que nos dejéis a solas un rato? Os prometo que no pretendo orquestar una fuga. No es mi estilo.
Entonces el guarda hizo una reverencia y al hacerlo su compañero se desvaneció en el aire. Noler enarcó una ceja. No se había percatado que el guarda también estaba bajo un hechizo de sombra corpórea. La mejor manera de tener dos guardas por el precio de uno. En cuanto su bolsa se volvió más liviana y la sonrisa del guardia más amplia este le permitió entrar en la celda y al momento se vio envuelto por la más absoluta oscuridad.
-Caramba, ¿Noche eterna también? Veo que habéis molestado a gente muy poderosa...
Las palabras iban dedicadas a una cautiva a la que la oscuridad ocultaba con inquietante eficacia. Cargado de paciencia Noler esperó una respuesta, pero lo único que recibió fue una respiración entrecortada que provenía de su derecha. Al momento este comenzó a sentir la opresión de los hechizos que pesaban sobre la celda y decidió actuar antes de que la desesperación le hiciera la mella suficiente como para empezar a querer acurrucarse en una esquina y llorar por un pedazo de pan hasta el día de su muerte. Echó mano a la caña de su bota donde había guardado un caro pero harto útil amuleto de protección y en cuanto lo alzó una bondadosa luz azulada disipó los hechizos al instante. Su efecto no dudaría demasiado, aunque sí lo necesario para encontrar que apoyada contra la pared, sentada a horcajadas y con la cabeza entre las rodillas había una muchacha menuda que Noler dudaba hubiese llegado a la veintena. O fuese a llegar vista su situación. Estaba famélica y su rostro, consumido, no le ofreció ninguna pista de si en algún momento fue bello o uno del montón. Sin embargo sus ojos oscuros si la destacaban. Unos que indicaban que, a pesar de todo, se negaban a rendirse aún.
-¿Quién sois? –la pregunta de la cautiva le llegó como un susurro lánguido a Noler.
-Robert Noler. Mercenario al servicio de la casa de Temperley y, ahora, al vuestro.
La muchacha se levantó con dificultad y se acercó a Noler para observarle mejor aunque comprobó con desagrado que apenas había nada reseñable en él. Cicatrices esparcidas por el destino en su rostro y cuerpo, unas orejas algo puntiagudas que delataban que algún familiar lejano había tenido “relaciones amistosas” con un elfo, aunque de ello hiciese tanto tiempo que no podía aplicársele el “semi” a su especie. Noler lo prefería así. Para él era mejor ser un humano completo que la mitad de lo que fuera.
-¿A qué ha venido? –quiso saber ella cuando sació su curiosidad.
-Tengo la intención de defenderla en el juicio que va a celebrarse contra vos.
Aquellas palabras le arrancaron una risa ronca y seca a la muchacha que al momento fue presa de un acceso de tos. Noler se apresuró a ofrecerle un poco del agua de su odre que ella aceptó aunque, en contra de lo que su estado indicaba, solo bebió un pequeño sorbo.
-Si se bebe mucho de golpe más tarde el deseo de agua se duplica y con él, el sufrimiento –explicó esta ante la mirada estupefacta del mercenario.
-Lo tendré el cuenta lady…
-Erika. Y ni soy lady ni dama ni nada por el estilo. Sólo Erika.
-¿Supongo que sus padres tendrían un apellido? –preguntó Noler mesándose la barbilla.
-Si lo tuvieron de seguro acabaron entregándolo junto con algún diezmo –respondió ella llena de amargura -.Murieron antes de poder darme siquiera algo de cariño.
Erika volvió entonces a sentarse mientras Noler cerraba su odre, sacudía el suelo junto a la muchacha levantando una gran cantidad de polvo y se asentaba junto a ella. Al momento se percató que la pared no ofrecía una postura cómoda al que se apoyaba en ella. No supo si era obra de un hechizo o de un constructor endiabladamente cruel.
-Bien Erika sin apellido, aunque para abreviar creo que os llamaré simplemente Erika, ¿Os parece? No contestéis, es obvio que os habéis llamado así toda la vida. Bien, el asunto que me trae hasta vos es que, al parecer, habéis cometido una grave felonía...
-Muchas palabras para explicar algo sencillo –repuso ella malhumorada.
-Temo que es uno de mis muchos defectos –reconoció Noler tratando de arrancar una sonrisa imposible de la muchacha. -.Pero por una criatura tan risueña como vos trataré de ser simple. Y no hay nada más simple que un comienzo. ¿Pudiera saber el vuestro?
-Mi comienzo y mi final son el mismo: La ciencia.
Noler quedó sorprendido ante la mención de aquella desconocida palabra. Aunque deducía por la situación que debía ser algo gravísimo. Tal vez fuese alguna forma nueva de Nigromancia. Una que hiciera a los zombis aún más asquerosos. Todo podía ser.
-¿Y en qué consiste esa “ciencia”?
-Consiste en hacer lo que hace la magia… pero sin magia. Tan simple como eso.
Y tan grave. Al menos en aquella parte del mundo donde los que tenían el don de la magia dominaban y los que no, sobrevivían. Y Noler era un superviviente nato.
-¿Así que se trata de un caso de intrusismo? Creo que no será sencillo salir de esta.
-¡Nada de intrusismo! –se quejó ella por primera vez alzando la voz con rabia -.Lo que he hecho ha sido salvarle la vida a alguien con mis propios métodos, nada más.
-¿Y a quién salvasteis la vida exactamente? –preguntó Noler. –Temo que vengo tan a ciegas como es posible para embarcarse en esta empresa Erika.
-A John…-se interrumpió llena de vergüenza y rubor. -Al hijo del barón Temperley.
Ahora estaba todo medianamente claro para Noler. Lo único que no sabía era cómo iba a defenderla ante un tribunal compuesto únicamente por magos y que, por lo que tenía entendido, ya estaban encendiendo una buena hoguera para aplicar la pena capital.
La mañana siguiente amaneció soleada, como casi todas. Los magos se encargaban de ello. De que la brisa fuese refrescante y el hedor de las reses de los campos cercanos no hediesen la parte alta de la ciudad. La misma que estaba abarrotada por el juicio que estaba por celebrarse. Erika llegó al estrado colocado en el centro mismo de la ciudad dentro de una humillante jaula de madera que arrastraba un más que evidente enfermo asno. Todo el que podía hacer el más simple hechizo la miraba con odio y rabia. Los que no, simplemente la miraban con pena. La única mirada que conservaba algo de esperanza era la de Noler. E incluso esa estaba flaqueando ante aquel adverso ambiente.
Reinhart Jerken, envuelto en sus elegantes ropas de terciopelo que se ajustaban al milímetro a su esbelta figura, iba a ser el encargado de la acusación. Había aparecido de la nada causando la sorpresa de todos los presentes, magos incluidos, pues sabían que la traslación instantánea constaba dentro de la alta magia. Noler por el contrario, vestido con la misma ropa con la que había dormido, hubo de hacerse hueco entre la gente a empellones para acercarse a la desproporcionadamente vigilada Erika.
-Temperley os envía sus mejores deseos –le comunicó cuando convenció a los guardias, dos elementales de fuego, de que como defensor tenía derecho a hablar con la acusada.
-Podía haberme enviado una daga y así haberme ahorrado esta humillación.
-Dudo que ese sea su deseo Erika. De no ser así, ¿Por qué me habría contratado?
-Porque sois un mercenario independiente, al que nadie conoce en esta ciudad y al que todos olvidarán en cuanto esto acabe. A la que no olvidarán será a mí.
-Procuraremos que os recuerden por algo que no sea vuestra capacidad de combustión…
-Guardaos vuestras promesas. Estoy aquí para decir la verdad. El resto es cosa vuestra.
Y bien que lo sabía él. Buscó entre la multitud el palco de honor donde la familia Temperley se sentaba. El Duque, con rostro serio, devolvía saludos a cuantos magos de alta categoría se acercaban allí a saludarlo a sabiendas que lo hacían más para inflingirle una burla personal que como acto de deferencia. De su hijo no había ni rastro. Noler arrugó el gesto ante la cobardía del benjamín y la sabiduría del padre. Aquel hombre había ganado su posición en un mundo de magia con el nivel más bajo jamás conocido. A base de espada y trabajo más que de bolas de fuego. Y sabía que los magos lo mantenían ahí más como gracia que como reconocimiento. Por eso no quería alimentar los rumores y sí su honesta posición. Noler le reconoció eso. Aunque como cada empresa en la que se veía envuelto no habría despreciado algo más de ayuda. De improviso una llamarada espectral inundó el cielo haciendo saber a todos que el juicio estaba por comenzar. Noler se ajustó su espada al cinto, símbolo de su condición no mágica, y se acercó a su parte del estrado. En el otro extremo se encontraba Reinhart charlando abierta y amistosamente con el juez, que no era más que un amable anciano de barbas lampiñas y mirada de niño que asentía con media sonrisa cada chascarrillo con medida gracia que salía de la petulante voz de la acusación. Noler sintió una brisa de esperanza al verlo. Aquel era Duran Lether. El mago eterno. El hombre que había nacido con nada y que, si en algún momento caía, lo haría habiendo alcanzado todas las metas posibles. Un vivo ejemplo que con tesón y esfuerzo todo se podía conseguir.
-Todo siempre que sepas convocar un dragón de la nada –gruñó para sus adentros Noler mientras le devolvía el saludo de cortesía que este le ofreció tras despachar a Reinhart.
Y aún así el mercenario sabía que aquel mago era lo más imparcial que encontraría en esa ciudad para juzgar un caso tan peculiar y peligroso como el de Erika.
-¡Estimados amigos! –saludo a todos Duran levantándose de su mullido sillón -¡Os agradezco vuestra presencia hoy aquí para estudiar las faltas de una de nuestras vecinas!
-¿Estudiar las faltas? –Noler escuchó el sarcasmo con el que Erika escupió entre barrotes cada palabra –.Bonito eufemismo para ejecución.
-No soy persona dada a dar consejos… –musitó por lo bajo el mercenario a sabiendas que había tantos hechizos auditivos sobre ellos que ni una palabra quedaría en privado -pero por vos haré una excepción: Dejad a los demás que os juzguen y no lo hagáis vos.
La muchacha se quedó estupefacta. No había sospechado en momento alguno que aquel hombre fuese algo más de lo que mostraba. Sin embargo cuando los vivarachos ojos del mercenario se tornaron resueltas y oscuras piedras como la noche, supo que se había equivocado. Por desgracia su tiempo de equivocarse, y de casi todo, se acababa.
-Bien ¿Le gustaría exponer a la acusación las faltas de Erika?
-Con sumo placer su magnificencia –exclamó un pomposo Reinhart al tiempo que hacía aparecer en su mano su báculo de mago hecho de simple madera de tejo.
Al parecer en algún momento aquel hombre no había sido más que un novicio que apenas podría conjurar un resfriado, pensó Noler algo divertido de ver cuan rápido se olvida la humildad y cuan deprisa se aprende la soberbia.
-Los hechos no pueden ser más simples y, al tiempo, más terribles. La acusada –declinó deliberadamente nombrarla. –ha cometido uno de los crímenes más abominables que existen. Ha traído de vuelta a la vida a un hombre. Y lo más grave del asunto es que se ha atrevido a hacerlo sin utilizar ningún medio mágico a su alcance.
Una brisa de murmullos creció hasta convertirse en una tormenta de acusaciones que tomó la plaza por completo. Reinhart no pudo refrenar su sonrisa de triunfo por haber causado aquella reacción. Saboreaba el sonido de su propia voz tanto como la victoria que estaba gestando sin apenas esfuerzo.
-¿Tal cosa es cierta? –intervino el magistrado al tiempo trasladando su atención a Noler.
-Las palabras se adecuan a los hechos a la perfección su señoría –reconoció Noler causando otra ola de conmoción generalizada -.Aunque no me atrevería a resumir algo tan formidable con tan escuetas palabras. No sería justo para con la verdad. Y aquí es lo que, en la mayoría de los casos, se busca alcanzar ¿No es cierto?
-Tal es siempre el fin último de este tipo de encuentros. Igual que el de la magia misma. Sin la verdad no seríamos más que los bárbaros que una vez fuimos y que, para desgracia de todos, estamos siempre a un paso de volver a ser. Y créame cuando os digo que sé de lo que hablo. Yo estuve ahí cuando tiempos y hombres eran oscuros.
Las palabras de Duran lograron traer una quietud relativa a la plaza y algo de esperanza a Noler. Sin embargo no se dejó engañar por esa ilusión pues tras él no había mago alguno que no desease ya tomarse la justicia por su mano y calcinar a Erika allí mismo.
-¿Se me permite relatar los hechos tal y como la acusada afirma que sucedieron?
-Se os permite defensor –accedió Duran con una sonrisa pícara -.Pero tened cuidado con afirmar que son verdades absolutas pues la certeza tiende a doblarse ante la voluntad y la necesidad humana.
-¿Ese viejo me está llamando mentirosa, Noler? –preguntó Erika al instante –.Si cree que miento que me lance uno de sus hechizos y sabrá que todo lo que afirmo es la verdad. Si tiene valor de escuchar lo que tengo que decir que lo haga.
-Ese hechizo os haría decir la verdad, pero no mitigará de vuestras palabras el sarcasmo y el dolor. Además será mejor que hable yo. Creo que sé lo que tengo que decir y cómo decirlo –le dijo nada más abandonar su pequeño estrado.
Sabía que tenía pocas posibilidades de causar el efecto que pretendía, pero lo único que tenía que perder era algo que ya estaba perdido, y era la frágil vida de Erika.
-Hasta ayer no conocía a esta mujer. En eso todos los presentes me llevan ventaja. Por eso estoy seguro que ya sabrán, igual que yo, que la magia no habita en su interior –esperó a que unos cuantos valientes asintieran antes de seguir con su exposición -.Aunque eso no resulta ser del todo cierto. Esta mujer sí que tiene magia en su interior. Sólo que no es de la que es capaz de derribar un trasgo o disipar las tinieblas en una noche oscura. La magia que posee es la misma que podrían poseer todos los aquí presentes, magos y no magos. Y esa es la magia de la imaginación.
-¿Está tratando de llamarnos estúpidos defensor? –inquirió Reinhart ofendido.
-En absoluto –“sólo a ti” pensó para sí Noler antes de proseguir -.La estupidez y la imaginación en nada se asemejan. Por ponerles un ejemplo que no les resulte ofensivo en modo alguno mírenme a mí. Estoy aquí ante ustedes sabedor de que, haga lo que haga y diga lo que diga, este jurado va a acabar con la vida de esta muchacha. Y no porque sea culpable de lo que se le acusa, que lo es… -entonces todo el mundo comenzó a gritar. Algunos presa de la sorpresa, otros de pura malicia. Noler alzó los brazos tratando inútilmente de calmarlos para poder continuar, pero hasta que Duran no hizo un movimiento y una onda invisible golpeó a toda la audiencia dejándola inmóvil no lo consiguió -.Se lo agradezco su señoría. Ha sido muy amable. Temo que, al contrario de la acusación, poseo los medios justos para hacerme oír. Pero como les iba diciendo, es muy cierto que Erika es culpable de haberle salvado la vida a un hombre cuando la razón ya había dictaminado que esta había llegado a su fin. O mejor dicho, las leyes mágicas habían dictaminado que ninguna fuerza ya podía librar a ese hombre de su fatídico destino. Por eso mismo me gustaría resaltar que el problema aquí subyacente es que no se ha infringido ninguna ley mágica. De hecho no se ha inflingido ley alguna.
-¿Dónde quiere llegar, defensor? –preguntó sinceramente intrigado Duran.
-Quiero llegar a que algo nuevo se está gestando. Algo que, mal gestionado, podría traer de nuevo los días oscuros. Algo que se ha tratado de evitar desde que las gentes no mágicas se sublevaron contra la tiranía de los altos magos que acabaron endiosados en su propio torrente de poder. Y esto no es otro que a un progreso alternativo a la magia…
Por primera vez la red mágica que aislaba a los integrantes del juicio se debilitó ante la oleada conjunta de hostilidad abierta de todos y cuanto poseían poderes mágicos en aquel lugar y Noler pudo sentir que estaba a punto de convertirse en el siguiente que caminase hacia el cadalso. Aunque también pudo sentir la agradable e inesperada admiración de Erika. Noler le sonrió deseando que aquellos sentimientos fuesen a prueba de rayos de energía pero ya que había comenzado a forjar un sendero que no aceptaba más que ir hacia delante. Y eso estaba por hacer por el bien de los dos.
-Los días oscuros fueron un error por parte de ambos bandos y eso todos lo sabemos. Pero lo que va a suceder aquí hoy resultará un error igual a los que se cometieron en aquellos tiempos. Y por desgracia sentará un precedente peligroso para todos porque si ejecutan a esta muchacha, los magos dirán nuevamente alto y claro que todo camino que no sea el de la magia no será correcto ni tolerado. Y todo será porque alguien ejecutó el gesto más noble y tierno que se puede realizar y que no es más simple y a la vez más complicado que salvar la vida al hombre amado arrebatándoselo a la cruel muerte.
El propio Duran no pudo sostener por más tiempo el hechizo de silencio y en ese instante todas las voces jaspearon al mismo tiempo. Aunque también se cuidaron de pronunciar palabra alguna hasta que aquel amable anciano concediese su permiso.
-¿No cree que está exagerando? –inquirió el magistrado con solemnidad.
-¿Exageraré cuando los simples no magos podamos abatir a un dragón mezclando polvo y fuego? ¿Exageraré cuando podamos curar enfermedades contra las que la magia nada ha podido nunca? ¿Exageraré cuando pidamos de nuevo la igualdad plena para todos?
Todo el mundo se quedó mudo cuando Noler dejó su estamento final en el aire. A la audiencia se le acababa de dar mucho acerca de lo que reflexionar. Y por una vez en mucho tiempo magos y no magos compartieron líneas comunes.
-No estamos aquí para juzgar supuestos, defensor, sino la verdad -le advirtió Duran con gravedad -.Así que si pudiese centrarse únicamente en los hechos que nos han traído aquí y no aventurarse en lo que nos depara el futuro lejano sería más que de agradecer.
-Lo que sucedió no fue más que amor. Puro y sincero entre esta bella dama y el hijo del conde Temperley. El día de los hechos ambos se encontraban disfrutando de su compañía mutua -un grito ahogado de escándalo llegó cual bálsamo a oídos de Noler que reprimió una sonrisa pues conseguido inflamar a las almas románticas y rebeldes al mismo tiempo -.Cuando un mago desconocido y, probablemente, celoso de las antiguas tradiciones que ven con malos ojos la confraternización de lazos de sangre mágica con nosotros, los simples mortales, conjuró un rayo con la intención de acabar con tal amor. Fue el hijo del barón Temperley en el último momento el que se sacrificó y recibió el envite por su amada. Pero esta no hizo lo que se espera de nosotros. Ella luchó contra la muerte y lo trajo de vuelta usando sus propios métodos.
-¿Y qué métodos son esos? -Noler fue a contestar rápidamente pero Reinhart, que había formulado la pregunta, hizo un gesto con el dedo -.No. Creo que todos los presentes estarán más que interesados en que contestase la propia acusada a la que ha arrebatado la voz durante todo este proceso.
El mercenario la miró de reojo y le hizo un gesto con la cabeza otorgándole permiso. Su momento de confiar había llegado y sólo esperaba que Erika hubiese estado todo aquel tiempo remando en su misma dirección o ambos se hundirían al momento.
-Todos los seres humanos, magos o no, nos regimos por los mismos principios básicos –comenzó a decir esta mientras sus manos se crispaban de rabia apretando los barrotes de su injusta celda -.Si nuestro corazón se detiene: morimos. Si nuestros pulmones no bombean oxígeno: morimos. Así que únicamente hice que esas dos cosas que se habían detenido en John volviesen a ponerse en marcha. Los seres humanos somos un ciclo en sí mismo. Si no lo seguimos perecemos. Y si no lo entendemos más nos valdría estarlo.
-¿Cómo? –volvió a la carga Reinhart apuntándola con su cayado -¿De qué artes os servisteis para tal cosa, vos que únicamente poseéis la gracia de la vida?
-De mis manos y mi aliento -contestó al tiempo que le dedicaba una mirada de odio a su acusador -.Igual que hago cuando ayudo a traer al mundo a mis terneros. Si estos nacen y no respiran yo les insuflo mi aliento. Si no les late el corazón se los masajeo hasta que vuelve a latir. Dudo que vos podáis entenderlo ya que podéis animar lo imposible con vuestras artes, pero para el resto de los mortales a los que la comida hemos de arrancársela al campo y no al aire como podéis hacer vos es algo tan sencillo de aceptar como de soportar.
-¿Está diciendo que no somos más que meros animales? ¿A nosotros que somos capaces de construir ciudades que flotan en el aire o domar a los más fieros elementales?
-Pues sí. Somos bastante parecidos a los animales. Y algunas personas más que otras -siguió Erika arrancando una carcajada de la multitud -.En mi humilde opinión los problemas suelen presentarse cuando nos empeñamos en creernos mucho más que eso.
El insulto dolió. Y mucho. En especial a un Reinhart al que todo aquello había exasperado más allá de lo concebible y que ya no encontró fuerzas para contenerse más. Casi escapando de su voluntad poderosas palabras mágicas escaparon de su boca y un torrente mágico se concentró en su bastón del que emergió un poderoso rayo de luz que voló raudo hacia Erika. Ni siquiera Duran pudo prever tal salida de tono de aquel reputado mago pero Noler si que andaba preparado. Desenvainó y a medio camino entre la valentía y la estupidez se interpuso en el camino de aquel haz de luz la espada levantada. El rayo impactó en la hoja con violencia quebrándola en mil pedazos y lanzando al mercenario al suelo. La sorpresa general fue mayúscula e incluso hubo guardias que fueron a prender a Reinhart. Pero de nuevo la intervención de Duran y, sobre todo, la de un magullado y herido Noler al levantarse renqueante consiguieron que la cosa no pasase a mayores.
-¡Ya basta! -gritó Duran cuya voz resonó en el último rincón del reino -¡Esto ha ido demasiado lejos!
Entonces aquel anciano pareció tornarse en algo totalmente diferente y peligroso. Alzó su mano hacia un arrepentido y aterrorizado Reinhart y su báculo salió despedido de sus manos. Este se alzó ante toda las estupefactas miradas de la numerosa audiencia, flotó justo sobre la jaula donde Erika todavía se acurrucaba sobre sí misma presa del miedo del hechizo que había estado destinado a acabar con su vida y de pronto un ruido sordo encogió el corazón de todos los presentes. El bastón de Reinhart se rompió en dos y un cegador resplandor de energía liberada e incontrolada cegó a todos al tiempo que el dueño del mismo gritaba de agonía.
-Espero que haya podido comprobar, señor defensor, que en este reino no se hacen distinciones entre magos y no magos. Que si se comete un crimen, se obtiene un castigo proporcional –dijo Duran volviendo a sentarse aunque aquella aura de atronador poder aún seguía envolviéndolo -.Lamento mucho lo que ha sucedido aunque intuyo que el señor Reinhart lo lamenta más que ninguno. Sopesada la situación y sin desear que esta situación que se ha tornado en algo desagradable y casi incontrolable me veo obligado a tomar yo mismo a dictaminar un veredicto. Y encuentro a la señorita Erika...
La hoguera era tan grande que incluso desde las afueras de la ciudad podía contemplarse perfectamente. Desde allí precisamente era desde donde la contemplaba un abatido y cansado Noler con un nudo en el estómago.
-Lo lamento muchísimo Erika -susurró cabizbajo el mercenario que, sin embargo, no podía apartar la mirada de las llamas.
Sin embargo aquel hombre derrotado no se encontraba sólo en aquella planicie.
-No lo sentáis demasiado. Fuisteis vos el que me confirmó que la batalla estaba perdida de antemano.
Aquellas palabras hicieron aflorar una tenue sonrisa en el rostro del mercenario y que se propagó a la exultante Erika que se encontraba a su lado. Sin embargo otra sombra más contemplaba los resultados de aquella sentencia desde la distancia.
-Ojalá las cosas hubiesen podido resultar de manera distinta -se disculpó Duran mientras posaba su mano en el hombro de la muchacha -¿No os resulta incómodo veros arder?
-No soy yo la que está ardiendo viejo –le dedicó esta junto con una mirada pícara y algo resentida -.Yo estoy aquí. Y no esa que se retuerce de dolor de manera dramática y que espero que tarden en olvidar esa jauría de magos sedientos de sangre y justicia.
Y era cierto que la que alimentaba las llamas no era la verdadera Erika. La que bailaba la danza final del fuego era una ilusión. Una muy buena. Indetectable. Una que sólo podían conjurar hombres del talento de Duran. El mismo que sonreía tímidamente ante aquella demostración de un talento que nunca había perdido.
-¿Por qué? -quiso saber al final Noler.
-Porque no era justo. Aunque tampoco era verdad... ¿Cierto? -le guiñó el ojo el mago a Erika -¿Qué fue lo que sucedió ese día? Y esto lo pregunto como viejo curioso, no como magistrado.
Erika suspiró y se apoyó contra el tronco de un árbol cercano. La brisa del campo le había devuelto las fuerzas más rápidamente de lo que podía haberse imaginado nunca.
-Lo que sucedió fue que aquella noche se desató una tormenta que vuestros magos encargados del clima no supieron atajar a tiempo y mientras yo trataba de reunir a mi rebaño me encontré por casualidad con el estúpido inconsciente de John Temperley que había ido al bosque a cazar lobos salvajes… O a espiarme como llevaba haciendo desde hacía tiempo. No sé por que se había encaprichado conmigo pero yo no estaba en posición de corresponderle por más que el insistía. Sin embargo mientras me insistía que dejase a mi rebaño y buscase refugio de improviso su caballo se encabritó para no arrollar a una de mis ovejas y en ese momento un rayo le abatió. Yo me quedé estupefacta. Nunca había visto a nadie ser alcanzado por un relámpago. Supe que John estaba muerto antes de acercarme pues su esencia mágica le abandonó como una chispa que se extingue antes de que le tocara. Sabía que me iba a meter en un problema si le ayudaba pero... pero no podía dejarle morir así. Mago o no era una persona. Así que hice lo que debía hacer.
-¿Así que no fue ningún acto de amor puro, Noler?
-Las historias de amor conmueven a la audiencia. Aunque reconozco que tal vez exageré y adorné esta más de lo debido -el mercenario le dedicó una reverencia al anciano mago -.Pero al final ha resultado, ¿No? Sin embargo hay algo que sigo sin entender… ¿Por qué tuvo que declararla culpable?
-Porque todos tenemos deberes, mi atrevido mercenario. Y el mío es impartir justicia. Y la justicia actual dictamina que lo que hizo está prohibido.
-Pues no debería -replicó Erika -.La medicina es tan útil o más que la magia para ayudar a los demás.
-¿Y esa medicina de la que hablas es parte de tu "ciencia"? -Duran recibió un asentimiento como respuesta de Erika antes de dirigirse a Noler -Y decidme vos, ¿Es cierto que existen los ingenios de los que hablasteis en el juicio? ¿Que hay poderes que ensombrecen a la magia?
-Hoy tan sólo son palabras, pero mañana, ¿Quién sabe? La imaginación es el único límite que nos retiene a nosotros. A vos sólo os contiene el poder.
Entonces Noler le hizo un gesto a Erika para marcharse. Esta le siguió no sin antes escuchar en el viento las últimas palabras del anciano mago.
-Estoy impaciente por ver cómo llega ese día Noler...
Y era cierto que lo estaba. Había vivido tantos cambios en su larga vida que le intrigaba profundamente si había alguno en el horizonte capaz de hacer la vida más sencilla. La vida de todos.