Relato 50 - Un cuadro de flores secas

 

«Puedo hacerlo», pensó Rafael, mientras trataba de mover una margarita entre las decenas de flores secas que ocupaban el fondo del marco de Ikea«He de concentrarme», consideró abstraído, y descubrió cómo sus esfuerzos provocaban al fin un leve desplazamiento de la flor en el cuadro. Sin duda, el hábito de practicar en vida meditación le había dotado de la destreza necesaria para que la tarea resultara posible. 

Pese a las dificultades del cambio, le sorprendían la calma y empeño con los que perseguía propósitos que demostraran su profundo amor, y que solamente unas semanas atrás no habría siquiera considerado. Cosa distinta era el frío, que notaba crecer con el paso de los días, y que odiaba desde que sintió su mordedura al precipitarse en las gélidas aguas de un lago cercano a Reikiavik, tras un desafortunado accidente durante las vacaciones. «Es como si viniera empujando de adentro», se decía al comprobar la perdida de calor en su organismo.   

«Tan observadora para sus cosas, tan sensible e intuitiva¡Parece mentira!», pensó afligidodespués de haber intentado repetidamente llamar sin éxito la atención de su amada.  

Precedida de un crujido de cerraduras, apareció en la casa. Rafael extendió los brazos para dibujar el contorno de un abrazo vacío, mientras su mujer pasó a través de él como si caminara entre humo. Dejando a un lado los papeles del seguro de vida, Anastasia se detuvo frente al cuadro que decoraba el zaguán. Tras escrutar la superficie, dio sin más un golpe seco sobre el vidrio, y la margarita recobró su lugar original en la composición.  

Anastasia aparentaba cansancio cuando entornó los ojos con un gesto de desprecio. 

 ¡Maldito espectro enamorado!, ¿cuándo te largarás de una vez? ¡Con lo fácil que resultó que te ahogaras! 

 

Consulta la comparativa de eReaders en Español, más completa de internet.

Podría interesarte...

También en redes sociales :)

 
 

Error. Page cannot be displayed. Please contact your service provider for more details. (13)