Relato 32 - La Ira de Dios
AYER
En junio de 1941, el ejercito alemán puso en marcha la ‘Operación Barbarroja’. Con ella pretendía derrotar al ejército soviético y dar por concluidas las hostilidades en el frente este. El empuje de la Werhmatch hizo que en diciembre estuviesen a, tan sólo, veinticinco kilómetros de Moscú. Pero una efectiva contraofensiva soviética repelió a los alemanes, dejándolos a doscientos kilómetros de su capital. El frente quedó estabilizado en febrero de 1942. En junio de este mismo año, el Reich retoma la ofensiva, esta vez fija como objetivos la meseta del Cáucaso, rica en recursos, y Stalingrado. A primeros de de septiembre llegan a las puertas de ciudad del Volga. La brutal ofensiva alemana hace que Stalingrado caiga el 16 de septiembre. Esta victoria propicia que los alemanes lancen un fulgurante ataque contra Moscú. El 12 de febrero de 1943 el ejército del Reich entra triunfal en la capital rusa. La Unión Soviética capitula un mes después. La victoria sobre la Unión Soviética suministró al Tercer Reich una cantidad interminable de recursos, tanto materiales como humanos.
Derrotado el enemigo soviético en el frente este, Alemania canalizó todos sus esfuerzos en la defensa del frente occidental. En un intento de dar un vuelco a la guerra, los Aliados diseñaron la ‘Operación Oversea’: un descomunal desembarco en las costas de Normandía. Los gobiernos Aliados eran conscientes de que este ataque significaba un todo o nada, en caso de fracaso quedarán casi a merced de los alemanes. En abril de 1944, miles de barcos asaltan las costas normandas en un desembarco jamás visto. Los alemanes resistieron con dureza, poco después iniciaron un letal contraataque por parte de la Kriegsmarine y la Luftwaffe, ganando la batalla. El fracaso de la ‘Operación Oversea’ fue un duro revés para los Aliados. Los Estados Unidos decidieron firmar una paz condicionada antes de que fuese demasiado tarde. Los alemanes aceptaron firmar dicho tratado, incluyendo una cláusula que forzaba a los Estados Unidos a cesar las hostilidades contra los japoneses, sus aliados el Pacífico. Esto dejaba solos a los británicos. El Reich ofreció un tratado de paz a los ingleses, tratado que contenía condiciones leoninas a favor de los germanos. Los ingleses resolvieron no hacer ninguna concesión y decidieron seguir la luchar. Con esta decisión se auguraba una larga guerra, pero los alemanes no querían esperar tanto, poniendo en liza un arma con la que doblegar a los británicos. El 2 de noviembre de 1944, la Luftwaffe hizo una incursión aérea sobre Manchester y dejó caer allí la bomba atómica. La bomba atómica fue diseñada meses antes por los científicos nazis. Manchester quedó aniquilado por completo. Gran Bretaña se rindió sin condiciones el 13 de noviembre.
En paralelo a estos hechos los japoneses conquistaron la totalidad de Asia, sin impedimento alguno impusieron su superioridad militar. Contaban con la simpatía alemana, por lo que al abandonar la guerra los Estados Unidos tuvieron vía libre en el Pacifico. Los japoneses tuvieron sumo cuidado, eso sí, en no atacar ninguna de las posesiones americanas en la región.
Con la capitulación de Inglaterra acabó oficialmente la Segunda Guerra Mundial, el 15 de noviembre de 1944. A su fin, el panorama mundial quedó dibujado con tres superpotencias: Alemania, Estados Unidos y Japón. En febrero de 1945, Italia y España se anexionan al Reich. Alemania cambió su nombre por Germania, extendiendo sus fronteras de los Urales al Atlántico y del Mar de Barents al Mediterráneo. Germania aprovechó su supremacía tras la guerra para ocupar la mayor parte de África. Ante el crecimiento germano, Estados Unidos, mediante tratados diplomáticos, comenzó a incorporar a su territorio los países colindantes, dándoles la calidad de estado. Primero fue México, después Canadá y luego el resto del continente. La proximidad y belicosidad del Imperio Japonés provocó que Australia y Nueva Zelanda se anexionaran también a los Estados Unidos, con lo cual finalizó la creación del nuevo imperio americano en mayo de 1947. Por su parte, los japoneses no tuvieron muchos problemas en ocupar los países asiáticos del Índico. En 1949 los países árabes del Golfo Pérsico olvidaron sus diferencias y se unieron, pasando a llamarse A.L (Liga Árabe). El territorio que se extiende desde los Urales hasta el Mar de Bering quedó sin ningún control, quedando como una vasta tierra de nadie. Años después sería conocida como ‘Zona Salvaje’.
En 1953, las cuatro superpotencias se reunieron en Budapest, para firmar un acuerdo, en virtud del cuál, no se fabricarán armas de destrucción masiva y se destruirán las ya existentes. Para garantizarlo, cada una de las cuatro potencias envió observadores cualificados, con plenos poderes, a las otras tres. ‘El pacto de Budapest’ fue cumplido a rajatabla.
Conseguida la hegemonía mundial, Germania puso la vista en el espacio. En los primeros años de la década de 1960 los germanos comenzaron a enviar, con éxito, numerosos satélites al espacio. El siguiente paso sería la Luna. Siete misiones no tripuladas viajaron hasta el satélite terrestre antes de que, el 23 de agosto de 1965, el ‘Sigurd VII’, en el que viajaban siete tripulantes, alunizara sin problemas. El Reich retransmitió para todo el globo terráqueo tal hazaña. Sin embargo, desde las otras superpotencias se puso en duda la veracidad de este logro, acusando a Germania de fabricar un gran montaje mediático. La respuesta del Reich fue contundente. La Agencia Espacial Germana construyó grandes transbordadores, con los que transportó a la Luna millones de esclavos eslavos de la antigua Unión Soviética. Gracias a esta mano de obra, construyeron una enorme base lunar. En añadidura, los germanos montaron planchas de color negro en suelo lunar, formando enormes líneas. Desde la superficie lunar no se podía distinguir la figura formaban esas planchas, sin embargo desde la Tierra se veía una gran svástica dibujada en la Luna.
El siguiente objetivo en la fulgurante carrera espacial germana fue Marte. En 1994 llegó a suelo marciano la primera nave no tripulada. El 10 de julio de 2003, la nave espacial “Sigurd XII” aterrizó en Marte con quince tripulantes a bordo. El Reich comenzó a construir una mega-ciudad en suelo marciano. Las naves transbordadoras llegaban al planeta rojo por cientos, transportando materiales y esclavos eslavos en cantidades ingentes. Durante treinta años este fue el principal objetivo de Germania. En el centro de la colosal ciudad marciana se levantó un edificio idéntico al Volkshalle de Berlín. A este edificio se le llamó también Volkshalle. Una inmensa cúpula de cristal de acero, casi irrompible, cubría la mega-ciudad. La cúpula era protegida, a su vez, por un entramado defensivo de más de mil Cañones de Fuego Eléctrico. Esta gran cúpula contaba con un sistema lumínico que imitaba la luz solar. Dicho sistema simulaba el día y la noche en ciclos de veinticuatro horas, con el fin de no alterar los biorritmos de los futuros habitantes. A la mastodóntica ciudad marciana se le dio el nombre de Asgard.
La construcción de Asgard fue posible gracias a tres avances tecnológicos, conseguidos años antes por los científicos germanos. El primero, crear aire en el laboratorio y fabricar la suficiente cantidad como para instaurar, bajo la cúpula protectora de Asgard, una atmósfera respirable. El segundo, conseguir agua potable mediante una sencilla reacción química. El tercero, obtener comida artificial: se trataba de aglutinar todos los nutrientes necesarios para el ser humano en una pequeña barrita energética. En el año 2037, Asgard estaba lista para ser habitada. Para poblarla, el Reich decidió trasladar a Marte parte de sus laboratorios y científicos expertos en Ingeniería Genética. La búsqueda del ‘Superhombre’ fue la siguiente meta germana. Contando con un presupuesto ilimitado, y material humano de sobra para estos experimentos, pronto se tuvieron avances notables. Los científicos germanos consiguieron clonar un ser humano mejorado a partir de una célula. El ser humano resultado de estos experimentos era más longevo, resistente, organizado, sano e inteligente que su predecesor. También era más manejable y conformista. El Reich consideró este logro como un primer paso hacia cotas mayores. Satisfecho con ello, decidió poblar Asgard con esta nueva raza. A esta raza se le dio el nombre de Raza Aria.
Veinte años después de que Germania engendrase el primer ario, estos ya poblaban Asgard con más de veinte millones de individuos. Las SS fueron las encargadas de organizar a esta población y mantener el orden. Sin embargo, el orden en Marte duró poco. El individuo ario Klaus-7-V114 se erigió en líder ideológico del pueblo ario, encabezando una sangrienta rebelión contra los que él consideraba sus opresores: los Germanos. Gracias una oratoria brillante, convenció a los arios para levantarse en armas contra el Reich. Así, en 2062, estalló la Guerra Marciana. Los efectivos de las SS en Marte, unos 30.000, se vieron incapaces de atajar la rebelión, siendo ejecutados por los arios. La lucha apenas duró unos meses, tras los cuales Klaus-7-V114 declaró la independencia de Asgard. Los arios consiguieron capturar las infraestructuras germanas intactas. Esto garantizaba la habitabilidad de la gran ciudad. Germania decidió dar un castigo ejemplar a los arios sublevados en Asgard, enviando a Marte cientos de naves destructoras. Sin embargo, los mil Cañones de Fuego Eléctrico con que contaba la cúpula protectora de Asgard, fueron suficientes para pulverizar la totalidad de la flota Germana. El desastre fue tal, que el Reich tuvo que asumir la independencia de Asgard en 2064.
Durante los primeros años de independencia aria, Klaus-7-V114, que pasó a llamarse Klaus o ‘El Supremo’, instauró un gobierno con sus hombres de confianza y constituyó a los arios en Rangos. El sistema se consolidó, pero pasados los años la ciudad-estado de Asgard se topó con un grave problema. La longevidad de los ciudadanos propició que la media de edad de la población subiese. Los asgardios vivían más de ciento veinte años. En el año 2080 el ochenta por ciento de la población superaba los setenta y cinco años, con esa edad ya no eran eficientes en su labor. Teniendo en cuenta que no se podía incorporar el sustituto de un ciudadano hasta que este falleciese, el gobierno constituido por Klaus y sus Consejeros se vio obligado a aprobar la ‘Ley del Retiro’. Con esta ley se consiguió mantener el nivel de población en veinticinco millones de habitantes. La ‘Ley del Retiro’ obligaba a los ciudadanos, mediante el llamado ‘Sueño Inducido’, a ser ‘retirados’ cuando cumplían cuarenta años. Mientras, el Ministerio de Ciencia y Tecnología estudiaba la manera de crear una atmósfera respirable en la totalidad de Marte y de lograr la vida eterna. El Gobierno asgardio aseguraba que, cuando esto se consiguiera, y se construyeran nuevas ciudades, todos los ciudadanos que se encontraran en estado de Sueño Inducido serían despertados para poblarlas. Este momento se conocía en Asgard como ‘El día del Despertar’.
HOY
Asgard, 27 de Octubre de 2140
- Antes de que marchen a sus habitaciones me gustaría despedirme de todos ustedes. Seguramente serán ya conocedores que mañana es el día de mi retiro – Max-5-V75656 hizo una pausa -. Sólo quiero que sepan que su promoción ha sido una de las más brillantes que he tenido el honor de instruir. Durante todos estos años he tenido la fortuna de cumplir mi labor con eficacia y esto, en parte, se lo debo a ustedes. Les quedan pocos días ya para la incorporación activa a la sociedad; he de decirles que están sobradamente capacitados para desempeñar su labor con solvencia. No quiero aburrirles más, tan solo añadir que nos veremos de nuevo ‘El día del Despertar’. Gracias.
Los veinte jóvenes, poniéndose en pie, comenzaron a aplaudir. Vestían inmaculados uniformes blancos con ribetes color verde en puños y cuello. El uniforme blanco les identificaba como estudiantes, los ribetes informaban del rango que tendrían al incorporarse a la sociedad. El verde correspondía al Rango-6. En el Complejo Estudiantil se formaban ciudadanos de hasta Rango-7, los de Rango-8 eran formados en un complejo especial. El aplauso aumentó en intensidad, Max-5-V75656 levantó la mano sinceramente emocionado. Poco a poco la ovación se fue acallando. Los alumnos comenzaron a abandonar el aula, despidiéndose uno por uno de él. Cuando el último de ellos abandonó la clase, Max-5-V75656 se tomó unos minutos de calma para reflexionar. Se sentía plenamente satisfecho de la labor realizada, el reconocimiento espontáneo de sus alumnos reafirmaba tal sentimiento. Recogió sus cosas y bajó a la sala donde se reunían los Mentores después de las clases. Todos vestían un uniforme color violeta, que delataba su Rango-5. Max-5-V75656 hizo un breve discurso de despedida, recibiendo de sus compañeros otra sincera ovación. Cuando sus colegas terminaron de ovacionarle y felicitarle, llamó aparte a Rudolph-5-V76898. Se dirigieron a un rincón de la estancia. Poniéndole una mano sobre el hombro le dijo:
- Rudolph, sé que será usted un ciudadano ejemplar y cumplirá su labor con corrección. Está sobradamente preparado para su labor. Ha sido para mí un honor formarle durante este último año.
- El honor ha sido mío, ciudadano Max. Desde que ingresé en la escuela, pasando por mi graduación y después en la incorporación activa, le he tenido como Mentor. Es usted un ejemplo para todos - dijo Rudolph-5-V76898.
- Gracias, ciudadano Rudolph.
Max-5-V75656 abandonó por última vez el Complejo Estudiantil. Consultó su reloj, eran las 13:30. Decidió pasar a recoger su alimento, para comer antes de ver el comunicado semanal de ‘El Supremo’. Paseó por la larga avenida hasta llegar a la Hauptplatz, allí encontró un ‘Restaurante’. Franqueó la puerta de entrada para encontrar un amplio vestíbulo. Ocho líneas de colores pintadas en el suelo identificaban la fila en la que los ciudadanos tenían que situarse según su Rango. Aunque existían diez Rangos, el nueve y el diez no estaban representados. El Rango-10, de color dorado, era propiedad exclusiva de Klaus ‘El Supremo’. El Rango-9, color plateado, pertenecía a sus consejeros. Max-5-V75656 se colocó al final de la fila violeta. Un par de minutos después llegó su turno.
- Salud, ciudadano – dijo la dependienta tras el mostrador. Vestía un uniforme de color marrón (Rango-2). Realizó el preceptivo saludo, tocándose el hombro izquierdo con la palma de la mano derecha.
- Salud, ciudadana – respondió Max-5-V75656. Aunque por ser de Rango mayor no estaba obligado a ello, devolvió el saludo.
- Por favor, ponga su mano sobre el Identificador – pidió la chica.
- Sí, claro.
Max-5-V75656 puso la palma de su mano derecha sobre un cristal incrustado en el mostrador. Una leve luz rojiza emanó de él, para después apagarse. Max-5-V75656 retiró entonces la mano. La dependienta miró la pantalla que tenía frente a ella.
- Correcto ciudadano. Un momento por favor – la dependienta se agachó para recoger algo que tenía bajo el mostrador. Apareció un instante después con una bolsita de plástico, que entregó a Max-5-V75656 -. Aquí tiene. Le recuerdo que en el interior está su asignación semanal de Estimulantes.
- Gracias.
Max-5-V75656 salió al exterior y se sentó en banco de la Hauptplatz. Abrió la bolsita de plástico. Contenía cinco barritas envueltas en papel brillante de distintos colores, dos botellas de plástico llenas de un líquido anaranjado y una pequeña cajita metálica. Sacó en primer lugar la cajita, dentro había veinticinco pastillitas de colores. Extrajo después los demás objetos, escogiendo una de las barritas y una botella. El resto los guardó en los bolsillos de su uniforme.
La plaza comenzaba a llenarse de gente, eran cerca de las 14:30, hora en la que Infovisión emitía el comunicado semanal de ‘El Supremo’. La enorme pantalla, que presidía la Hauptplatz mostraba el proceso de fabricación de la comida artificial:
- “...de lo que resulta una agradable papilla de glucosa, a la que se le añaden todos lo nutrientes necesarios – Informaba una voz femenina-. Luego se adereza con sabrosos sabores que componen nuestras barritas alimenticias de consumo diario...”
Max-5-V75656 terminó de comer la barrita y el contenido de la botella, sacó el pastillero de su bolsillo y escogió una pastilla gris. Se la puso bajo la lengua y esperó que se disolviese en la boca. Sintió una repentina alegría. En ese momento, Infovisión informaba que Klaus iba a comenzar su comunicado. Comenzó a sonar el himno de Asgard, Max-5-V75656 se puso en pie. Al igual que el resto de ciudadanos, comenzó a cantar las estrofas del himno. Cuando este terminó, apareció en la pantalla el rostro de Klaus: rubio, con raya en medio, ojos azules y gesto afable. Se podían ver también sus hombros, ocultos tras su uniforme dorado. Una voz potente, pero con tono amable, habló a los ciudadanos desde la pantalla de Infovisión.
- Salud, ciudadanos de Asgard.
- ¡Heil, Klaus! ¡Heil, Oberste! – respondieron al unísono los ciudadanos que abarrotaban la plaza, al tiempo que levantaban su brazo derecho.
- Ciudadanos, me complace comunicaros que nuestro viaje hacia ‘El día del Despertar’ continúa firme. Nuestros científicos siguen haciendo logros en pos de dotar al planeta Marte con una atmósfera saludable y respirable. El camino hasta hallar la vida eterna también avanza seguro. No obstante, todos somos conscientes que antes hemos de derrotar y exterminar a la agresiva y repugnante raza Gmork. Nuestro bravo ejercito sigue combatiendo en todos los frentes a esta plaga que contamina nuestro planeta. Os ampliará la información nuestro Consejero de la Guerra. Salud ciudadanos.
- ¡Heil, Klaus! ¡Heil, Oberste! – clamó de nuevo la Hauptplatz.
En la pantalla apareció entonces el rostro de un hombre con gesto grave, aparentaba unos cincuenta años. Su uniforme era de color plateado.
- Salud, ciudadanos. Los últimos ataques realizados por nuestro valiente ejercito han hecho que el enemigo se repliegue hasta las puertas de su ciudad. Tenemos informes que nos alertan de un nuevo tipo de enemigo. Al verse acorralados han despertado a los ‘Gusanos’ – un murmullo de horror invadió la plaza-. Creemos que han conseguido domesticar a estas bestias.
La imagen cambio para mostrar el frente de batalla. Decenas de soldados de Asgard avanzaban disparando sus armas de rayos, derribando al enemigo. Al fondo se podía ver la ciudad Gmork. El avance de la infantería asgardia era rápido. Tras ellos varios carros de combate disparaban bolas de fuego, que impactaban en la ciudad de los Gmork. Varios vehículos aéreos apoyaban al ejército de tierra, disparando a la infantería enemiga. De pronto, un inmenso Gusano brotó de la tierra. Irguiéndose como un poste, dio un poderoso bramido. Cuando alcanzó su altura máxima se dejó caer a plomo sobre el ejercito asgardio, aplastando a decenas de soldados y varios carros de combate. Otro Gusano similar al primero apareció al fondo, repitiendo la misma maniobra. El contraataque Gmork era devastador. Otro murmullo de horror se repitió en la Hauptplatz. La imagen cambió de nuevo, apareciendo el Consejero de la Guerra.
- Nuestros Generales informan que una decena de estos ‘Gusanos’ se acercan hacia Asgard. Su avance es lento y podremos preparar una ofensiva para detenerlos. Seguiremos informando. Salud ciudadanos.
Max-5-V75656 recordaba la Guerra contra los Gmork desde que tenía uso de razón. Ataques de un bando, contraataques del otro; la Guerra siempre se encontraba en plena ebullición. Hace unos años, una terrible ofensiva de los Gmork les colocaron a unos pocos kilómetros de las puertas de Asgard. Sin embargo, un oportuno contraataque del bravo ejército asgardio les repelió con dureza. Esa ofensiva se mantuvo hasta arrinconar a los Gmork en su propia ciudad, punto exacto en el que se encontraba la contienda en esos momentos.
La pantalla de la Hauptplatz quedó oscura durante unos segundos, después comenzó a emitir el anuncio de los combates que tendrían lugar esa tarde en el Coliseo. Poco a poco la multitud se empezó a dispersar. Max-5-V75656 se levantó y abandonó la Hauptplatz, tenía cosas que hacer.
Max-5-V75656 dio un largo paseo hasta el punto en que se había citado, la esquina de la calle 118 con la 107. Se encontraba a las afueras de la Zona-1. No tardó mucho en acercarse un ciudadano, vestido con uniforme color marrón. El hombre saludó, tocándose el hombro izquierdo con la palma de la mano derecha.
- Salud, ciudadano.
- Salud, ciudadano – dijo Max-5-V75656 devolviéndole el saludo.
- ¿Es usted Max-5-V75656? – preguntó el hombre del uniforme marrón.
- Sí. Puede llamarme Max. Supongo entonces que usted es Udo – dijo Max-5-V75656.
- Así es ¿Tiene lo convenido? – preguntó Udo-2-V82321.
- Sí, aquí está – dijo Max-5-V75656 sacando un paquete de uno de sus bolsillos y entregándoselo al hombre del uniforme marrón.
Max-5-V75656 estaba nervioso. Jamás había quebrantado una sola norma. Sabía de sobra que estaba poniendo en riesgo su puesto en ‘El día del Despertar’. Sin embargo no quería retirarse sin probar lo que Udo-2-V82321 estaba a punto de entregarle. Le tranquilizaba el hecho de que Udo-2-V82321 venía recomendado por Ingrid-1-H103345, gracias a su discreción.
- Muy bien – dijo Udo-2-V82321. Abrió el paquetito y observó el contenido. Estaba lo acordado: la asignación de Estimulantes de tres semanas correspondiente a un ciudadano de Rango-5 -. Tenga usted, Max, esto es lo pactado.
Udo-2-V82321 le ofreció un paquete más voluminoso, Max-5-V75656 lo guardó como pudo en uno de sus bolsillos más grandes.
- Está bien. Adiós Udo – dijo Max-5-V75656.
- ¿No va usted a comprobarlo? – preguntó Udo-2-V82321.
- Me fío de usted.
- Salud ciudadano – dijo Ingrid-1-H103345 haciendo el saludo preceptivo.
- Salud ciudadana – le respondió Max-5-V75656 devolviéndole el saludo.
- ¿Has tenido un día ajetreado? – preguntó Ingrid-1-H103345.
- No especialmente.
Ambos caminaron por la planta baja de la Estación Central de Autorailes. Subieron en un ascensor que les llevó hasta la quinta planta, desde donde partían los autorailes a los distintos sectores de la Zona-5. Cada ciudadano residía en la zona de número igual a su Rango. Los ciudadanos podían moverse con libertad por su zona o zonas inferiores, sin embargo para ir a una zona de número superior a su Rango debían de estar tutelados (acompañados) por un ciudadano de dicha zona. Esto era controlado por los Agentes, el cuerpo de fuerzas de seguridad de Asgard. Los Agentes vestían uniformes de color rojo (Rango-7). Casi todos los ciudadanos que se encontraban en la quinta planta vestían uniformes violetas (Rango-5). Había algún ciudadano con uniforme azul (Rango-4), algún otro de uniforme amarillo (Rango-3). Ingrid-1-H103345 era la única que vestía el uniforme gris correspondiente al Rango-1. La labor de Ingrid-1-H103345 consistía en tareas de limpieza de las alcantarillas de Asgard. Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 se dirigieron a la Terminal-7, desde donde salía el autorail con destino a: “Zona-5/Sector-C”. En la entrada de la Terminal-7 esperaba un Agente, quien, al ver acercarse a Ingrid-1-H103345, saludó con educación:
- Salud, ciudadana.
En vez de Ingrid-1-H103345 fue Max-5-V75656 quién respondió al Agente:
- Salud, Agente. Ella viene conmigo.
- Bien ciudadano. Pasen la mano por el Identificador, por favor – pidió el Agente.
Primero fue Max-5-V75656 quien puso su mano derecha sobre el cristal, después lo hizo Ingrid-1-H103345. El Agente comprobó los datos en la pantalla y colocó una pulsera de color violeta en la muñeca de Ingrid-1-H103345.
- Dispone de veinticuatro horas desde este momento para permanecer en la Zona-5 ¿Conoce bien las normas de tutela? – preguntó el Agente a Max-5-V75656.
- Sí Agente – respondió Max-5-V75656.
- Bien, pasen entonces.
Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 pasaron al andén, subiendo al autorail segundos antes de que iniciase su trayecto. Max-5-V75656-5 se sentó en uno de los asientos libres, Ingrid-1-H103345 prefirió permanecer de pie. Algunos ciudadanos dirigieron miradas despectivas a Ingrid-1-H103345. A pesar de que muchos de ellos utilizaban la tutela, era algo que no estaba bien visto. Tanto ella como Max-5-V75656 centraron su atención en Infovisión:
-“...nada más ser producidos, llegan a la Central de Natalidad. Allí las Nodrizas alimentan a los recién llegados y los crían hasta que alcanzan los cinco años, edad en la que ingresan en el Complejo Estudiantil...” – en la pantalla de Infovisión se veía una larga fila de mujeres dando el biberón a otros tantos bebes. Después la imagen cambió para mostrar a un gran número de niños entrando en el Complejo Estudiantil- ...en el Complejo Estudiantil serán formados hasta su incorporación activa, al cumplir dieciocho años...”
En escasos veinte minutos el autorail llegó a su destino. A la salida de la estación esperaba otro Agente, quien comprobó que la pulsera de Ingrid-1-H103345 estuviese en regla. El bloque de apartamentos donde residía Max-5-V75656 estaba casi enfrente de la estación.
El apartamento de Max-5-V75656 era una estancia amplia, diáfana, con grandes ventanales. A la entrada había un cómodo sofá, situado frente a una gran pantalla de Infovisión. Al fondo, al lado de los ventanales, estaba la gran cama de Max-5-V75656. Una puerta a la derecha daba al espacioso baño. Comparado con su estrecha y funcional residencia, a Ingrid-1-H103345 el apartamento le parecía un paraíso. Se sentaron en el sofá y empezaron a besarse sin prisa. En el interior del apartamento eran un hombre y una mujer, no existían rangos.
- ¿Ha ido todo bien con Udo? –preguntó entre besos Ingrid-1-H103345, en referencia al encuentro de Max-5-V75656 con el traficante.
- Sí. Parece una persona de confianza.
- Lo es – dijo Ingrid-1-H103345 sonriendo.
- Quizás ahora que ha llegado mi retiro tú y él podríais...
- No digas eso, Max, ya lo hemos hablado – dijo Ingrid-1-H103345 aparentando enfado-. Me voy a dar un baño - a Ingrid-1-H103345 le encantaba darse relajantes baños de agua caliente en vez de usar la cápsula de limpieza de su residencia.
Mientras esperaba, Max-5-V75656 se adormiló viendo Infovisión. Fue al volver Ingrid-1H103345 cuando se despabiló, aprovechó ese momento para sacar y desenvolver el paquete que le dio Udo-2-V82321. Contenía dos objetos: uno de color verde y otro de color rojo. Al verlos, a Ingrid-1-H103345 le parecieron bellos y armónicos.
- ¿Eso es....? – dijo Ingrid-1-H103345 sin terminar la pregunta.
- Sí. Comida natural – respondió Max-5-V75656 emocionado.
Max-5-V75656 cogió la manzana roja y se la ofreció a Ingrid-1-H103345. Él cogió para sí la verde. Comenzaron a comerlas al tiempo. Ambos quedaron maravillados ante el frescor y el sabor orgánico del alimento.
- ¡Es dulce! –dijo Ingrid-1-H103345.
- La mía es ácida, pero exquisita.
Se intercambiaron las manzanas varias veces, para disfrutar de los dos sabores, hasta que no quedaron más que las mondas. Eran conocedores que ese placer sólo lo disfrutarían una vez en la vida, por lo que lo hicieron en silencio, paladeando cada mordisco. Al terminar de comer la fruta, Max-5-V75656 se levantó. Manipuló la pantalla de Infovisión y comenzó a sonar una música encantadora. El acceso a la música era un privilegio exclusivo de los ciudadanos de Rango-5 o superior, y siempre por un tiempo limitado. Ingrid-1-H103345 cerró los ojos, intentando grabar cada una de aquellas maravillosas notas musicales en su mente. Sabía que era la última vez que escucharía música. Max-5-V75656 comenzó a acariciar su cuello.
- ¿Qué es esta maravilla, Max? – preguntó ella.
- La Sexta Sinfonía de Beethoven – contestó Max-5-V75656.
Max-5-V75656 comenzó a desabrocharle el suave albornoz que se había puesto tras el baño. La piel de Ingrid-1-H103345 era suave y tersa. No tenía nada que envidiar a las Damas cuyos servicios Max-5-V75656 solicitó en alguna ocasión. Despojó por completo a Ingrid-1-H103345 del albornoz y contempló su cuerpo. Sabía que esta sería su última noche con ella, hasta que llegara ‘El día del Despertar’. Sorprendido, vio que Ingrid-1-H103345 sollozaba.
- ¿Qué pasa? – preguntó con dulzura Max-5-V75656.
- No te merezco Max. Cualquier mujer de tu rango olería a fragantes perfumes, vestiría bellos vestidos ¿Qué puedo darte yo? Paso todo el día en las cloacas. Por mucho que después de cada jornada me desinfecte y limpie, este olor se mete bajo la piel – explicó Ingrid-1-H103345.
Max-5-V75656 olió con exageración el cuerpo de Ingrid-1-H103345.
- Yo sólo huelo a mujer, Ingrid – dijo Max-5-V75656. Era cierto. El olor corporal de Ingrid-1-H103345 le gustaba más que cualquier otra cosa de ella-. Ninguno de esos perfumes o vestidos pueden conseguir por sí solos la belleza. Eres bella Ingrid. Eres un ángel.
Se fundieron en un largo abrazo. Arropados por la música hicieron el amor sobre el sofá.
Asgard, 28 de Octubre de 2140
El vehiculo aéreo les llevó hasta una pequeña colina, en cuya cima había un gran edificio blanco de líneas redondeadas. Ese edificio era conocido como ‘La Incubadora’. En su interior ingresaban los ciudadanos que efectuaban su retiro. Mediante el ‘Sueño Inducido’ aguardarían allí la llegada de ‘El día del Despertar’. Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 bajaron del vehiculo. Dos Operarios de uniformes verdes (Rango-6) les esperaban y les guiaron al interior de ‘La Incubadora’. Nada más entrar, se encontraron con un amplio vestíbulo, en el que varias personas se movían de un lado a otro.
- Síganme, por favor – pidió uno de los Operarios.
Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 siguieron al Operario, quien les condujo hasta uno de los muchos mostradores dispersados por el hall. Una joven, de uniforme verde, fue la encargada de atenderles.
- Salud, ciudadano. Es usted Max-5-V75656 ¿verdad? – preguntó la Operaria con una sonrisa.
- Sí, así es – respondió Max-5-V75656.
- Tenga la bondad de pasar la palma de su mano sobre el Identificador, por favor – pidió la joven.
Max-5-V75656 pasó su mano sobre el cristal. La Operaria leyó los datos que aparecían en la pantalla.
- ¿Sus acompañantes...? – dijo la Operaria buscando con la mirada.
- Ella – respondió Max-5-V75656.
- ¿Sólo ella? – preguntó la joven extrañada.
- Sí. No soy un hombre muy popular – respondió Max-5-V75656 intentando hacer una broma que no entendió la Operaria.
- Oh, está bien. Pase entonces usted también la mano por el Identificador – pidió la Operaria a Ingrid-1-H103345.
Ingrid-1-H103345 obedeció e hizo lo que le pidió la joven.
- Muy bien. ‘La Ceremonia del Adiós’ se oficiará en la Sala 47, los Operarios le acompañaran a ella – dijo la Operaria señalando a sus compañeros, que habían esperado con paciencia tras Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 -. Sólo me queda felicitarle en el día de su retiro y despedirme de usted hasta ‘El día del Despertar’ – concluyó la joven.
- Gracias – respondió Max-5-V75656.
Los dos Operarios comenzaron a caminar por el vestíbulo, Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 les siguieron. Max-5-V75656 había estado hasta entonces tranquilo, pero en ese momento empezó a sentir nervios y excitación. Los Operarios les guiaron a través de un interminable pasillo, jalonado de numerosas puertas a izquierda y derecha. Se detuvieron frente a una de ellas, en la que colgaba un letrero con el número 47. Uno de los Operarios abrió la puerta.
- Pasen por favor. En un momento llegará el Guía para oficiar ‘La Ceremonia del Adiós’. Enhorabuena ciudadano – dijo el otro Operario.
- Gracias – dijo Max-5-V75656.
Los Operarios se retiraron, dejándoles en la puerta de la sala. Max-5-V75656 e Ingrid-1-H103345 pasaron al interior. Se trataba de una estancia abovedada, presidida por un gran dibujo de Klaus ‘El Supremo’. Un corto tramo de escalones conducía hasta una especie de altar, en el que esperaba una cápsula vacía tumbada en suelo. Un par de filas de bancos de madera se hallaban frente al altar, era el lugar desde donde los acompañantes podían seguir la ceremonia. Escucharon unos pasos tras ellos. Tres ciudadanos habían entrado en la sala. Dos de ellos vestían uniformes verdes, arrastraban una mesita con ruedas. Encima de la mesita reposaba una gran jeringuilla y un botecito de cristal. El tercer ciudadano vestía uniforme naranja (Rango-8); se trataba del Guía. Los tres realizaron el saludo preceptivo. Casi sin dar tiempo a que les fuera devuelto, el Guía dijo a Max-5-V75656.
- Ciudadano, por favor, introdúzcase en la cápsula cuando guste.
- Sí, claro. Un segundo por favor – Max-5-V75656 se acercó a Ingrid-1-H103345 y le dio un suave beso en los labios, después le dijo con una sonrisa-: Hasta mañana, Ingrid-1-H103345.
- Hasta mañana, Max-5-V75656-5 – le dijo Ingrid-1-H103345 devolviéndole la sonrisa.
Max-5-V75656 se postró entonces en la cápsula, momento que aprovecharon los Operarios para subir la mesa al altar y colocarse tras él. Ingrid-1-H103345 se sentó en la primera fila de bancos de madera. El Guía se situó a los pies de Max-5-V75656, con voz solemne comenzó a recitar ‘La Ceremonia del Adiós’:
Llega el momento, comienza la espera.
Plena de labor, tu vida abandonas,
en pos de ese futuro que ambicionas
y de la eterna vida venidera.
Te aseguro que será placentera,
si tu magno espíritu con fe adornas.
Verás que la amarga duda destronas,
obteniendo amor, y paz duradera.
Espéranos allí, querido hermano,
hazte digno de ese futuro guardar,
ahí llegarás, fuerte, bello y sano.
Cánticos y alabanzas han de sonar
en ese amanecer, ya tan cercano.
Todos como uno, El día del Despertar.
Al terminar, el Guía se dirigió a los dos Operarios:
- Pueden proceder.
Uno de los Operarios cogió la jeringuilla y la introdujo en el botecito, absorbiendo el líquido que contenía. Mientras, el otro Operario remangó el uniforme del brazo de Max-5-V75656. El primer Operario introdujo la jeringuilla en el cuerpo de Max-5-V75656, vaciando lentamente el contenido de esta.
- Enhorabuena ciudadano – felicitó el Operario a Max-5-V75656 mientras extraía la jeringuilla.
- Gracias.
Max-5-V75656 notó un agradable calor ascendiendo por su brazo. Poco a poco se extendía por todo su cuerpo. Lentamente, un placentero sopor comenzó a adueñarse de él. En unos minutos Max-5-V75656 cayó en un profundo sueño.
Cuando los Operarios se llevaron la cápsula, Ingrid-1-H103345 abandonó la sala. Se sentía sola e inútil sin Max-5-V75656. No podía dejar de pensar que faltaban dieciséis años para que llegara su día de retiro. Dieciséis años sin Max-5-V75656 se le hacían insoportables. Mientras caminaba por el largo pasillo pensó que ‘El día del Retiro’ era el día más feliz en la vida de cualquier ciudadano y, por añadidura, para sus acompañantes. No entendía entonces por qué se sentía tan triste. Tampoco entendía por qué esas gotas de agua salada brotaban de sus ojos.
La estancia en la que despertó era enorme. Iluminada por una intensa luz blanca se hacía difícil ver el otro extremo. Cuando Max-5-V75656 se acostumbró a la luz pudo ver que la sala estaba llena de hileras de cápsulas idénticas a la suya. Todas estaban abiertas. Se sentía confuso y algo mareado ¿Había llegado ya ‘El día del Despertar’? Distinguió lo que parecía una puerta abierta en el otro extremo de la estancia. Caminó hacia ella despacio. Mientras lo hacía comprobó que todas las cápsulas estaban vacías ¿Dónde estaban sus conciudadanos? Sin tener la mente clara, salió por la puerta. Atravesó varios pasillos oscuros, guiándose sólo por el tacto. A lo lejos escuchaba un estruendo que le resultaba familiar. Empezó a sentirse agobiado y asustado, el aire parecía no llegar a los pulmones. Cuando estaba a punto de perder el control, se vio en el exterior ¿En qué momento había salido fuera? Max-5-V75656 se encontraba en la cima de una colina, a las puertas de ‘La Incubadora’. Desde allí tenía una panorámica perfecta de Asgard. Lo que vio fue desolador. Era noche cerrada. Asgard ardía por mil lugares, los gritos de desesperación se mezclaban con el estruendo de las explosiones. Un ruido ensordecedor resaltaba sobre todos los demás: se trataba de dos enormes ‘Gusanos’ atravesando la ciudad. Las enormes bestias arrasaban todo a su paso. Allí, petrificado, escuchó pasos apresurados subiendo por la ladera. Varios soldados asgardios huían en desbandada. Uno de ellos se detuvo al pasar a su lado gritándole:
- ¡Sálvese ciudadano! ¡Todo está perdido! ¡Llegan los Gmork!
Al no recibir respuesta, el joven soldado reemprendió la huida. Max-5-V75656 no podía salir de su catatonia. El terror le poseyó hasta el punto de asfixiarle. Sin embargo, la visión de una figura que subía por la ladera de la colina le hizo reaccionar ¡Era Ingrid-1-H103345! Traía el rostro desencajado y la mirada perdida. Max-5-V75656 bajó aprisa la ladera a su encuentro.
- ¡Ingrid! – llamó Max-5-V75656 -. ¡Ingrid! ¡Aquí!
Ingrid-1-H103345 parecía no escucharle. Max-5-V75656 corrió hacia ella. Al llegar a su altura la agarró con fuerza por los hombros. Ingrid-1-H103345 le miraba ausente.
- ¿Qué ha pasado? ¿En qué año estamos? – dijo Max-5-V75656 intentando refrenar su creciente nerviosismo. No pudo. El miedo comenzaba a hacerle perder los papeles.
- ¿Quién es usted, ciudadano? – preguntó Ingrid-1-H103345 confundida. Sin embargo un instante después el tono de su voz cambió y empezó a hablar con frenesí -. Los Gmork... Lo están destruyendo todo... Rociaron a la gente con gas... ¡Me cayó encima! ¡Me quema!
Ingrid-1-H103345 comenzó a arañarse el rostro. Gritaba desesperada. Los arañazos arrancaban grandes jirones de piel. Continuó arañándose, al tiempo que gritaba. Max-5-V75656 la soltó aterrado, alejándose un par de pasos. Al soltarla, el cuerpo de Ingrid-1-H103345 comenzó a derretirse, como si estuviese hecho de cera. Un minuto después lo único que quedaba de ella era una masa viscosa de color marrón en el suelo, y un esqueleto que, de pie, daba espantosos alaridos. Max-5-V75656 quiso gritar o moverse, pero no pudo. Sólo fue consciente que comenzaba un viaje sin retorno a la locura...
Los dos Técnicos observaban la pantalla en silencio, ambos vestían un uniforme de color naranja (Rango-8). En el monitor se podía ver a un ciudadano, de Rango-5, paralizado frente a una vista caótica de Asgard en llamas. A su lado, un esqueleto profería espantosos aullidos.
- Pobre diablo – dijo el más joven.
- Mmmmm. Este cerebro pertenecía al ciudadano Max-5-V75656. Acaba de ser conectado – dijo el Técnico de más edad, ignorando el comentario del más joven –. Como ya sabrás, cada cerebro tiene una duración útil de entre siete y diez años.
- Sí – dijo el Técnico más joven, cuyo nombre era Karl-8-12387.
- También sabrás que a cada cerebro se le somete a un estado de terror extremo para poder extraer de él la máxima cantidad de energía – explicó el Técnico de más edad; Michael-8-V10459. Michael-8-V10459 aparentaba unos cincuenta años, era el encargado de formar a Karl-8-V12387 durante su primer año de incorporación activa -. La diferencia de energía entre un cerebro en estado de terror y otro en estado normal, es de quince a veinte veces superior - siguió explicando Michael-8-V10459.
- ¿Por qué el Ministerio de Biogenética y Demografía no produce cerebros en vez de someter a los ciudadanos a esta tortura? – preguntó Karl-8-V12387.
- Para que el estado de terror se produzca, el cerebro ha de tener unas vivencias. El Programa busca entre sus vivencias y recuerdos, encontrando sus miedos y temores. Después, recrea un mundo para cada ciudadano, repleto de sus temores. Así, durante unos diez años. Si se produjeran cerebros, estos no tendrían ni recuerdos ni vivencias y el Programa no podría crear el estado de terror – explicó Michael-8-V10459.
Al ver el rostro de su compañero, Michael-8-V10459 dijo.
- Te acostumbraras, todos lo hacemos. Ten en cuenta que tenemos privilegios: vivimos sesenta años, comemos comida natural, somos de Rango-8 y a nosotros no nos utilizan para conseguir energía. Ya sabes, bebemos la ‘Última Copa’ y nos entierran en el ‘Gran Valle’ - Michael-8-V10459 hizo una pausa -. Bueno, voy a rellenar algunos formularios. Si quieres, visualiza algún otro cerebro para familiarizarte con el sistema. Ya sabes, la palanca negra hacia arriba o hacia abajo.
Michael-8-V10459 se levantó y abandonó la sala de control. Karl-8-V12387 movió la palanca hacia arriba. En el monitor apareció una ciudadana totalmente desnuda, era violada una y otra vez por unos repugnantes seres deformes. En la esquina derecha apareció la leyenda: “Ana-2-H64347. Conectada hace 1575 días. Estado: Normal”. Dio otro empujoncito a la palanca. El monitor cambió de nuevo pero no apareció nada, la pantalla estaba en negro. Karl-8-V12387 se preguntó si existiría algún tipo de avería, sin embargo al escuchar con atención pudo oír unos lastimeros sollozos. En la esquina derecha se leía: “Albert-7-V26478. Conectado hace 611 días. Estado: Normal”. El sonido de la megafonía le interrumpió:
- “Técnico Karl-8-V12387, persónese en Planta de Energía” - era la voz de Michael-8-10495.
Karl-8-V12387 abandonó la Sala de Control y bajó por uno de los ascensores hacia la Planta de Energía, que se encontraba en el sótano del Complejo Energético. El acceso a ella se encontraba restringido a los Técnicos. Lo que allí se realizaba era uno de los secretos mejor guardados de Asgard. En la Planta de Energía le esperaba Michael-8-V10495. Se trataba de una gran estancia repleta de altas estanterías metálicas. Karl-8-V12387 se acercó a su compañero. Sobre una mesa reposaba una urna de cristal, en su interior flotaba un cerebro en una solución azulada. Una etiqueta en el lateral de la urna rezaba: “Stephanie-6-V23457, 28 de Octubre de 2140”
- Creo que ya estás preparado para conectarlo. Este acaba de entrar hace unos minutos – dijo Michael-8-V10495 señalando la urna.
- Está bien – le respondió Karl-8-V12387.
Karl-8-V12387 se acercó a la estantería más cercana a él y buscó un cajón sobre el que luciera una luz de color rojo. Encontró uno a la altura de su pecho. Abrió el cajón metálico, varios cables de colores se desparramaron en su interior. Karl-8-V12387 los separó y ordenó minuciosamente. Hecho esto, cogió con cuidado la urna de la mesa y la depositó en el interior del cajón. Los cables terminaban en finísimas agujas. Karl-8-V12387 las fue insertando una tras otra en distintos puntos del cerebro. Al terminar, pulsó un gran botón negro que había en el lateral del cajón. La luz en la parte superior de dicho cajón cambió de rojo a verde. Cerró con mimo el cajón. Sonó un ‘click’, avisaba que el cierre automático se había producido con éxito.
- ¿Ya está? – preguntó Karl-8-V12387.
- Perfecto – respondió Michael-8-V10495 -. Sólo queda comprobarlo en el Panel de Control.
Karl-8-V12387 asintió y se dirigió al Panel de Control. El joven Técnico introdujo los parámetros correspondientes al cerebro recién conectado. En la pantalla apareció una ciudadana que corría aterrada, la perseguían varias cucarachas de medio metro de altura. En la esquina derecha se leía: “Stephanie-6-H23457. Conectado hace 0 días. Estado: Normal”
- Funciona bien - informó orgulloso Karl-8-V12387.
- Así es. Cuando lo visualizas en el Panel de Control, tienes la certeza de que se ha unido al resto y comienza a suministrar energía – dijo Michael-8-V10495 dando una palmada en la espalda de su compañero -. Venga, vamos a tomar un café.
El cuerpo sin vida de Max-5-V75656 rodó por la rampa hasta caer en el contenedor, allí los cadáveres comenzaban a amontonarse. Eran arrojados por la rampa desde la Planta de Energía, donde previamente se les había extraído el cerebro. Bajo el contenedor, una cinta transportadora los introducía en una gran máquina. Con un ligero zumbido el contenedor comenzó a inclinarse, los cadáveres rodaron hasta caer sobre la cinta transportadora. Al notar peso encima, la cinta se puso en funcionamiento, introduciendo los cuerpos en la máquina. Se trataba de una enorme trituradora. Los cuerpos pasaban por varias prensas y trituradoras en su recorrido por el interior de la Fábrica Alimenticia, quedando reducidos a una pasta homogénea. A esta pasta le eran añadidas harinas artificiales, vitaminas, nutrientes complementarios y los distintos emuladores químicos de sabores. Con esta mezcla se producían las barritas alimenticias que consumían diariamente los asgardios.
MAÑANA
El 2 de Febrero de 2141, Germania comenzó su segunda ‘Blitzkrieg’. Miles de transportes submarinos, indetectables para el radar, arribaron a la costa este de Estados Unidos. De estos transportes desembarcaron millones de soldados modificados genéticamente: no sentían dolor ni remordimiento. A estos soldados se les conocía como ‘Réplicas’. Las ‘Réplicas’ eran acompañadas por miles de Bestrafung, gigantes de cuatro brazos creados también mediante Ingeniería Genética. Apoyaban a la infantería miles de vehículos aéreos así como artillería ligera. Gracias al factor sorpresa, el ejército germano penetró con facilidad en América. Los Estados Unidos, no obstante, se repusieron con rapidez, contraatacando con un ingente ejército de cíborgs y androides. Las batallas eran brutales. Se combatía pueblo por pueblo, casa por casa. Carne contra máquina. Mientras Germania y Estados Unidos se destrozaban, el Imperio Japonés y la Liga Árabe esperaban su momento para darles el golpe de gracia.
Fingúr arrojó el enorme pedrusco con todas sus fuerzas. La gran roca penetró en un agujero negro y salió por el otro extremo, en alguna parte del Sistema Solar. El asteroide viajaba a gran velocidad, en rumbo de colisión con la Tierra. Fingúr sentía furia y decepción a partes iguales. El veredicto de los Entes Eternos había sido claro: era preciso destruir esa civilización nociva antes de que se extendiera por el universo. Fingúr creó esa forma de vida en aquel hermoso planeta azul, proveyéndola de todo lo necesario para su evolución. Le concedió, además, el don del Libre Albedrío. Pronto se dio cuenta que este don concedido a esa raza, llamada Humanidad, era invertido por estos en guerrear y destruirse. ‘Guerra’ era un término desconocido para las miles de civilizaciones que poblaban el universo. En vista del fracaso de su creación, Fingúr fue llamado por los Entes Eternos a su presencia. Estos tuvieron a bien concederle una última oportunidad de enmendar su error. Fingúr descendió a la Tierra como un humano más, difundiendo su palabra de paz y amor. Los humanos, en vez de escucharle, le torturaron y clavaron en una cruz de madera. En siglos posteriores, algunos de ellos dijeron hablar en su nombre, tergiversando su palabra. Aún así, Fingúr tuvo fe en su creación. Sin embargo los Entes Eternos habían perdido por completo la paciencia con la Humanidad, transmitiéndole su, esta vez inapelable, veredicto: exterminio. Como último gesto de piedad para con el género humano, Fingúr ocultó a los Entes Eternos la existencia de Asgard.
Los Consejeros de Asgard se reunieron al recibir el comunicado del Centro de Investigaciones Espaciales. Ante ellos comparecía Sebastian-8-V9340, Técnico Jefe de dicho centro, quien había sido el encargado de transmitir a los Consejeros el descubrimiento hecho por el Centro de Investigaciones Espaciales unas horas antes.
- Como pueden ver, la situación es de extrema gravedad – dijo Sebastian-8-V9340 para terminar su exposición. Los rostros de los Consejeros reflejaban la importancia de la información recibida.
- ¿Por qué no lo hemos previsto? Tenemos gran cantidad de instrumental dedicado exclusivamente a vigilar nuestro Sistema Solar – preguntó el Consejero Principal.
- Apareció de repente, señor. Sin más – explicó Sebastian-8-V9340.
- Supongo que han verificado los cálculos... – dijo el Consejero de Información.
- Sí, señor. No hay posibilidad de error. El asteroide pasará cerca de Marte, sin peligro alguno para nosotros. Impactará en la Tierra diez días después – dijo Sebastian-8-V9340.
- ¿Qué tamaño tiene el meteoro? – preguntó el Consejero de Información.
- Similar al de Marte, señor – respondió Sebastian-8-V9340.
- ¿Qué consecuencias tendrá el impacto para la Tierra? – preguntó el Consejero de Relaciones Exteriores.
- Su destrucción total, señor – contestó Sebastian-8-V9340.
Un murmullo se alzó entre los Consejeros. Levantando la voz el Consejero de Información lanzó una pregunta al resto:
- ¿Informaremos a la población mediante el ‘Programa Klaus’?
Los Consejeros se miraron unos a otros para después fijar la mirada en el Consejero Principal, quien dijo:
- Lo más conveniente será informar mediante el procedimiento ordinario. Lo hará usted, señor Consejero de Información.
- ¿Se ha informado de esto a las autoridades terrestres? – preguntó el Consejero de Información.
- Sí, ciudadano – esta vez fue el Consejero de Relaciones Exteriores quien respondió -. Aunque se hallan en guerra, han acordado un alto el fuego para abordar el problema. Según nos han informado, lanzarán varios misiles para tratar de interceptar el asteroide.
Cientos de misiles salieron de la Tierra en busca del asteroide. La mayoría de ellos impactaron con éxito en él. Sin embargo no se produjo nada apreciable. La densidad de la roca era enorme, esto unido a su endiablada velocidad hizo inútil el intento de destruirle. La mole avanzó inmisericorde hasta impactar en la Tierra. La violencia del impacto provocó que el planeta azul se saliera de su órbita. Convertido en bola de fuego comenzó una trayectoria que le dirigía directamente al Sol.
- No es posible – musitó Sebastian-8-V9340, el Técnico Jefe del Centro de Investigaciones Espaciales. En la pantalla del Panel de Control aparecían, sin embargo, gran cantidad de datos que contradecían esas palabras.
Sebastian-8-V9340 manipuló con impaciencia el teclado del Panel de Control para conseguir comunicación directa con el Consejero de Investigación, su superior directo. El resto de Técnicos permanecían en silencio, alrededor de Sebastian-8-V9340. La pantalla del Panel de Control mostró el rostro de un hombre de unos cincuenta años. Vestía uniforme plateado. Se trataba del Consejero de Investigación. Sin esperar a que Sebastian-8-V9340 comenzase a hablar, el Consejero tomó la palabra:
- Salud, ciudadano. Gracias a las imágenes de los satélites hemos podido ver con toda claridad el impacto. Todo ha ocurrido según sus cálculos. Ha hecho un gran trabajo.
Sebastian-8-V9340 escuchó con impaciencia las palabras del Consejero, tras lo cual dijo:
- Salud ciudadano. Señor, ha de reunir el Consejo.
El Consejero se vio sorprendido por la rotundidad de las palabras de Sebastian-8-V9340, adoptando un rictus de seriedad en su rostro.
- ¿Qué ocurre, Sebastian?
- Señor, creo que lo mejor será que les informe en la reunión del Consejo, como dispone el protocolo.
- Está bien, Sebastian. En media hora tendré reunido el Consejo en el Volkshalle. Supongo que será un asunto grave – dijo el Consejero con preocupación.
- De la máxima gravedad, señor.
Cuando Sebastian-8-V9340 llegó al Volkshalle, los Consejeros se hallaban ya reunidos en torno a la gran mesa oval. La sala de juntas estaba presidida por un enorme retrato de Klaus, ‘El Supremo’. Al entrar Sebastian-8-V9340 en la sala, cesó el cuchicheo que mantenían los Consejeros. El Técnico Jefe se colocó en el extremo de la alarga mesa. Su rostro reflejaba una gran preocupación.
- Salud, ciudadanos. Si me permiten, entraré en materia – dijo Sebastian-8-V9340.
- Hágalo, por favor – instó el Consejero Principal.
- Como todos ustedes han visto, el asteroide que localizamos días atrás ha impactado contra la Tierra – explicó Sebastian-8-V9340. Un murmullo de asentimiento surgió en la sala, el Técnico Jefe lo acalló continuando su exposición -. Como resultado del impacto grandes pedazos del planeta Tierra se han desgajado de él. Uno de ellos colisionará con Asgard en unos quince días -. Al compartir la información, Sebastian-8-V9340 notó que se quitaba un peso de encima.
Las palabras del Técnico jefe provocaron un gélido silencio. Los Consejeros se miraban unos a otros estupefactos, sin saber que decir. Fue el Consejero principal quien rompió aquel incómodo silencio:
- Utilizaremos los Cañones de Fuego Eléctrico para destruirlo.
- Es demasiado grande, señor. No hay nada que podamos hacer – explicó Sebastian-8-V9340.
- Está bien. Gracias ciudadano, puede retirarse – dijo el Consejero principal dirigiéndose a Sebastian-8-V9340 abandonó la sala de juntas. El silencio se mantuvo unos instantes. El Consejero Principal tomó la palabra de nuevo:
- Es necesario poner en marcha el plan ‘Letargo’.
- En un par de días estaría todo a punto, ciudadano – dijo el Consejero de Seguridad.
- Bien. Ocúpese de ello entonces. Nos marcharemos a la mayor brevedad – pidió el Consejero Principal.
Los Consejeros vieron desaparecer en el horizonte la gran cúpula de cristal. Faltaban pocos días para que el pedazo de Tierra desgarrado por el meteorito impactase en Asgard. El vehiculo aéreo en el que viajaban les llevaría hasta ‘La Madriguera’: un refugio subterráneo construido en el otro extremo de Marte, como parte del plan ‘Letargo’. Contaba con todo lo necesario para garantizar la vida los Consejeros y su personal de confianza, unas sesenta personas, durante unos quince años. Pasado ese tiempo sólo Dios sabía que les depararía el destino.