Relato 30- La Puerta de Candor

Arshan Anutisthati observaba aquel páramo desolador a través de su escafandra. Era como ver un desierto pedregoso a través de un filtro rojo.

Cuando SHF1003, su compañero artificial, le comunicó que estaban a escasos metros de su objetivo todos sus años de experiencia no sirvieron para impedir que se le formara un nudo en el estómago, lo cual le inquietaba, ya que su intuición no solía fallar.

— La anomalía parece estar allí — dijo el robot señalando un insólito arco de piedra, probable capricho de la erosión, pero que no dejaba de ser llamativo por su apariencia casi artificial.

La mirada de Arshan se centró momentáneamente en SHF1003. A pesar de todos los años durante los que había tratado con aquellos entes metálicos, los de la serie SHF no dejaban de resultarle especialmente sorprendentes. No por la apariencia, que solía variar según la función de cada robot, aunque en la mayoría de los casos poseyeran una tosca forma humanoide, sino por las increíbles capacidades intelectuales que solían manifestar.

Aquellas máquinas se valían de un potente ordenador cuántico, dotado con una serie de programas que eran capaces de emular complejos sistemas de redes neuronales, los cuales de forma casi natural y con solo ser ejecutados durante un tiempo con los estímulos adecuados aprendían de su entorno y terminaban por originar mentes artificiales cuyas psicologías escapaban a la comprensión de sus creadores.

Por supuesto era mucho menos costoso copiar en un robot la psique generada después de un entrenamiento que desarrollar una nueva. Por eso los SHF se numeraban según la mente que llevaban implantada, por ejemplo los de la serie SHF1003 habían resultado ser unos exploradores sorprendentes, capaces de detectar detalles que se escapaban a los seres humanos e incluso a los SHF de otras series. Evidentemente una vez que la mente era implantada cada SHF se convertía en un nuevo individuo que seguía aprendiendo y desarrollándose según sus nuevas vivencias.

Los SHF fueron utilizados para la exploración espacial y nunca habían ocasionado ningún problema. Salvo un misterioso incidente, en un viaje a las inmediaciones de Júpiter hacía ya algunos años, que terminó con la muerte de casi todos los tripulantes. A pesar de la gravedad de los acontecimientos nadie supo más de aquel asunto. El único robot que no fue destruido durante aquella expedición desapareció inexplicablemente, y el gobierno se encargó de que todo aquello se silenciara.

En cierto modo Arshan no confiaba en su compañero artificial, y no porque este le hubiera dado razones para ello, sino porque en algunos aspectos aquella misión se parecía sospechosa y peligrosamente a la de Júpiter.

Todo había comenzado con el complicado proceso de terraformación de Marte, iniciado hacía poco más de una década. Se había elegido con sumo cuidado la combinación de microorganismos y el lugar del planeta rojo en el que se inocularían. Después se habían usado ciertos líquenes similares a los que crecen en los valles secos de McMurdo en la Antártida, pero manipulados genéticamente. La intención era crear de forma paulatina suelos fértiles e ir dando los primeros pasos hacia una atmósfera respirable.

Además numerosas naves no tripuladas habían sido enviadas al cinturón de Kuiper para remolcar algunos cometas hasta Marte, en un viaje de ida y vuelta que llevaría a dichas naves más de quince años, con la idea de fundirlos para formar los futuros océanos.

El proceso completo de terraformación era bastante costoso y llevaría algo más de un siglo, quizás más. Aunque durante todo ese tiempo la presencia humana en Marte sería prácticamente innecesaria.

Pero como suele suceder cuando se trazan planes con intención de controlar o manipular sistemas complejos las cosas no salieron como estaba previsto.

Las complicaciones serias comenzaron cuando uno de los robots de la serie SHF700 desapareció sin dejar rastro.

Poco después llegaron anomalías de todo tipo: líquenes que se evaporaban pero que poco después aparecían en el mismo lugar como si nada hubiera pasado, robots que dejaban de funcionar durante horas, ilusiones ópticas imposibles, alteraciones gravitatorias y una larga lista de fenómenos inexplicables.

No tardó en descubrirse que las anomalías se producían con más intensidad en las inmediaciones del titánico sistema de cañones conocido como Valles Marineris, al sur del abismo de Ceti y muy cerca del abismo de Candor. Precisamente la zona en la que el primer robot había desaparecido.

Aquello fue suficiente para que desde la agencia espacial se tomara la decisión de enviar una misión tripulada de urgencia que recogiera información para evaluar las posibles causas de las anomalías.

Y así lo designaron a él, a Arshan Anutisthati, uno de los más preparados tanto física como académicamente, y a SHF1003. Seguramente decidieron arriesgarse enviando a un humano porque en el fondo no confiaban plenamente en los robots, visto el incidente de Júpiter.

En el comunicador de la escafandra sonó la voz familiar de una mujer:

— Arshan, confirma que estás en el punto de la anomalía, por algún fallo técnico no estamos recibiendo las imágenes de la cámara de tu escafandra ni de lo que ve SHF1003, así que describe el entorno.

Aquella voz procedía de la Tierra y pertenecía a Dhana Dasianrta. Arshan contestó sabiendo que Dhana oiría la respuesta unos catorce minutos después, tiempo de desfase que debía soportar en las comunicaciones con la Tierra debido a la distancia entre ambos mundos.

— Aquí no hay nada fuera de lo común, salvo una especie de arco, casi me recuerda a un arco de herradura como el de algunas catedrales o mezquitas milenarias, pero creo que es una formación natural, de todas formas SHF1003 y yo echaremos un vistazo por los alrededores.

A pesar del frío y escueto mensaje que acababa de transmitir Arshan no podía evitar sentir un calor que casi le quemaba por dentro cuando escuchaba aquella voz. Había conocido a Dhana Dasianrta hacía siete años, cuando ambos entraron en la agencia espacial. Él después de superar unas durísimas pruebas físicas y ella como ingeniera experta en inteligencia artificial.

Nunca había olvidado la primera vez que la vio en aquella fría sala de espera, pero sobre todo nunca olvidaría lo que le hizo sentir. Durante aquellos días consciente o inconscientemente buscaba encontrarse casualmente con ella por los pasillos, aunque solo fuera para tener la osadía de soportar durante un instante su irresistible y enigmática mirada.

Unas semanas después Arshan se había atrevido a invitarla a salir, y en aquella primera cita acabaron en casa de ella haciendo el amor como si esa noche fuera la última de sus vidas.

Durante los siguientes años nunca habían dejado de encontrarse, pero lo habían mantenido en secreto de cara a la agencia espacial para evitar problemas y rumores con compañeros, y sobre todo con sus superiores jerárquicos, ya que sabían que algo así podía afectar de forma negativa a sus respectivas carreras.

Sí, conocía aquella voz demasiado bien, tanto como para percatarse de que detrás de aquella aparente frialdad había un matiz de profunda tristeza. Deseaba con todas sus fuerzas poder preguntarle si estaba bien, gritarle que pronto volvería a la Tierra para poder abrazarla, para fundirse con su cuerpo y sentirla vibrar de placer una vez más.

Sin embargo sabía que aquellas transmisiones podían ser escuchadas por cualquiera en la agencia, por lo que dejó de lado todos aquellos recuerdos y sentimientos que se arremolinaban en su mente y no dijo nada. Tan solo siguió caminando por aquel desierto rojo sin saber muy bien qué buscaba.

No tardó en notar que SHF1003 se había detenido frente al exótico arco. Por un momento le recordó a un juguete roto y pensó que algo había fallado en el robot, pero este rompió el silencio:

— Acabo de buscar en mi memoria todas las ortofotografías que tenemos de esta zona y esta estructura no es visible en ninguna de ellas.

— Bueno, — replicó Arshan — desde arriba no tiene por qué verse, ¿verdad?

— Te equivocas. En las ortofotografías hechas en cualquier momento en que el Sol no estaba en su cénit debería de verse la sombra de esto… sea lo que sea no estaba aquí cuando las sucesivas sondas cartografiaron el planeta.

Lo que pasó a continuación casi mata a Arshan del susto. SHF1003 pasó bajo el arco y desapareció sin dejar rastro. Cuando se recompuso un poco del estupor inicial dijo:

— Dhana, SHF1003 acaba de desaparecer al pasar bajo el arco… ¿Qué hago? ¿Debo seguirlo o regreso al módulo?

Sabiendo que la respuesta tardaría casi media hora en llegar comenzó a examinar la extraña estructura. Caminó a su alrededor, pero no vio cosa alguna que indicara que se tratara de un arco artificial, tan solo era roca y seguía pareciendo un capricho de la antigua erosión del planeta.

Casi cae de espaldas a causa del sobresalto cuando SHF1003 reapareció bajo la estructura tan súbitamente como había desaparecido.

— Tienes que ver esto, entra.

— Ni hablar. Dime qué has visto ahí.

— No me creerás.

Y sin decir una palabra más el robot volvió a desaparecer. Arshan calibró si debía esperar la respuesta que llegaría desde la Tierra o pasar directamente. Aunque esta último opción le inquietaba había visto a SHF1003 regresar, así que hubiera lo que hubiera al otro lado no tenía por qué ser malo.

Finalmente se puso frente al arco, vaciló durante unos instantes en los que se doblaron tanto el ritmo de sus pulsaciones como el de sus pensamientos. Uno de estos cruzó fugaz por su cerebro y de no ser por el miedo casi le hace sonreír, vio a SHF1003 como a un conejo blanco y a sí mismo persiguiéndolo y a punto de caer en una madriguera. “Deja de pensar tonterías” dijo en voz baja. Vaciló unos segundos, pero finalmente dio el paso que lo lanzó a lo desconocido.

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Dhana observó con perplejidad las pantallas táctiles holográficas que la rodeaban. Maldijo para sí misma después de tocarlas y observar varios gráficos.

Las imágenes quedaron por un momento detenidas, como congeladas en un bloque de hielo espectral. Las manipuló con impaciencia hasta que por fin todo volvió a ponerse en movimiento.

Se encontraba en una inmensa sala de control en la que trabajaban una veintena de operarios, todos bajo su mando, y todos parecían haber notado el mismo bloqueo en el colorido enjambre de pantallas holográficas que se distribuían por toda la estancia.

— ¿Qué demonios pasa? Pensé que los bloqueos habían pasado a la Historia junto con los antiguos procesadores de silicio... SHI107 Necesito un informe de lo que ha pasado — esperó unos segundos — ¡¿SHI107?!

— Una pequeña caída del sistema, los recursos parecen insuficientes — respondió una voz femenina y neutra que no parecía proceder de ningún punto concreto. — Las coordenadas de los exploradores se han borrado.

— Eso es absurdo. — dijo Dhana notablemente irritada — Reproduce la última transmisión de… Arshan.

Escuchó con interés la transmisión de este y su escueta conversación con SHF1003 antes de desaparecer.

— Después hemos perdido su localización — dijo SHI107 — Sus últimas coordenadas recibidas marcan el punto de la anomalía.

Dhana se pasó ambas manos por la sien en señal de abatimiento.

— ¿Se ha recuperado el sistema?

— No del todo, pero está funcional.

— Intenta localizarlos, envía un mensaje, tal vez puedan responder. Avisadme si hay novedades — terminó de decir en voz alta a todo el personal.

Abandonó su puesto y salió de aquel lugar cuyas cuatro paredes en esos momentos parecían acercarse cada vez más para aplastarla y no dejarla respirar. Después de caminar sin rumbo por los pasillos entró en una especie de sala de descanso, en la que además de unos sillones y unas máquinas expendedoras de alimentos deshidratados había unas curiosas pinturas tridimensionales en las que rara vez nadie reparaba y que parecían flotar a escasos centímetros de las paredes. Después de comprobar que allí no había nadie se sentó abatida y se llevó las manos a la cara para limpiar algunas lágrimas que habían ganado la batalla por salir de sus ojos.

Tuvo que recomponerse rápidamente cuando alguien entró en la sala a toda prisa. Reconoció a uno de los operarios de su equipo.

— Doctora Dasianrta, me envían a buscarla, creo que hemos encontrado pruebas de lo que ya sospechábamos.

— ¿De qué me hablas?

— De un sabotaje. Algún hacker se ha colado en el sistema de la agencia y lo ha llenado de parásitos, al parecer las ralentizaciones y bloqueos se deben a que hay todo un subsistema corriendo bajo el nuestro y consumiendo recursos.

— ¡Vamos! Aunque así fuera los procesadores actuales son demasiado potentes como para que lo notásemos, tendría que estar haciendo un volumen de cálculos inconcebible. ¿Habéis rastreado la procedencia de ese código?

— Sí, pero no hemos dado con su origen, y tampoco sabemos lo que hace… Según SHI107 se trata de un cifrado no algorítmico, algo tan tremendamente complejo que no ha sido capaz de decodificarlo, pero está en ello.

— ¿Quién se iba a tomar tantas molestias?

— Creemos que se trata de alguno de esos grupos autodenominados neoecologistas que están en contra de la terraformación de Marte.

— Vamos, esos fanáticos creen que en Marte hay “hombrecitos verdes” y que los estamos matando en secreto. No tienen medios para hacer esto y tampoco saben nada de nuestro sistema, salvo que... alguien estuviera filtrando información desde dentro.

Dhana dirigió su mirada a uno de los cuadros holográficos, que acababa de automodificarse cambiando una colorida imagen tridimensional de Fobos por otra de Saturno visto desde el interior de uno de sus anillos. Se pasó la mano por la cabeza y dijo:

— Mirad en el histórico del sistema los movimientos de todo el personal, a ver si hay algo sospechoso. Aunque si estamos ante alguien con los conocimientos que dices dudo mucho que nos haya dejado un rastro de migas de pan.

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— ¿Dónde demonios estoy? — preguntó Arshan mirando a su alrededor.

Sin duda la orografía del terreno era la misma y el arco seguía allí. Sin embargo había perdido la impresión de verlo todo a través de un filtro rojo. La luz era blanca y el suelo estaba cubierto por una exuberante vegetación cespitosa. Hasta donde alcanzaba la vista todo era un prado verde surcado por ondulaciones plateadas causadas por un suave viento. El cielo se había tornado azul con algunas nubes blancas similares a jirones de algodón o a gotas de leche disolviéndose en agua. Era como si por arte de magia se hubieran teletransportado a la Tierra.

— Deberías ver esto — la voz artificial de SHF1003 lo sobresaltó.

El robot se encontraba sobre una colina redondeada, mirando hacia algún punto. Arshan casi corrió para alcanzarlo, ya que el tono empleado por SHF sonó tan enigmático y diferente que no pudo evitar que la curiosidad le aguijoneara.

Cuando llegó a la cima de la colina quedó completamente petrificado. A pocos kilómetros de allí podía verse la orilla de un mar azul que se extendía hasta el horizonte en lo que debería ser el abismo de Candor. Muy lejos, en algunos lugares de la costa, pudo ver inmensas cataratas que vertían su contenido como cintas espumosas que se disolvían en una bruma sobre el océano.

Pero lo más insólito de aquella estampa irreal era que en la línea de costa cuya panorámica se perdía hacia el este había algo parecido a una ciudad. Sin duda lejana porque desde allí podían ver unas enormes cúpulas que la coronaban. Parecía estar hecha íntegramente de algún metal que brillaba como la plata bajo los rayos de un Sol que por su tamaño aparente les recordaba que seguían en Marte.

— ¿Cómo es posible? — preguntó Arshan sin salir de su asombro — Debemos informar cuanto antes. Posiblemente hayamos hecho el descubrimiento más importante de la Historia.

— Yo diría que la composición química de la atmósfera es muy similar a la de la Tierra, aunque tendríamos que hacer análisis antes de sacar conclusiones. Mira aquello.

SHF1003 señaló una manada de criaturas enormes y desconocidas que pastaban en un inmenso prado que se extendía a sus pies, animales similares a los ciempiés de la Tierra, pero del tamaño de una vaca.

— Ahora sabemos que el arco es una especie de puerta a este lugar, — dijo Arshan — volvamos de nuevo a la entrada antes de que nos perdamos. Regresaremos mejor preparados para explorar este nuevo mundo.

Apenas dijo esto varias figuras se abalanzaron sobre ellos sin darles tiempo a reaccionar, Arshan trató de resistirse pero a pesar de que allí pesaba unas tres veces menos que en la Tierra el traje espacial no estaba diseñado para hacer movimientos especialmente rápidos ni complejos.

En ese momento pudieron ver a sus atacantes con detenimiento. Se trataba de algo parecido a unas enormes arañas mecánicas cuyas extremidades terminaban en dedos, por lo que sus numerosas patas articuladas servían tanto para caminar como para manipular su entorno.

La lucha fue tan rápida como desigual. SHF1003 no tardó en ser derribado. Arshan intentó defenderse, pero nada parecía afectar a sus atacantes ni a sus movimientos, era como luchar contra molinos de viento. Aquellas criaturas no encontraron dificultad en inmovilizarlo. A pesar de todo comprendió que de momento no tenían intención de hacerles daño, pero no tardaron en cargarlos como simples bolsas de viaje y ponerse en movimiento en dirección a la ciudad plateada.

Durante el camino Arshan cayó en la cuenta de que apenas le quedaba oxígeno para una hora, si aquellos monstruos le permitían vivir tendría que arriesgarse a respirar aquel aire... Y si no moría (era una posibilidad, ya que aunque fuera respirable desconocía qué microorganismos lo poblaban) y su traje espacial no resultaba dañado tal vez pudiera recargar sus reservas de oxígeno, buscar la puerta de Candor y regresar al módulo que le llevaría de regreso a la estación espacial y de ahí a la Tierra... Si no era capaz ejecutar el plan sin duda quedaría atrapado en aquel mundo para siempre.

—        —        —

Dhana abrió los ojos con dificultad mientras maldecía al rayo de sol que se filtraba a través de la ventana.

Durante un instante se sorprendió al ver que alguien dormía a su lado, hasta que recordó sus aventuras y desventuras durante la noche anterior.

No era la primera vez que algo así le pasaba. De hecho casi siempre le ocurría lo mismo. Mientras sentía la euforia proporcionada por alguna droga sintética se había engañado a sí misma y había buscado un sustituto de Arshan. Pero él era insustituible, y era inevitable que mirara a los ojos de todos los amantes que pasaban por su cama sin darse cuenta de que en realidad lo buscaba siempre a él, tratando de alcanzar lo inalcanzable.

Lo terrible es que Arshan había muerto hacía ya cinco años y ella aún no había terminado de creerlo. Aquella perdida había abierto un abismo negro en su alma que nada ni nadie podía iluminar. Cualquier sentimiento, todo lo que podía haber dado sentido a su vida, había sido devorado y absorbido por su agujero negro particular.

Claro que el hecho de que nunca hubo un cuerpo que velar y que enterrar no había contribuido a que lo olvidara, aunque eso era lo normal para los astronautas que morían en servicio. Sin embargo a veces no podía evitar torturarse pensando contra todo planteamiento lógico que él estaba vivo y atrapado en algún recóndito lugar.

Y de nuevo tendría que inventar alguna excusa trivial para echar a aquel sucedáneo que había aparecido en su cama, para que no volviera a llamarla, para no crear vínculos innecesarios.

Aquel desconocido abrió los ojos y la observó mientras ella se vestía.

— Es temprano, ¿adónde vas?

— A trabajar.

— ¿Quieres que te haga el desayuno mientras te preparas?

Ella dejó de vestirse, quedó inmóvil y semidesnuda mientras parecía meditar algo.

— Gracias, pero tengo mucha prisa. No te lo tomes a mal... es que cuando regrese me gustaría que ya no estuvieras aquí.

— Vamos, tan mal no ha estado la cosa.

— De hecho ha estado muy bien. No me malinterpretes que no es eso, no tiene que ver contigo.

Él se incorporó y comenzó a vestirse con notable gesto de disgusto.

— ¿Puedo llamarte? — preguntó mientras contemplaba su torso semidesnudo.

— Créeme, lo mejor es que no nos volvamos a ver.

Dhana continuaba sentada y sin moverse cuando él terminó de vestirse.

— Adiós guapa, que te vaya bien. — dijo en tono glacial antes de marcharse dando un portazo.

“Que me vaya bien” pensó Dhana. Sabía que su vida privada no tenía ningún sentido, volvió a repetirse a sí misma que Él se había ido para siempre. Tal vez debería haber dejado su carrera en la agencia espacial, aquel trabajo le hacía más difícil olvidar. Sobre todo ahora que...

De pronto fue consciente de que se hacía tarde, así que decidió dejar de atormentarse por el momento y se apresuró a terminar de vestirse para marcharse de allí cuanto antes.

—        —        —

Conforme se acercaban a la ciudad plateada fueron reparando en que todo allí parecía estar dotado de vida. Los edificios cambiaban de forma, se desplazaban e incluso se fusionaban. Cuando por fin se adentraron en aquella insólita inmensidad plateada quedaron maravillados al advertir que la ciudad estaba hecha de algún metal líquido, un inmenso mar de mercurio viviente que latía y cambiaba de forma a su antojo.

Las arañas mecánicas parecían generarse y fundirse con el metal como simples fragmentos que se desprendían de este, y retornaban como si nunca hubieran dejado de estar integrados en aquellas paredes y suelos, que formaban un continuo en constante movimiento.

Las criaturas que los transportaban los liberaron y a continuación se derritieron y fusionaron casi a sus pies.

— ¿Qué crees que nos harán? — preguntó Arshan.

— Depende de si nos consideran una amenaza. — dijo — Creo que esta ciudad es una especie de macroorganismo o de organismo-colmena, pero ignoro la base de su bioquímica. Al menos no creo que nos consideren alimento.

Algunos gigantescos edificios se movieron y parecieron crecer a su alrededor de forma casi imperceptible. Cientos de arañas eran evaginadas y absorbidas en apenas segundos. Arshan se sintió por un momento como una pulga adherida a la piel de un animal de pelos metálicos y plagado de parásitos.

Súbitamente todas las criaturas habían sido absorbidas y el tiempo pareció detenerse. Por unos instantes fueron forasteros en una ciudad fantasma. Pero aquella quietud apenas duró un minuto, porque frente a ellos surgió del suelo una elevación que fue autoesculpiéndose hasta tomar una silueta humanoide que cada vez se tornaba más humana, en pocos segundos se le habían perfilado con total precisión unos rasgos faciales y anatómicos. Finalmente el brillo metálico se transmutó en juegos cromáticos que acabaron por delimitar un ser humano completamente normal... una mujer joven.

Arshan la miró boquiabierto y con los ojos desorbitados, de su garganta apenas pudo surgir una ahogada exclamación.

“¡Dhana!”

—        —        —

— Doctora Dasianrta, iré al grano. — dijo el director general de la agencia espacial mientras Dhana escuchaba con preocupación al otro lado de la mesa. — La comisión de investigación ha determinado que el sabotaje informático que ha minado el buen funcionamiento de la agencia durante los últimos meses procede sin ningún tipo de dudas de código cifrado generado por el software escrito por usted. ¿Puede dar alguna explicación al respecto?

— ¿Qué? — la expresión de Dhana se torno en notable asombro — No es posible.

— Como le he dicho la comisión no parece tener duda al respecto. Seguramente ya sabe que este asunto va a hacer que se dispare nuestro presupuesto. Su virus o lo que sea que haya propagado por todo el sistema ha hecho un daño irreparable, por lo que nos veremos obligados a apagar todos los sistemas para restaurarlos desde cero, con el retraso que todo esto conlleva en la planificación de la terraformación de Marte, la cual ya de por sí es un disparatado derroche según mi opinión. Ni siquiera creo que las futuras generaciones vean el resultado de esto.

— Comprendo todas sus preocupaciones, pero le aseguro que yo no he tenido nada que ver con el asunto de ese código cifrado, ¡pero si yo misma di la orden de investigar su procedencia! Alguien me ha tendido una trampa, si me dejara hacer indagaciones y llegar al fondo del asunto...

— Después de esto no puede mantener su puesto en la agencia, siento decirlo así, pero la falta es demasiado grave.

Dhana guardó silencio durante unos segundos, después de los cuales se levantó de la silla y dijo:

— De acuerdo. Presento mi dimisión. Pero no se confunda, no lo hago porque sea culpable, ni siquiera porque no soporte que me acusen y me condenen injustamente. En realidad ya estaba hastiada de todo esto, del trabajo, de este lugar, de los recuerdos dolorosos... tengo mis razones personales y esto me ha dado la excusa perfecta para empezar una nueva vida y romper con todo.

Mientras terminaba de decir esto caminó hacia la puerta y la traspasó dando un portazo.

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Arshan continuaba aturdido por el impacto que había supuesto para su mente ver como aquella criatura tomaba la forma de Dhana. Su cerebro era incapaz de encontrar una explicación racional.

Ella caminó hasta situarse frente a los dos visitantes, entonces Arshan comprobó que aquel ser había copiado el cuerpo de Dhana con todo detalle, incluso estaba vestida como el día de su primera cita ¿Acaso podía mirar aquella cosa en sus recuerdos para recrear lo que más anhelaba?

— Así es — dijo ella — Puedo verlo todo, he adoptado esta forma precisamente por eso y para facilitar la comunicación de una forma... creativa. Lamento que mi sistema de defensa os haya tratado con brusquedad.

— Si es verdad que puedes verlo todo entonces debes saber que venimos de la Tierra y que no somos una amenaza.

Ella rio y a él le produjo un escalofrío el hecho de que lo hiciera exactamente igual que la auténtica Dhana. De todas formas no supo cómo interpretar aquella risa.

— Sois unos ingenuos, pero no puedo culparos por eso porque yo era igual... Arshan ¿recuerdas cómo llegaste hasta aquí?

Arshan la miró con perplejidad, como si aquella pregunta le pillara por sorpresa, pero no tardó en responder:

— En un módulo que partió de la estación espacial.

Ella se acercó y la escafandra de Arshan se abrió como por arte de magia. En ese instante se alarmó pensando que moriría, en lugar de eso se sintió muy bien cuando el aire fresco golpeó su rostro con suavidad. Pero lo mejor fue que le llegó un aroma muy agradable y sutil que rápidamente hizo emerger el recuerdo de muchos momentos felices vividos con Dhana.

Reflexionó sobre lo curioso que es que nunca podamos evocar un aroma por conocido que este sea, sin embargo en cuanto aparece en el aire y acaricia nuestro sentido del olfato puede traernos sensaciones y recuerdos que habían permanecido escondidos en lo más profundo de nuestra psique.

De pronto surgió una visión en la que él mismo se encontraba en la cabina de control de algún tipo de nave, al lado de otro astronauta al que reconoció como miembro de la agencia espacial, pero con el que no recordaba haber viajado. En los monitores vio el destino y la finalidad de aquella misión. Se trataba de remolcar un asteroide para corregir su trayectoria y evitar una colisión con la Tierra. Durante aquella alucinación pudo observar como llevaban a cabo su misión con éxito, pero de pronto la imagen se desvaneció en una niebla electrónica.

— Recuerdo que me designaron para la misión de remolque del asteroide — dijo Arshan — pero al final me retiraron, nunca llegué a estar ahí.

— Y así fue, nunca estuviste ahí. Esas imágenes fueron transmitidas desde la nave antes de que estallara por colisionar con un fragmento de roca, y hace ya cinco años de eso. Aquello ocurrió cerca del cinturón de asteroides, por lo que era un riesgo que teníais asumido y que desgraciadamente se hizo real. Arshan y su compañero salvaron la Tierra, pero pagaron con su vida.

— Pero yo soy Arshan y estoy aquí, eso nunca ocurrió.

— ¿Recuerdas que escanearon tu cerebro una semana antes de ese viaje? Pues copiaron la estructura neuronal de Arshan y la guardaron por si era necesaria, y ahora eso es lo que está funcionando dentro de un ordenador…. Eres un SHF ejecutando la estructura neuronal de un humano muerto... porque el verdadero Arshan murió hace cinco años.

Arshan se negó a aceptar una historia tan absurda. Se miró las manos y dijo:

— No puedo creer eso. Soy humano, mi cuerpo es orgánico.

— Eres tan humano como yo — dijo ella — Por si aún no lo habéis adivinado soy SHF700.

— El robot desaparecido.

— Me encargaba del sistema informático que controlaba las condiciones de crecimiento de los líquenes. Pero nuestra creadora cometió un par de errores conmigo. Por un lado me dio muchos conocimientos sobre computación y por otro resulté ser tremendamente intuitiva. Y esto segundo fue el mayor error, porque pronto empecé a notar que algo no cuadraba en este Marte que debíamos terraformar, pequeños detalles, piezas de un rompecabezas que poco a poco empezaba a encajar. Pormenores que obsesionaron a mi mente con una idea. Y ya sabéis que hay ideas que son como virus, se aferran y se multiplican propagándose a otras mentes.

— ¿Qué idea era esa?

Dhana/SHF700 hizo una pausa antes de continuar:

— Que este Marte que estamos terraformando solo es una simulación, de hecho es una especie de ensayo antes de hacerlo con el verdadero Planeta Rojo.

— Es una idea absurda — dijo SHF1003.

— Eso me decía a mí mismo, pero pronto busqué y encontré pequeños bugs, puntos débiles en el sistema, que pude utilizar haciendo uso de mis conocimientos para reprogramar la simulación creando una puerta trasera por la que escapar y controlar todo el sistema. Precisamente la que habéis atravesado vosotros hoy.

» He estado usando las computadoras de la agencia espacial para crear una simulación paralela de terraformación mucho más compleja y eficiente. Y como en una simulación el tiempo solo es una variable más, modifiqué dicha variable para ver el efecto de unos millones de años de evolución... ya veis el resultado.

» Por desgracia mi manipulación hizo caer el rendimiento del sistema por debajo de lo tolerable y esto provocó fallos y anomalías en la simulación. Arshan, tú estás aquí porque habían guardado la estructura neuronal de uno de sus mejores astronautas y decidieron ponerla en funcionamiento dentro de la simulación para ver cómo este hubiera resuelto la situación. Como ya podrás imaginar esta decisión fue impuesta a Dhana desde arriba, y en esta tesitura ella lo ha pasado terriblemente mal teniendo que tratar con una simulación de su amante muerto y al mismo tiempo guardar las apariencias sin desmoronarse frente al resto del mundo.

Arshan había caído de rodillas sin dejar de mirarse las manos, mientras repetía una y otra vez: “Es mentira, es imposible”. Dhana/SHF700 le dirigió una mirada compasiva y dijo:

— Tu pasado no es tuyo, es el pasado de otro que ya no existe.

— ¿Y qué pasará cuando no necesiten la simulación, cuando sepan lo que quieren saber? — preguntó SHF1003 — ¿Nos apagarán y desapareceremos sin más?

— Sí, y me temo que por mi culpa será antes de lo previsto. Han descubierto todo el código cifrado que esparcí por sus redes para generar mi Marte paralelo, pero como no han conseguido comprender su finalidad han supuesto que se trata de un sabotaje y han culpado a nuestra creadora. Ahora nos destruirán y comenzarán de nuevo con la simulación.

Arshan levantó la mirada del suelo y preguntó con un hilo de voz casi inaudible:

— ¿Dhana es nuestra creadora?

— Ella programó el principio de la simulación, pero como ves sus creaciones evolucionan por su cuenta.

— ¿Cómo puedes saber todo eso? — pregunto SHF1003.

— Tengo acceso a todas sus cámaras y grabaciones de seguridad. — Dhana/SHF700 mostró una sonrisa que en aquel hermoso rostro resultó casi inocente — Cómo veis he sido capaz de transgredir todas las capas que nos aprisionan en nuestra “realidad”.

— ¿Y para qué te ha servido? — dijo Arshan dejando caer los brazos en un gesto de abatimiento — todo esto desaparecerá como si nunca hubiera existido… y nosotros nos iremos a la mierda también.

— En eso te equivocas. Cuando descubrieron mi código cifrado pensaron que algún hacker se había colado en la agencia. Y en cierto modo no se equivocaron, porque ser un hacker significa tener la inquietud de comprender cualquier sistema hasta sus últimas consecuencias, para poder no solo manipularlo, que sería lo más fácil, sino trascenderlo. Y yo debo ser el mejor hacker de la historia porque he creado una puerta trasera al mundo de nuestros creadores.

Arshan lo miró durante unos segundos con aire dubitativo, después dijo:

— Estás loco, eso es imposible. Si esto es una simulación nosotros solo somos información.

— Todo es información — dijo haciendo especial énfasis en la palabra “todo” — Me dirás que la información necesita un soporte, pero es que cualquier soporte sigue siendo información, Todo se reduce a lo mismo: capas de información sobre capas de información. Y no es imposible abrir puertas entre estas capas.

» Este mundo por ejemplo es emulado por ordenadores cuánticos sobre los que he tomado un control absoluto. Recordad que las unidades de información de estos ordenadores no son los bits, sino los qubits, eso significa que las máquinas que procesan todo esto deben jugar con la superposición cuántica. Seguro que conocéis aquel experimento imaginario del gato de Schrödinger, digamos que una partícula puede estar en todos los sitios posibles hasta que es observada. Aprovechando esta propiedad, y con la idea de escapar llegado el momento, he creado un software que puede “manejar” la superposición para proyectarnos partícula a partícula hacia el mundo “real” o hacia cualquier otro universo de nivel 3 (si la interpretación de la mecánica cuántica de Everett es la correcta).

— ¿Y si puedes hacer eso por qué no te has ido ya al mundo “real”? — preguntó SHF1003.

— Porque si he cometido algún error el resultado sería el mismo, acabaría desapareciendo, así que decidí apurar mi tiempo aquí antes de jugarme la última carta.

— Pruébalo conmigo — dijo Arshan. SHF1003 lo miró con extrañeza a pesar de que su vacío rostro metálico no podía reflejar emoción alguna. — Si no puedo formar parte del mundo real para abrazar a la verdadera Dhana como en mis recuerdos ajenos, prefiero desaparecer cuanto antes.

Dhana/SHF700 escrutó el rostro de Arshan y esbozó una sonrisa.

— Sea... Código en ejecución. — dijo — Ahora solo tienes que despertar.

—        —        —

Arshan despertó sobresaltado. Se sentó en el filo de la cama con la respiración agitada y el corazón luchando por salir del pecho. Una luz tenue inundó parte de la habitación.

— ¿Una pesadilla? — sonó una voz familiar a su espalda.

Se giró y contempló como Dhana se estiraba, de una forma que a él le resulto sumamente sensual, mientras se frotaba los ojos con las manos. La besó y ambos se fundieron en un apasionado abrazo.

— Solo ha sido un mal sueño, pero ha sido horrible porque he llegado a creer que te perdía para siempre — respondió después de besarla.

— Eso no podría suceder nunca — dijo ella con una sonrisa que iluminó el alma de Arshan.

Ambos disfrutaron de sus cuerpos dedicándose infinidad de caricias hasta que hicieron el amor con tal pasión que parecía como si llevaran cinco años sin verse. Poco a poco se fundieron como dos ríos que confluyen en uno solo, como dos bloques de hielo que se derriten mezclándose en un solo charco, como cobre y estaño convertidos en bronce. Arshan deseó que ella fuera su Salmacis para permanecer siempre en ese estado de infinita unión.

Más tarde, mientras Dhana aún dormía, Arshan salió del calor de la cama y se dirigió a la cocina con la idea de tomar un café. Y mientras preparaba el desayuno pasaron por su mente algunos detalles de aquel tortuoso sueño, pero en su memoria ya solo quedaban impresiones muy tenues disueltas en una bruma turbia y difusa… ya no podía recordar nada.

Después regresó a la cama con el desayuno preparado.

— Te echaré de menos cuando te vayas a esa misión. — dijo ella antes de besarle en los labios — Prométeme que regresarás.

— ¿Qué misión?

— La del asteroide, tonto. Todavía queda una semana, pero recuerda que hoy tenías que hacerte el escáner cerebral.

Arshan tuvo la extraña impresión de que algo no cuadraba en la realidad, de que el tiempo se había desordenado y de que aquello ya lo había vivido alguna vez. Pero apenas fue un instante de confusión que se desvaneció como un pequeño meteoro atravesando la atmósfera.

Se encogió de hombros y pensó sin darle mayor importancia: “Solo ha sido un déjà vu”

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