Relato 23 - Replicantes

 

 

─ Mis dos hermanas y yo buscábamos desesperadamente una salida dentro de nuestra propia casa. Aunque es peor que un laberinto, sé que mamá no nos dejará salir. Ellas estaban bastante asustadas y yo no sabía cómo explicarles lo que le oí decir a mamá sobre nosotras. Todas las puertas están cerradas con llave, excepto una, la que lleva directamente al jardín. Cuando conseguimos alcanzar el césped, vi que al otro lado de la piscina, unos hombres de traje gris con gafas de sol nos vigilaban. Pero sé que nunca nos hacen nada. A ellos no les tememos. Siempre se han colado dentro de la casa siguiéndonos en silencio y sin hacernos daño. Una vez Monique le pisó el pie a uno de ellos y ni se inmutó. Monique era la pequeña, tenía siete años. Luego Marie, mi segunda hermana, ella era la mediana con once años. Yo soy la mayor. Mi nombre nunca ha importado.

“Detrás de la piscina, está la salida. Es la verja de barrotes blancos que abren automáticamente, aunque también se puede abrir manualmente. Bueno, el château, era originalmente del abuelo, pero como ya sabes mamá la heredó poco después de fallecer él. Yo no lo recuerdo, solo importa lo que nos ha estado explicando mamá, pues noche tras noche nos relataba la historia de la familia. También recuerdo que un profesor nos daba lecciones de anatomía, artes marciales y tecnología. No sabría decirte cuánto tiempo hace de eso.

“En la entrada unos hombres vestidos de paisanos nos apuntaban con sus pistolas, esperando la orden de mamá. Nosotras corrimos todo lo que pudimos y las armas de fuego nos obligaron a separarnos: Monique se quedó junto al coche de mamá, Marie pegó su espalda al tronco de un gran árbol, el más anciano del château, y yo no me escondí, pues le grité a mamá:

─ ¡Por qué haces esto!

“Entonces, ella les ordenó con un gesto de cabeza que bajaran las armas. Ellos obedecieron. Luego, ella se me acercó tanto como sus guardaespaldas le permitieron. Esto fue lo que me explicó:

─ Tú y tus hermanas me estáis dando muchos problemas. He tenido que contratar a esos hombres para evitar que salgáis del château.

─ Pero, mamá… ¡queremos salir!

─ Sí, y os entiendo, pero no podéis.

─ ¡Por qué!

─ Todavía no estáis preparadas para el mundo que os espera fuera.

─ ¿Qué mundo? ¡No nos has contado nada!

─ No voy a permitir que salgáis.

─ No puedes obligarnos.

Y me dirigí a la puerta enrejada.

─ Espero que comprendas algún día porqué lo hago ─ respondió mamá amenazante, pues cuando alcancé mi objetivo, ella ordenó a sus hombres de paisano que apuntaran a Monique y a Marie. En ese momento, yo pensé que no sería capaz, pero lo hizo. Mató a mis hermanas, bueno… ya no lo son. Solo te advierto de lo que es capaz de hacer esa mujer que todos llamamos mamá.

Llevo seis años encerrada en este château. He visto cosas que no podrías ni imaginar y me han obligado a hacer otras que no me dejan dormir por las noches. Tú no eres mi hermano. ¿Acaso recuerdas tu infancia o tu pasado? Yo sí, te he visto nacer. Tú no eres Pierre, simplemente una réplica del original, como todos nosotros. Esa mujer no es nuestra madre. Tan solo nos permite que la llamemos así para hacernos creer que somos su familia. Una familia distinta cada vez, que cambia cuando ella nos elimina porque según ella hemos salido defectuosos así que no somos útiles.

─ ¿Cómo te atreves a decir esas mentiras de mamá? Ella no puede hacernos daño. Es nuestra madre.

─ Sí… y… no.

─ Yo no me creo nada de lo que dices. Vamos a salir por esa verja y jamás regresaremos a este lugar.

─ No lo conseguirás.

─ Además. Por qué tendría que creerte. Tú sigues viva.

─ Si te estás preguntando porqué es muy sencillo, según ella, a la que llamáis mamá, tendría que haber muerto con mis… hermanas, pero ella decidió “estudiar mi comportamiento”, según palabras textuales de ella. Ahora, tengo veinte años y soy su ayudante personal. Yo ya no quiero salir, ya no me importa.

─ No quiero perder más tiempo contigo, hermanita. Saldremos al jardín, rodearemos la piscina y nos largaremos de aquí.

─ Pierre, hay un problema.

─ No me vengas con tus rollos. ¡Déjame pasar!

─ No te lo permitiré.

─ ¡Apártate!

─ Está bien.

 

Y vi alejarse de mí a XY241 con indiferencia. Se llevaba con él a sus dos hermanos y a su hermana pequeña. Yo me mantuve al margen. Estaba cansada de contar la misma historia a todos los que veía nacer y morir, pero una cosa es cierta: deseaban salir vivos o muertos.

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