Relato 22 - LA OTRA PLAGA: LA TESIS SST

El Palacio del Sol Kumsusan es una mole de mármol blanco sin ventanas situado al noreste de Pionyang, capital de Corea del Norte. Fue construido como residencia del fundador y primer presidente de la República Democrática Popular del Corea,[1] Kim Il-Sung. Posteriormente su hijo y sucesor Kim Jong-Il lo convirtió en mausoleo de su padre, embalsamándole y exhibiéndole dentro de una vitrina de cristal al restringido público autorizado. Cuando Kim Jong-Il  murió y le sucedió su hijo Kim Jong-Un, éste lo embalsamó y lo colocó en otra vitrina al lado de su padre.

El palacio-mausoleo está rodeado por un muro con torretas de vigilancia y una guardia militar lo custodia, además cuenta con sistemas de seguridad de la más sofisticada tecnología. No se permite el acceso sin autorización directa del gobierno, están prohibidas las cámaras de fotos y los móviles en su interior. Es uno de los lugares más seguros y secretos del mundo.

El interior del palacio, iluminado únicamente con luz artificial pues no tiene ventanas al exterior, es austero y la escasa ornamentación de sus paredes es de rigurosa motivación comunista, con estrellas rojas, hoces y martillos grabados en los dinteles de las puertas o en las cenefas de los muros. Sin embargo, en el ala oeste del palacio, donde se sitúan las dependencias privadas de Kim Jong-Un, se abre una galería secreta que cambia radicalmente la estética del palacio. Atravesando una compuerta pasas sin solución de continuidad de la fría sobriedad comunista al empalagoso feísmo de los casinos de las Vegas. Una luz estridente con focos de colores y bolas de discoteca en los techos, paredes decoradas con motivos de Disney y constante música disco. En cada sala hay una atracción distinta, máquinas recreativas, tiovivos, karaokes, pistas de strip-tease, ruletas, barras, boleras... hasta una montaña rusa miniatura. Una mezcla atroz entre el casino Ballagio de las Vegas, disneylandia y el rancho Neverland de Michael Jackson, siempre atendido por sexys camareras orientales uniformadas como las conejitas de playboy, pero con el corsé de topos rojos y las orejas de Minnie Mouse. Todo ello para el solaz del depravado Kim Jong-Un y sus invitados.

En un dormitorio ubicado al fondo de la galería de diversión del ala oeste del palacio asesinaron a Kim Jong-Un, último presidente de la República Democrática Popular del Corea. Una mañana cuando fueron a despertarlo, después de una noche de desenfrenada orgía, lo encontraron muerto en la cama, sin aparentes signos de violencia, pero con las letras «SST» tatuadas con esmerada caligrafía en la frente y en sus rechonchos cachetes de bebé. En uno de los lugares más custodiados y seguros del planeta un asesino había entrado una noche, burlando los sistemas de seguridad más sofisticados, asesinando al líder de Corea del Norte y escapando otra vez sin que nada ni nadie lo detectara. Esa noche el tirano había compartido sus sábanas de seda estampadas de iconografía disney con tres de las camareras disfrazadas de conejitas. Hábilmente interrogadas por los verdugos del régimen las camareras se declararon autoras del asesinato, pero no se dio ningún crédito a su confesión y fueron finalmente condenadas a morir ahorcadas.

Corea del Norte era uno de los países más aislados y estancos del mundo y los detalles sobre asesinato de Kim Jong-Un no se conocerían hasta mucho más tarde. Naturalmente Corea del Norte acusó a su vecina Corea del Sur de haber urdido el asesinato de su líder junto a sus aliados Japón y Estados Unidos y le amenazó con lanzar sus misiles nucleares contra Seúl. Pero a las dos semanas de este asesinato sobrevino un nuevo acontecimiento que evitó el desastre nuclear.

Robert Mugabe poseía la mayor colección de animales salvajes disecados del mundo.  En una gran dependencia del palacio presidencial había expuestos cientos de cabezas de animales, no sólo de África sino de todos los continentes, leones, leopardos, tigres, guepardos, elefantes, rinocerontes, impalas, búfalos, gacelas, ñus, osos, panteras, bisontes, pumas,  etc. etc. etc. Era tal su afición cinegética y su costumbre de disecar sus trofeos que sus detractores afirmaban que en una cámara secreta escondía los cadáveres disecados de sus oponentes políticos asesinados. Robert Mugabe fue elegido como Presidente de la República de Zimbabue en 1987, cuando desapareció el 17 de septiembre de 2016 llevaba casi 30 años en el poder. A las tres semanas de su desaparición, el conservador de la sala donde se exponían los animales disecados encontró la cabeza de Robert Mugabe disecada y colgada como un trofeo con una placa de metal con las letras «SST» grabadas.

Pocos días después fue asesinado Islam Karimov, presidente de Uzbekistán durante más de 20 años y conocido torturador y asesino. La acción fue también rubricada con las siglas «SST».

El diario francés Le Monde se atribuyó el descubrimiento del significado de las siglas con las que se firmaban los atentados cuando publicó un artículo después del asesinato de Islam Karimov. El citado artículo sostenía que «SST» eran las siglas de la alocución latina «Sic Semper Tyrannis», frase atribuida a Bruto cuando apuñaló a Julio Cesar, a la sazón su padre adoptivo, y que se traduce como así siempre a los tiranos o así siempre con los tiranos. La doctrina considera que la frase pudiera ser una invención dramática posterior, pero lo cierto es que se ha consolidado en occidente como lema de todos aquellos que luchan contra las tiranías y en pro de la libertad. Puede ser también una invención, pero supuestamente John Wilkes Booth la enunció cuando disparaba a Abraham Lincoln, que difícilmente se puede considerar como un tirano.

Resultaba obvio que todas estas ejecuciones eran obra de una misma organización y que esta organización tenía el filantrópico fin de ejecutar tiranos. El tiranicidio constituye una sangrienta costumbre desde los tiempos de los griegos cuando Harmodio y Aristogitón asesinaron a Hiparco, tirano de Atenas del siglo VI A.C., y consiste básicamente en matar a un gobernante que por la vileza de sus acciones ha devenido en un tirano, según, claro está, la opinión del conjurado o conjurados para matarle. El jesuita español Juan de Mariana consideraba el tiranicidio como un derecho natural de los ciudadanos y reconocía legítimo y moral para los pueblos tiranizados aniquilar a aquellos que los esclavizaban, robaban, torturaban y asesinaban, fuera cual fuera la forma inicial de gobierno, incluso los elegidos democráticamente.

De esta organización tiranicida nada se sabía antes de que empezaran las ejecuciones y cuando iniciaron su actividad tampoco publicaron ningún manifiesto declarando sus principios ni consignando sus reclamaciones, únicamente se conocía las iniciales con las que suscribían sus acciones, nada más. Los servicios secretos de los distintos países se vigilaban con suspicacia, sospechando unos de otros. Presumían que se trataba de algún tipo de sociedad secreta, tenía que ser una organización de muchas personas porque el desafío que suponía cada ejecución era una empresa imposible para un solo individuo y tenía que ser secreta porque lo ignoraban todo sobre ella. Hasta ahí alcanzaban. 

Posteriormente fueron asesinados de forma sucesiva bajo la rúbrica «SST» Omar Hassan Al-Bashir, presidente de Sudán durante 22 años y responsable de la muerte de al menos 300.000 personas, Than Swe, Presidente de Birmania durante 18 años y sanguinario represor de de la oposición, Bashar al-Asad, Presidente de Siria durante 16 años, responsable de la guerra civil causante de cientos de miles de muertos, y Abu Bakr al Bagadali, líder del Estado Islámico.      

Los líderes de los países democráticos, en principio exentos de peligro, veían preocupados e incómodos por las repercusiones en el orden mundial como iban cayendo uno a uno tiranos de todos los continentes asesinados por una organización de la que conocían únicamente sus siglas. Los distintos gobiernos lanzaban comunicados desaprobando tímidamente los métodos de la organización y condenando los asesinatos. Sin embargo, la organización sí contaba con las simpatías de los ciudadanos que aplaudían cada asesinato y proponían nuevos objetivos para las siguientes acciones. La idea de una sociedad secreta justiciera ejecutora de los tiranos más sanguinarios convencía y seducía al público que expectante aguardaba cada nueva ejecución y cuando ésta se producía la celebraban multitudinariamente en internet.

Curiosamente las acciones de la organización «SST» no tuvieron el efecto esperado en los países bajo regímenes despóticos, esto es, la renuncia voluntaria de los tiranos al poder y la apertura política a sistemas democráticos. Muy al contrario, las tiranías sobrevivientes se encerraron en sus palacios e iniciaron una represión masiva y criminal contra la oposición, ahogando en sangre cualquier foco subversivo.

La organización SST, ajena a los efectos negativos de sus acciones, continuó con los asesinatos selectivos, pero sus acciones dejaron de restringirse al ámbito político. El 7 de noviembre de 2015 asesinan a Hazel Motes, conocido líder de una secta religiosa denominada “La Iglesia sin Dios”, acusado en varios países de abusos sexuales a niños, torturas rituales y asesinato. Posteriormente asesinan al empresario austriaco Peter Brabeck-Letmathe, director ejecutivo del Grupo Nestlé, acusado por algunas organizaciones de explotación infantil, colonialismo económico y destrucción de recursos naturales. Estas ejecuciones fueron también firmadas con las siglas SST, pero existen algunas diferencias de procedimiento que pudieran significar un cambio del autor o autores de los asesinatos.

La ampliación de las acciones a líderes religiosos y empresariales fuera del ámbito estrictamente político alarmó a los gobiernos de todos los países y los servicios secretos se coordinaron para tratar de encontrar y neutralizar a la organización SST. En esta ocasión la reacción de las autoridades es unánime y no dudan de calificar los asesinatos como actos de terrorismo, incluyendo a la SST dentro de la lista de grupos terroristas. Temen el efecto imitación, pero no pueden prever la magnitud de la crisis que está a punto de estallar. La extensión de los objetivos de la organización a líderes religiosos y económicos, ajenos al poder político, supone una transgresión de consecuencias apocalípticas. 

 

 

En el cuadro titulado «Los danzantes en Molenbeeck» (S.XVII), pintado por Pieter Brueghel el joven sobre un boceto anterior de su padre Pieter Brueghel el viejo, aparece lo que pudiera pensarse un típica escena de baile de la época con danzantes y músicos, como otros cuadros del pintor. Sin embargo, por la expresión de sus rostros las danzantes no parecen estar divirtiéndose, sus expresiones son muecas de trance o de locura y los hombres que las acompañan parecen más bien estar tratando inútilmente de aplacarlas. El cuadro da cuenta de un fenómeno social producido en Centroeuropa sobre todo entre los siglos XIV a XVII, una locura de masas que afectó a miles de personas conocido como coreomanía o, más popularmente, baile de san Vito. Se trataba de un brote psicótico colectivo que afectaba a personas de cualquier edad y sexo y que consistía en bailar frenéticamente hasta la extenuación, incluso hasta la muerte. Estos brotes no eran infrecuentes y se cuentan casos en Bernburg, Aachen, Colonia, Metz, Estrasburgo, Tongeren, Utrecht, Augsburgo… Un baile compulsivo, frenético, obsceno, bestial, controlaba a los danzantes que no podían parar de agitarse y convulsionarse hasta caer desmayados de cansancio o muertos. Habitualmente se tocaba música, como en el cuadro de Pieter Brueghel el joven, pues se pensaba que remediaba el problema, aunque frecuentemente causaba el efecto contrario. Las causas han sido muy debatidas, algunas teorías sostienen que se pudiera deber a un envenenamiento por cornezuelo, otras teorías que el baile pudiera ser síntomas de encefalitis o epilepsias y existen hipótesis que sugieren que fuera consecuencia del estrés compartido derivado de las penurias de aquella época. Los cierto es que la enfermedad del baile desapareció de las crónicas a partir del siglo XVIII.

En 1962 se produjo un extraño brote de histeria colectiva en Tanganica (actual Tanzania) caracterizado fundamentalmente por episodios incontrolados de risa. El inicio de la epidemia se sitúa en una escuela misionera de Kashasha el 30 de enero de 1962, cuando tres niñas empezaron con un ataque de risa tonta que se acabó contagiando a casi la totalidad de las alumnas del colegio. La escuela tuvo que cerrar y las niñas fueron enviadas a otros colegios, contribuyendo a la propagación de la epidemia a otros pueblos de Tanzania. Se estima que la epidemia de risa afectó a miles de personas, fundamentalmente a niños en edad escolar, con episodios continuados de risa histérica, que no podían hacer otra cosa que reírse. Se tuvieron que suspender las clases en 14 escuelas y la actividad en la zona más afectada quedó paralizada durante días. Seis meses después del inicio del brote la epidemia se extinguió. No existen hipótesis sobre las causas de la epidemia de risa de Tanzania.

Durante la historia se han producido casos de epidemias extrañas, provocadas por causas desconocidas y que han supuesto histerias colectivas más o menos extravagantes. Una enfermedad se convierte en epidemia cuando afecta a un número inusualmente alto de individuos de una población. Según la epidemiología tienen que concurrir tres requisitos para que se produzca una epidemia: a) Que aparezca un virus nuevo; b) Que este virus sea causante de una enfermedad grave y potencialmente mortal; y c) Que el virus tenga la capacidad de transmitirse fácilmente. La fatal convergencia de estos tres requisitos en el S. XXI produjo la pandemia más letal de la historia de la humanidad.

Cualquier sociedad se constituye como una organización jerarquizada piramidal, con cadenas de mando establecidas a partir de relaciones clientelares que tienen su traducción política y su acervo normativo. Existen organizaciones dentro de la sociedad especialmente jerarquizadas de por sí, la jerarquía de la iglesia, la jerarquía militar, la jerarquía burocrática… La jerarquía es un criterio organizativo que algunos autores estiman necesario para el funcionamiento de casi cualquier institución humana pues establece un orden de subordinación entre las personas que permite que esas instituciones se desarrollen y consigan sus fines. Además de las organizaciones típicamente jerárquicas, existen jerarquías familiares, jerarquías corporativas, jerarquías docentes, jerarquías sociales… Como cualquier criterio organizativo tiene sus inconvenientes y puede envilecerse. En toda organización jerarquizada existe en la cúspide un líder que objetiva o subjetivamente puede devenir en un tirano. Es más, en cualquier relación humana cualquier individuo se puede convertir en un tirano, entiéndase como aquel que domina a otro de forma abusiva. En definitiva, todos somos siervos de alguien.

Cuando los asesinatos selectivos de la organización SST dejaron de limitarse a tiranos políticos y se ampliaron a líderes de otras organizaciones civiles o religiosas, la marca SST se transmitió a la sociedad civil, que se arrogó el derecho de asesinar a su tiranos particulares. Inmediatamente después del asesinato del empresario Peter Brabeck-Letmathe se produjeron asesinatos de otros líderes de organizaciones civiles por ciudadanos en apariencia “normales” con la marca SST.

 

La sociedad humana había creado un patógeno denominado SST causante de una extraña histeria colectiva potencialmente letal, no para la persona que la padece sino para aquel con el que éste tuviera o hubiera creado una relación de tiranía. El virus SST- conocido popularmente con el acrónimo SiSeTy- se definía como un patógeno no orgánico, de existencia virtual, muy infeccioso y causante de un brote psicótico denominado enfermedad SST. Como cualquier otra enfermedad precisaba un medio de transmisión para prosperar y no extinguirse, lo que en bilogía se denomina un vector. El vector epidemiológico es el mecanismo, generalmente un organismo, que transmite o infesta a través de los individuos afectados a otros sanos. La pulga de la rata negra fue el vector de transmisión de la peste negra que causó más de 200 millones de muertes en la edad media. Para esta epidemia se había creado el mayor vector epidemiológico de la historia: internet.

Internet es un invento reciente y se trata sencillamente una gran red o red de redes de computadoras interconectadas entre sí creando una gran tela de araña de comunicación. En los años 60 del siglo pasado se crea la primera red interconectada de la historia y a partir de ahí se desarrolla espectacularmente hasta formar a principios del  S. XXI una red a través de la cual miles de millones de personas están conectadas y se intercambian información. El número de usuarios de internet se incrementó de 400 millones a principios de siglo XXI a 3000 millones en el 2016. Que el vector epidemiológico en esta pandemia fue internet se concluye positivamente por la incidencia que tuvo en los países según su grado de desarrollo, afectando más gravemente a aquellos con mayor porcentaje de habitantes con acceso a internet, disminuyendo progresivamente en los países menos desarrollados y sin incidencia alguna en las sociedades primitivas sin acceso a internet.  

Antes de la aparición de la pandemia SST existían teorías que analizaban las similitudes entre la evolución de epidemias de enfermedades contagiosas y la difusión de las llamadas «epidemias sociales» como los rumores, las leyendas urbanas, las modas o como, en este caso, un trastorno histérico colectivo homicida. Estas similitudes se producen porque el correo electrónico, los blogs y las redes sociales son medios de contagio tan efectivos como el agua y el aire y funcionan de la misma manera: compartiendo una gran capacidad de promiscuidad, es decir, de contactar con muchos sujetos con posibilidades de ser contagiados.

Había aparecido un patógeno nuevo con una gran capacidad de mortandad: el virus SST; y con un vector de transmisión particularmente promiscuo: internet. En términos epidemiológicos se había desatado la tormenta perfecta.

Como referíamos, después del asesinato del empresario Peter Brabeck-Letmathe se produjeron varios atentados contra líderes de la sociedad civil no políticos reivindicados por la SST, pero estos ataques no fueron cometidos por la organización sino por paranoicos bajo el efecto del SST, que se sentían con o sin motivo sometidos a la tiranía de la víctima. Posteriormente las ejecuciones, como se les denominaba, eran difundidas por internet y celebradas en blogs y redes sociales, siendo acogidos por el público con el mismo entusiasmo que los cometidos por la conocida como organización SST. Estos asesinatos fueron seguidos por un brote psicótico colectivo que derivó en una matanza sin precedentes en la historia. Personas aparentemente normales contagiadas por un frenesí homicida empezaron a asesinar a otras personas también normales sin ningún tipo de autoridad o poder reconocido con la excusa de acabar con sus propios tiranos particulares. Cualquier relación humana, sea de la índole que sea, más tarde o más temprano acaba desembocando en la hegemonía o el dominio de uno sobre los demás. aunque se hubiera constituido en la más absoluta igualdad. Cualquier relación en términos de igualdad termina más temprano que tarde aniquilándose. Que esa hegemonía o dominio termine en tiranía dependerá del dominante pero también, de la misma manera, del dominado. De repente todo el mundo parecía tener alguien que le tiranizaba, un jefe, una esposa, un hermano, un profesor, un médico, un vecino, un cliente, un cura, un paciente, un alumno, un padre, un vidente, un compañero, un hijo, un amigo, un novio, un amante… De repente todo el mundo padecía alguna tiranía y todos se sentían justificados para liberarse de su tirano personal asesinándolo. La difusión de las ejecuciones por la red y la celebración de las mismas por la descerebrada comunidad de internet contagiaban a otros internautas que continuaban con los asesinatos, generando un ciclo de demencia asesina que se iba retroalimentando monstruosamente.

Desapareció cualquier atisbo de autoridad- de cualquier autoridad, pues nadie se atrevía a ejercer ningún poder por miedo a convertirse en víctima de las ejecuciones-, imponiéndose la anarquía y los asesinatos se siguieron sucediendo impunemente. Durante unos meses casi todo el planeta se sumió en el caos, presa de un furor homicida sin control, parecía el fin de la civilización tal como se había conocido hasta la fecha. Sin embargo, a los ocho meses de iniciado el frenesí asesino éste empezó a remitir, ya fuera por el desgaste natural de la epidemia ya fuera por el colapso del vector epidemiológico debido a la falta de mantenimiento de las redes que sostenían internet. Tan rápida y virulentamente como había surgido desapareció y en el mes de noviembre de 2019 la pandemia se consideró extinguida definitivamente. Poco a poco se fue recuperando la normalidad, tímidamente se fueron estableciendo de nuevo las jerarquías y se fue imponiendo la autoridad y la soberanía sobre los países, pero ese proceso duraría mucho más tiempo que la propia epidemia. La desaparición de la autoridad y el orden a nivel mundial, aunque fuera durante un corto periodo de tiempo, supuso una conmoción de la que al planeta le costará décadas recuperarse y que tendrá efectos permanentes difíciles de avaluar. Por dar una cifra significativa, se estima que murieron asesinadas 1.650.000.000 personas, víctimas directas del virus SST, una cuarta parte de la población mundial.

Existen estudios sobre el impacto de las epidemias en el curso de la historia, hay autores que las consideran claves en la caída de algunos imperios o incluso en la desaparición de los viejos órdenes sociales y el nacimiento de los nuevos. Es pronto para saber cómo ha afectado la epidemia SST a la sociedad planetaria y cómo ha cambiado el curso de la historia, las consecuencias que se deriven deberá ser objeto de estudio de tesis futuras.

En relación con la sociedad secreta SST, después de la epidemia no volvió a atentar contra la vida de nadie y nunca se descubrió quién o quienes estaban detrás de los tiranicidios. Es posible que sus miembros acabaran siendo igualmente víctimas accidentales de la epidemia. Existen tantas teorías como interrogantes en torno a esta organización, pero a los efectos de este informe el mayor misterio sigue siendo si su intención con los asesinatos selectivos fue provocar la epidemia o si las matanzas que se desataron eran ajenas a su propósito.   

 

 

Por y para TRV.



[1]Este texto ha sido extractado de un informe mucho más amplio que fue encargado por la ONU a una comisión de expertos creada para estudiar la plaga que diezmo la población mundial a principios del siglo XXI.

 

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