Relato 13 – Resolución

La noche es de esas noches sin luna, donde la oscuridad es la protagonista.

En un chalet de lujo rodeado de arboleda se encuentra la señora Demetria, una mujer de una edad aproximada a los 40 años. Está asomada a una de las ventanas mirando a través de los cristales. Tiene la sensación de que hay alguien que viene a asesinarla. Ve una luz entre los árboles que se va acercado. Atormentada por su estado nervioso se pasea por el salón yendo de pared a pared. El miedo la hace sentarse en uno de los rincones, gime, solloza, patalea, esperando al asesino.  Demetria mira constantemente a la puerta y ventana, esperando verlo entrar en cualquier momento, pasa el tiempo sin ocurrir nada.

Se levanta a comprobar si todavía ve la dichosa luz, se tranquiliza al no verla. Va al vestuario para cambiarse de ropa; se viste con pantalón, blusa, chaqueta, zapatos, todo de color negro. Su propósito es dejar la vivienda aprovechando la oscuridad de la noche.  Corre hacia los árboles, pero una voz de hombre la detiene.

—Buenas noches, señora.

Un enorme susto sufre la señora Demetria, alterada grita de pánico.

—Ahh…

El hombre enciende su linterna, se disculpa y se identifica.

—Siento haberla asustado, soy el teniente detective Hugo de la policía. No debería usted salir del chalet, hay un asesino al acecho en busca de la víctima elegida, solo espera su oportunidad. Yo le estoy siguiendo la pista pero ignoro su identidad.

La señora Demetria desconfía de aquel hombre, piensa que está delante de su asesino. El teniente sigue advirtiéndola.

—No se arriesgue usted, esta noche es ideal para asesinar, por mucho que chillara no la oirán, la casa más próxima está a medio kilómetro —ella se mantiene callada, tensa por la situación, no le da ningún crédito a las palabras del policía.

El teniente le pide un favor.

—Le tengo que pedir un favor señora, mi coche me ha dejado tirado. Está ahí abajo en la carretera, se niega a continuar, si fuese usted tan amable de dejarme usar su teléfono— el teniente le ensaña su placa, a su vez le pregunta por su nombre —. ¿Cómo se llama usted señora?

Demetria sigue desconfiando, no se cree que sea policía y teme que en cualquier momento la asesine. Demetria piensa que aquel hombre busca cualquier excusa para distraerla.

—Me llamo Rafaela—le mintió—. Y el teléfono está en la salita.

— ¿No viene usted? —pregunta, al ver que ella no le sigue.

—Sí, pero antes voy un momento al garaje—se excusa Demetria.

El detective hace uso de su linterna al comprobar que la luz eléctrica está desconectada. Revisa el chalet, los muebles están tapados para protegerlo del polvo. Se fija en varias fotografías, pero le extraña no ver en ninguna a la señora Rafaela, sospecha que el chalet está deshabitado temporalmente. No ve el porqué de la presencia de aquella mujer en el chalet. El detective se dispone a telefonear, pero no hay línea. De prisa se dirige al garaje.

La puerta del garaje es basculante y está abierta a unos pocos centímetros del suelo. El policía intenta abrirla pero no consigue moverla, llama a la señora Rafaela.

—Señora Rafaela…señora Rafaela… ¿está usted ahí? — gemidos de angustia escucha el policía. El detective tiene la certeza que el asesino tiene a la mujer para asesinarla.  Se agacha para poder entrar; segundos después su cabeza rueda por el suelo, decapitado por un hachazo preciso y limpio.

El asesinato del teniente detective Hugo puso a la policía en alerta máxima. Era la primera vez que un policía era asesinado del mismo modo que a otros cuatro hombres en aquella población.

Los componentes de la sección de huellas se pusieron a trabajar intensamente, tres días estuvieron reuniendo pruebas que les pudiese servir para seguir el rastro del asesino. Las únicas huellas que encontraron eran de los dueños del chalet, sus amistades y servicio doméstico, la más reciente las del detective asesinado. La policía no encontró ninguna prueba entre los posibles sospechosos.

La Jefatura Superior de la Policía puso en marcha más dispositivos humanos y tecnológicos para aclarar los asesinatos del Inspector de policía y los cuatros delincuentes todos ellos decapitados.

Dos años después muy lejos de aquella población, la señora Demetria observa una gran torre lujosa, situada alejada de la población. Esperando que sus dueños terminen sus vacaciones para ocuparla, y seguir con su malintencionado macabros resoluciones.

 

 

Mientras, espera en una pequeña habitación de una vieja pensión que llegue el ansiado día, recuerda amargamente tiempos pasado.

—Mi marido me decía, no tienes cabeza, no piensas, eres una inútil sin sesos, me chillaban, me pegaba con una correa o con una vara, me arrastraba por el suelo tirándome de los pelos; a ver si tienes más cabeza, me lo repetía a cada instante, el muy mamarracho. Ahora no me podrá decirme que no tengo cabeza, se lo demuestro enseñándoles las 5 cabezas que ahora tengo, ja, ja, ja. Lo tengo atado con cadena en un tabuco rodeado de cabezas, las empujo y se balancea delante de sus narices, me divierto mucho por las noches cuando entro con mi hacha, y le digo, si yo no tengo cabeza para pensar te cogeré la tuya. “Estás loca” me chillaba.

Qué diferente había sido mi vida si alguna vez hubiese escuchado palabras sinceras de cariño y condescendencia. Ahora solo espero que me condenen algún día por tener más cabeza y por equivocarme en mi última cabeza.

Pasaron unos días y la señora Demetria ya se supone que la vivienda ya estaría desocupada. Se acerca a la torre para comprobarlo, pero recibe un contratiempo, lo que ve no le gusta nada.

Unos obreros están cargado los muebles del chalet en un camión de mudanza, esta actitud le parece sospechosa, ya que los muebles se les ven nuevos y de buena calidad. La señora Demetria no lo ve claro que no esté presente algún familiar.

La señora Demetria no elige las viviendas de veraneo por azar, observa con detalles el movimiento del conjunto de la familia igualmente del servicio doméstico, aquella torre pertenece a un juez. En su vida matrimoniar está en trámite de divorcio.

Al ver un posible robo de muebles, sin pensar las consecuencias telefonea al despacho del juez, pero se equívoca y llamo a su residencia.

Ring…el teléfono suena, una voz de mujer con acento sudamericano contesta la llamada.

— Ha llamado usted a la residencia de su señoría el juez don Ambrosio ¿cuál es el motivo de su llamada?

—Muy fácil, hablar con él.

—En este momento no se encuentra.

—Que quiere decir con eso que no se encuentra, ¿acaso sea perdido?

—No, no… ¡Qué barbaridad! Está muy ocupado deme usted su teléfono, ya le llamara el señor juez cuándo venga de su oficina.

—Entonces será demasiado tarde, llámalo y dile suavemente que le han robado los muebles de su torre.

— ¡Dios mío que dice usted!

—Lo que estas oyendo.

—Espérese por favor, voy a avisar a don Ambrosio.

La señora Demetria espera la llamada del juez. Mientras se acuerda de lo que le decía su marido, sobre que no pensaba lo que hacía o tenía que hacer, se lanzaba sin pensar en las consecuencias, la decisión ya estaba hecha; ahora en breve hablara con un juez, La señora Demetria espera pacientemente.

—Hola señora, muy buenas. Mi empleada me ha hablado de un posible robo que usted ha presenciado, porque me llama a mí y no lo denuncia a la policía.

—No tiene mucha lógica seguir ese procedimiento ya que el posible robo es en su torre, la que tiene usted en la zona residencial llamada Sartorio.

— ¡Válgame Dios! ¡Qué me dice usted!

—Eso, lo que está usted oyendo, ya me estaba pareciendo que no le importaba mi mensaje, ha tardado usted en contestar.

—Perdone mi tardanza, la chica estaba muy nerviosa y no aclaraba lo que me decía.

—Está usted perdonado señor juez, celebro no haberme equivocado.

— Yo también celebro hablar con usted, le doy las gracias nuevamente, me pondré en contacto con la policía para que investiguen.

—Ahora ya de aquí en adelante ya es cosa suya, que tenga un buen día señor juez.

—Espere un momento por favor, ¿vio usted algo que le llamara su atención?

—No sabía decirle, tal vez salgan en unas fotografías que le hice al paisaje.

—No tendrá ningún inconveniente que las vea.

—No señor juez se las llevaré a la dirección que usted me diga.

—Qué le parece si cenamos el viernes y me la enseña, quizá la policía encuentre alguna pista.

—Debo decirle que estoy en esta ciudad de paso, de momento me alojo en una pensión de baja calidad, espero que me llegue mi dinero y buscar un alojamiento en el centro de la ciudad.

—Puedo recomendarle un piso de un amigo.

—Yo solo puede decirle que me llamo Demetria, viuda y no conozco a nadie en esta ciudad, me parece que voy acepta su invitación.

—Quedamos en vernos a las ochos en el restaurante de la plaza del ayuntamiento.

—De acuerdo señor juez.

—Permítame decir, señora Demetria, que tiene usted una bonita voz.

—Muchas gracias, es la primera vez que alguien me lo dice, tal vez en persona no le parezca lo mismo.

La conversación telefónica termino deseándose mutuamente unos adiós seguidos de hasta pronto.

La señora Demetria es alta, su fisionomía es llamativa, su cuerpo muy bien proporcionado todo este conjunto aumenta en el momento que se embellece con sus mejores prendas, entonces su hermosura se desborda ante las miradas de los hombres.

La entrada al restaurante de la señora Demetria es espectacular, las miradas de clientes y camareros se clavaron en la esbelta figura de la señora Demetria. Don Ambrosio esperara en un compartimiento privado, no se estaba dando cuenta de lo que ocurría en el salón, está distraído leyendo unas crónicas deportivas. El camarero jefe tuvo la iniciativa de acercarse a la señora Demetria.

—Buenas noches —muy sonriente le dio la bienvenida. La señora Demetria le contestó muy amablemente, preguntándole.

—¿Seria usted tan amable de indicarme la mesa de Don Ambrosio?

Segundos después el juez Don Ambrosio se quedó hechizado al verla.

—Buena noche señora Demetria, me es muy grato que este usted aquí haciéndome compañía.

—Yo sí que le estoy agradecida por su invitación, jamás hubiese pensado estar tan cerca de un juez.

—Bueno dejémonos de piropearnos y vamos a cenar si a usted le parece bien.

La señora Demetria de un sobre saca las fotografías, Don Ambrosio la interrumpe diciéndola.

—Ahora vamos a cenar ya tendremos tiempo para eso, escoja su menú preferido.

Después de disfrutar de una cena a base de un combinado de mariscos con sus respectivas copas de champan siguieron conversando muy amistosamente sin dejar que sus copas se vaciasen.

La pareja no se percató del cierre del local. El dueño del restaurante apago algunas luces, fue cuando la señora Demetria exclamó.

— ¡Por todos los santos! Que tarde se ha hecho, como pasa el tiempo cuando se está en buena compañía, y… ¿a estas horas como voy a regresar a la Pensión estando en el barrio que está?

Zacarías, el dueño del restaurante oyó a la señora Demetria, se lo comenta al juez.

—Don Ambrosio, siento fastidiarle su reunión con esta gran señora, pero creo que en este momento está muy afligida.

—No te preocupe por ella ya me cuido yo, siento mucho no haberme dado cuenta de la hora que es, pasare mañana cuando tengas mi cuenta preparada.

Don Ambrosio no está dispuesto a dejarla marchar, siente la necesidad de estar más rato con ella.

—Señora Demetria que le parece si damos un vistazo a esas fotografías en mi casa.

—Que pensaran si no ven a estas horas, su reputación y la mía estaría en los comentarios de más de un periódico.

Yo hablare al jefe del periódico para que escriba sobre su ayuda en capturar a los ladrones—la señora Demetria saliendo del restaurante, propone al señor juez pasear.

—Paseemos un rato, necesito que me del aire.

—Me ha dado usted una idea, la invito a dar un paseo en coche de caballos, a mí también me hace falta respirar el aire nocturno —muy animoso Don Ambrosio llama al dueño del restaurante.

—Por favor Zacarías necesito un coche de caballo.

A la luz de la luna en una noche estrellada pasean la pareja en el coche de caballos. La señora Demetria apoya su cabeza en el hombro de Don Ambrosio. Él la abraza, ella le mira con ojos tiernos, los labios del juez se van acercado lentamente a los labios de ella, besos continuos en todo el área de cuello y pechos, el juez le había desbrochando los botones de la blusa con mucha suavidad.

— Cochero por favor al Paseo de la Delicia, al edificio de Las Tres Cruces, deprisa por favor.

La señora Demetria le da un beso en la mejilla, después le pregunta.

— ¿A dónde me llevas?

—Al piso de mi amigo, allí puedes estar hasta su regreso.

— ¿Por qué vamos tan deprisa?

—La noche es corta y tenemos que aprovecharla.

—Estoy deseando, echarme en la cama.

—Más lo deseo yo.

Después de una noche intensa apasionada de amor, el juez exhausto se quedó dormido.

 Al amanecer la señora Demetria aprovecha para darse una ducha y con mucho sigilo abandona el piso.

Se dirige a la estación de autobuses en metro, va a esperar a su hermana gemela llamada Rafaela.

 

Durante el viaje la señora Demetria hace un repaso mental de su agitada vida. Su rostro es un reflejo de lo que está pensando, sonrisa en momentos felices, tristeza en sus ojos cuando recuerda adversidades. El encuentro con el juez fue muy positivo, pasó varias horas con un hombre que la hizo feliz. Su sonrisa la recordada la interminable velada en el restaurante, seguida de una noche placentera en todos sus efectos. La señora Demetria aprovecho unas horas de felicidad a la incertidumbre de un nuevo día.

 Las estaciones del metro se van quedando atrás, Demetria sigue enfocadas en sus pensamientos, ahora su rostro es de tristeza. Es una asesina, todo por culpa de su agresivo marido que la llevo a una neurosis progresiva, queriendo demostrar a su marido que ella si tenía cabeza.  Aunque en fondo de su delirio veía la cabeza de su marido rodar por los suelos en cinco ocasiones.

En la estación de autobuses las dos hermanas se saludan y se abrazan.

— ¿Cómo está é? —pregunta la señora Demetria.

—Si me pregunta si sigue vivo, te contesto que está muy débil por lo menos a mí me lo parece aunque a veces las apariencias engañan, tú ya lo verás cuando lo veas.

Las hermanas Rafaela y Demetria comparten la vigilancia de Jordán, el marido de Demetria. Lo tienen escondido en un pueblo montañoso abandonado llamado Torga, la espesura de la vegetación prácticamente está tapando el pequeño pueblo, donde algunas de sus casas ya se han derrumbado.

Demetria entrega a su hermana la fotografía del supuesto robo. Las dos hermanas gemelas se intercambia posiciones. Rafaela ahora va a hacer de Demetria delante del juez.

—Espera un par de día—le dice Demetria a su hermana—. Después le llamas, aquí tiene la llave de la Pensión, no te acuesta con él, espera por lo menos unos días—Rafaela se sonríe sin contestar el consejo. Preguntándola después.

— ¿Que pasara si se da cuenta que yo no soy tú?

—No lo sé, solo te digo que estarás mejor en el piso de su amigo, si te lo ofrece será buena señal.

La misión de Rafaela es entretener al juez, mientras su hermana se dirige a Torga. Rafaela se dedica a conocer los lugares de interés de la ciudad por si surge en las conversaciones con el señor juez, también piensa visitar la torre en Sartorio.

Su papel en la señora Demetria debe de ser perfecto. De momento la dueña de la Pensión no ha notado el cambio.

Rafaela telefonea al despacho del señor juez.

Ring…una voz de mujer se oye contestando.

—Ha llamado usted al despacho de don Ambrosio, dígame cual es el motivo de su llamada.

—Dígale al señor juez que soy la señora Demetria, tengo algo que darle. Me gustaría hablar con él, si no es mucha molestia, muchas gracias por atenderme —Rafaela pretende ir paso a paso, demostrar al juez que lo que paso en el piso de su amigo fue algo irresponsable por parte de los dos, (de Demetria y Ambrosio).

Don Ambrosio contesta pronto.

—Buenas tardes señora Demetria, me alegro de oír su voz.

—Buenas tardes don Ambrosio, estoy muy avergonzada de lo que ocurrió, no se debe repetir. ¿A lo mejor hay una esposa esperándole cada día en su casa? —Rafaela espera hacer bien su trabajo de impostora.

—Si usted me está preguntando si estoy casado sí, no lo voy a negar, pero espero que no sea por mucho tiempo.

— ¡Bueno!  Tampoco quiero saber de su vida matrimonial, solo le llame por las fotos, ¿se acuerda usted?

—Me acuerdo, la policía tiene gran interés de verla, no podemos ver en mi oficina, tome nota —Rafaela escribe la dirección que le manda el juez.

—¿Cuando quiere que se las mande?

—Que me dice usted de mandarlas, no… La espero a usted esta misma tarde a las ocho, o si no la meto presa por desobedecer a un juez —Rafaela se ríe y le contesta.

—Ahí estaré con una condición, que me deje usted usar al piso de su amigo.

—Eso está hecho, esta misma noche usted ya puede instalarse.

La conversación continúo, el juez muy enamorado de la señora Demetria habla y habla con Rafaela.

 

 

Demetria ha llegado a Torga, no sabe con qué se va a encontrar. Cuatro días Jordán ha permanecido sin vigilancia y por su ira acumulada es probable que quiera vénganse; a su favor estar encadenado y los sedantes que le han suministrado. Jordán tiene libertad para moverse dentro de lo límite de la cadena.

Demetria empuja la puerta del tabuco, esta vez no lleva el hacha, su marido sigue atado sentado al lado de una mesa, Demetria le pregunta.

— ¿Cómo estás Jordán? Perdona, ¡qué pregunta más tonta!, por supuesto que no estás bien —La mirada de Jordán es de odio, no pronuncia ninguna palabra, Demetria entonces le dice.

—Escucha Jordán lo que te voy a decir es muy importante que atiendas. Yo no soy tu mujer, no digas nada ahora cuando yo acabe me preguntas. Soy tu cuñada, tu mujer y yo somos gemelas, las dos hemos estado aquí para cuidarte y vigilarte. Yo te voy a soltar, corro el riesgo que me mates pero tendrás un crimen a tu espalda y ella seguirá viva con el hombre que ha conocido y si la cosa no cambia se casaran. Él está muy enamorado. Yo te ayudaré a que te recuperes, estás muy débil, solamente el odio que tienes contra ella te mantiene vivo. Con una buena alimentación y unas vitaminas pronto serás como el de antes. Únicamente te voy a decir lo último, nos tienes que ver a las dos juntas.

Demetria mientras está desencadenando a su marido va pensando en lo que le pudiera pasar una vez que Jordán se viese libre, tal vez no la crea que sea gemela o quizás tiene la curiosidad de conocer al hombre que piensa quitársela, o quizás este yo obrando precipitadamente, dentro de un rato saldré de duda.  La señora Demetria está preparada para defenderse, ya no es aquella mujer débil de espíritu sometida a vejaciones y castigo brutales.

 

Todo se lo debe a su hermana Rafaela, cuando una mañana recibió su visita inesperada, el encuentro de las dos hermanas después de años de ausencias fue de mucha alegría. Rafaela, pronto se dio cuenta de la penosa situación de su hermana, aunque le costó convencerla de castigar a Jordán, Demetria temía mucho a su marido y por esa razón quería proteger a su hermana.

Pusieron en práctica lo acordado. La táctica consentía en que las dos hermanas actuasen como si fuese una sola persona, ya que Jordán no tenía conocimiento de tal cuñada. Demetria disfrutaba cuando veía a su marido humillado bajo sus pies, desde entonces su temple cambio por completo.

Rafaela con su dominio de Krav - Maga, lo castigo severamente, Jordán ya derrumbado y muy desorientado por el cambio espontaneo de que creía que había experimentado su mujer. A Jordán sedado lo trasladaron a Torga en el maletero del coche de Rafaela.

Jordán ahora más tranquilo al saber que su mujer no fue quien le derroto. Estaba tan convencido que su mujer tan tonta y su poca cabeza era imposible que se atreviese a ponerle la mano encima.

Fue unos segundos de incertidumbre para la señora Demetria en el momento que Jordán se viese libre. Quedo atrás el temor de la señora Demetria en pensar que uno de los moriría o quizás los dos, si hubiese habido lucha.

 Era la primera vez que Jordán hacia caso a su mujer, la mentira hizo su efecto.

 Los dos se instalaron en el pueblo más cercano en pisos separados, la señora Demetria cumple con su palabra de llevarle alimento, vitaminas y ropa.

Mientras Rafaela le va dando larga al juez en la cuestión de pasar otra noche juntos en el piso del amigo. La mujer del juez tampoco está por la labor de darle el divorcio.

La señora Demetria hace algunos viajes a otra ciudad y tarda algunos días de ir a donde está su marido, que ya está bastante recuperado. Demetria le da a su marido un billete de tren para viajar a donde está Rafaela. Creyendo Jordán que se va a encontrar con su desequilibrada mujer, Demetria le enseña a Jordán varias fotografías que ha recibido de Rafaela, donde se ven a la pareja, (Rafaela y Ambrosio) en posición de estar muy enamorados, la táctica que está usando Demetria es conseguir que su marido sus celos e arrebato aumenten. La señora Demetria y su marido viajan en distintos apartamentos, él no sabe dónde está ella, Jordán está serio, no consiente que su mujer le abandone, viaja con la idea de matarla.

 En la estación, antes de llegar a su destino, la señora Demetria abandona el tren. Telefonea a la mujer de Don Ambrosio.

— Mi hija me ha dicho que tiene usted cosas muy importantes para mí y mi marido —contesta Lourdes, la esposa de Don Ambrosio.

—Si señora Lourdes. Primeramente, le digo que la mujer que pretende casarse con don Ambrosio ya está casada, no es viuda como ella le dijo, el marido de esa mujer es un hombre muy celoso y viene a por ella, además dígale a don Ambrosio que mande a la policía a un guardamuebles donde encontraran lo que hace tiempo están buscando, por favor tome nota —Demetria le indica la dirección.

La señora Lourdes va escribiendo, después le pregunta:

—¿Con quién estoy hablando?, no la veo muy lógica esta conversación, mi marido me preguntara, quien es usted.

—Solamente le puedo decir que soy un agente especial trabajando de incógnito, no puedo hablar con don Ambrosio ni con la policía —Demetria sin titubear miente a Lourdes. Sin dejar que Lourdes intervenga sigue hablando —. Jordán es el marido de Demetria, viste traje gris, camisa blanca, corbata roja, zapatos marrones, en sus bolsillos la dirección de donde se aloja su mujer, las direcciones de su casa y torre; el tren donde viaja llegar a las 20:34h. El señor Jordán y lo que encuentren en el guardamuebles tiene relación, por favor no lo deje, su marido saldrá beneficiado de todo este asunto, ahora ya se lo dejo en sus manos —estas fueron las ultimas palabra de la señora Demetria. Un coche la estaba esperando llevándola al aeropuerto donde cogió un vuelo a destino Singapur.

Don Ambrosio no atendía a las sugerencias de su mujer, está convencido que es una patraña suya contra Demetria. La insistencia de la relación de Jordán y el guardamuebles le hizo cambiar de parecer. Lo puso en mano de la policía para que lo investigasen. La reputación del juez estaba en juego, espera en su oficina el resultado de la investigación.

Jordán fue detenido en la estación.

En el guardamuebles encontraron las cinco cabezas dentro de recipientes de cristal llenos de alcohol y el hacha con la huellas de Jordán.  

Jordán se desgañita acusando a las dos mujeres. Jura y perjura que él es inocente, el nunca hizo daño a nadie es víctima de una loca, repitiéndolo hasta la extenuación, aunque no puede señalar cual de las dos hermanas es la asesina.

Cinco años después las dos hermanas coinciden por casualidad en Nueva York en el aeropuerto, J.F.K. la señora Demetria muy alegre saluda a su hermana.

—Rafaela, ¿que se te ha perdido por aquí?

—¡Vaya! que sorpresa, lo mismo te digo yo, ven que te dé un fuerte abrazo —Después se fueron a un Snack Bar. Demetria le pregunta por Jordán.

—¿Que paso con Jordán?

—Estuvo encarcelado dos años después lo soltaron por falta de pruebas pero está bajo vigilancia, lo paso muy mal, estuvo en varias ocasiones en un psiquiátrico.

—Me alegro, que sufriese ¿y tú que tal con el juez?

—Llame a mi marido a que viniese por mí, por si acaso se me presentaba algún problema.

— ¡Ah! ¿Pero estás casada?

—Mi marido es un ex general chino y vivimos en China Tau, es el director de una escuela de Artes Marciales.

—Ahora entiendo tu arte de zumbar.

—¿Y tú dónde estás? Te fuiste sin despedirte.

—Vivo en Singapur.

—¿En qué isla?

—No esperes que te lo diga.

—Ya llego mi hora, te dejo hermana.

—Yo también me voy a ver si tengo suerte.

—A dónde vas si se puede saber.

—Hacer el examen para entrar en la C.I.A. 

—Ahí voy yo también, ¿y por último como es que las huellas de Jordán estaban en el mango del hacha que mato al policía?

—Después de mi último asesinato cambie el mango e hice que lo tocase Jordán cuando estaba adormilado, yo no lo toque directamente. Ahora en adelante que actuó el destino ¿No te parece?

—Si.

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