Relato 04 - Rescate

 

Rescate

 

—Señor, nos atacan 3 naves, y otra más en modo silencioso ha conseguido acoplarse en el nivel 5. Hay varias reyertas en ese nivel.

—Bien, entramos en alerta FASE 2. Aíslen con los mamparos el nivel 5 y abran las compuertas exteriores. Efectúen descompresión del nivel 5. Defensas externas a máxima potencia. Hagamos que sus pájaros caigan.

—Señor, con esa maniobra vamos a perder a muchos soldados.

—Mejor perder unos cuantos soldados que la nave entera. Si han seguido el manual llevarán sus trajes espaciales puestos.

—Mamparos cerrados. Compuertas exteriores abiertas. 30 segundos para descompresión completa.

—Descompresión realizada Señor.

—Informe de bajas.

—Según los primeros escáneres biológicos del nivel 5 no ha quedado nada vivo. Contamos 23 cuerpos en el exterior. 14 de ellos son de los nuestros. Las naves atacantes han huido.

—Que recuperen los cuerpos, y que comprueban si alguno de los nuestros sigue con vida. Con suerte nuestras bajas serán menores.

—Si Señor.

—Y desacoplar la nave enemiga, con una carga explosiva dentro. Hacerla desaparecer.

 

La nave militar, clase WhaleCargo, identificada como EU-7ES, había podido salir airosa del cuarto ataque consecutivo en el intervalo de 8 horas. No eran ataques potentes, sino más bien pequeñas incursiones enemigas, que buscaban más que hacer daño, medir fuerzas. Esto no era demasiado común, normalmente las naves como esta, dedicada al transporte de prisioneros, recibían ataques mucho más fuertes, centrados en la recuperación de algún importante cabecilla del crimen, retenido en ella.

 

Esto tenía al Capitán Jet White extrañado, no le había pasado nada similar en sus 20 años de servicio en la flota espacial. La carga no era demasiado importante, de los prisioneros a bordo, ninguno tenía gran relevancia en el organigrama del crimen, aunque no había que engañarse porque todos y cada uno eran peligrosos a su manera, no obstante si había un invitado que había dado algún problema al intentar escapar varias veces, cosa también poco usual. Este, un hacker solitario, sin bando, afiliación, ni compañeros conocidos, se encontraba, atado con correas de pies y manos a cuatro de las esquinas de sala de contención antigravedad, reservada para cargas importantes que tienen que llegar sin un rasguño a destino. Equipado con un traje espacial, que le aislaba del mundo, era ajeno a las dificultades por las que estaba pasando su transporte a prisión en las últimas horas.

 

Cuando la nave, de color azul mate y con una tamaño de 270 metros de longitud y 90 metros de altura, y con una forma parecida a la de las antiguas y extintas ballenas terrestres, de ahí su nombre de clase, llegaba al espacio puerto en el que debía entregar los prisioneros, el capitán notó que de este surgía una columna de humo. Lo habían atacado destruyendo todo tipo de defensa, activa o pasiva, que hubiera en el.

 

No tardó mucho en comprender la situación, sobre todo al ver aparecer en el radar tres naves de combate clase SpaceWolf, le habían tendido una emboscada. Este tipo de naves, de menor tamaño que las de clase WhaleCargo, eran sobre todo utilizadas por ejércitos independentistas, terroristas o contrabandistas interplanetarios con necesidades de gran potencia de fuego y velocidad.

 

La lucha se libró sin cuartel y, pese a las defensas reforzadas de la EU-7ES, esta, después de varias explosiones que destruyeron totalmente algunos de sus niveles, acabó cayendo bajo los rayos tractores de las naves enemigas y conducida a tierra firme. Los supervivientes fueron rescatados, apenas una veintena de personas, ya que podrían ser vendidos en los planetas exteriores como esclavos.

 

Después de varias horas, que los asaltantes utilizaron en desactivar cualquier mejora que tuvieran los esclavos de nuevo cuño, los encadenaron en grupos de tres y los fueron introduciendo en pequeños transportes terrestres para llevarlos al mercado de la ciudad más cercana y allí conseguir por ellos unos cuantos créditos.

 

El Capitán White compartía cadenas con uno de sus subordinados, un carcelero de nombre Toomb, que tenía un historial de violencia con los reclusos bastante abultado, y también con el recluso Kev In, el hacker que viajaba aislado por sus continuos intentos de huida, que no paraba de quejarse, y que contrastaba al lado del carcelero Toomb y del Capitán White por su tamaño reducido, su melena despeinada y sus ojos inteligentes.

 

—Me siento inútil, me han desactivado todas mis mejoras, la interfaz neuronal externa ha sido deshabilitada, y las mejoras sinápticas anuladas químicamente. Cuando logre escapar voy a encargarme de eliminar a los que me han hecho esto, no saben con quién se han metido. Voy a hacer que sus puertos de salida se conviertan en puertos de entrada…

—Calla recluso, me estás levantando dolor de cabeza con tus quejas y al final te llevas un golpe gratis — dijo Toomb.

—Silencio — ordenó el Capitán.

 

El camino a la ciudad era de tierra, ya que no circulaban por las vías oficiales del planeta, que después del ataque estarían repletas de militares. De repente el conductor del transporte efectuó un giro brusco a gran velocidad y el vehículo volcó, lo cual utilizaron el Capitán y sus compañeros para escapar, no sin heridas. Subieron una pequeña colina para poder ubicarse y vieron al norte una línea de rascacielos con los recubrimientos de cristal destruidos.

 

—Seguirme, creo que se dónde estamos, a menos de una hora de camino se encuentra SinLight City, conozco un par de tugurios de mala muerte donde podemos pasar inadvertidos por un tiempo, luego nos separaremos.

—Tú no vas a ir a ningún sitio recluso. Capitán, creo que lo mejor es que le abandonemos aquí atado a un árbol y pidamos socorro a la flota.

—No se cómo vamos a llamar a la flota si no tenemos dispositivos de comunicación. Iremos a esa ciudad, desde allí podremos avisar para que vengan a rescatarnos — finalizó el Capitán el conato de discusión.

 

Después de un largo rato de caminata, bajo el calor provocado por el Sol del sistema, una estrella tipo G2 de tamaño similar al Sol del planeta originario de los humanos, aunque estaba situada a menor distancia del planeta habitable del sistema que la de aquella con el suyo, la Tierra, llegaron a SinLight City.

 

La ciudad, quizá lo hubiera sido en otro momento, cuando la colonización del espacio comenzó. Ahora no era más que un conjunto destartalado de torres de superacero y carbocristal, inhabitables casi en su totalidad, donde la mayoría de la población, pobre y desarrapada se apelotonaba en los bajos fondos, donde podían esconderse a la sombra del abrasador sol y de las patrullas, amigas o enemigas (eso nunca se sabía), que aleatoriamente hacía incursiones en la ciudad para llevarse futuros esclavos por los que no reclamaría nadie.

 

Montones de desperdicios, escombros y restos de vehículos se encontraban por doquier en las calles de la lúgubre ciudad. Y de entre ellos salían al paso de Kev, con restos de alimento o basura entre sus dientes, ratas gigantes con diversas mutaciones, que en el mejor de los casos pasaban de largo, y en otras ocasiones, trataban de atacar para defender su territorio.

 

La ciudad también era utilizada a modo de escondrijo por maleantes, criminales y diversas organizaciones, que se dedicaban, desde allí, a organizar el crimen en diversos planetas de los sistemas más cercanos, la mayoría de ellos con más recursos que este, HAR-4.

 

Pasearon entre callejuelas lóbregas y sombrías, en las que unas pocas luces titilantes intentaban, ineficaces, descubrir a los caminantes, que intentaban mantenerse en la discreción que proporciona la oscuridad. Durante un par de horas buscaron el local que Kev conocía, por haber estado allí anteriormente, cuando se implantó el último enlace neuronal externo de banda súper-ancha, que tan necesario había resultado para sus últimos trabajos.

 

Cuando estaban a punto de desistir en la búsqueda, vieron al final de la calle un letrero de neón rojo con las letras JM y una flecha que indicaba que debían de bajar unas escaleras. Llegaron hasta el letrero, bajaron unos cuantos escalones y cruzaron el umbral de la puerta del local, al nivel del subsuelo. Recibieron una bienvenida acorde a sus últimas aventuras.

 

Un total de quince cañones de pulso estaban apuntándoles a partes totalmente vitales de sus cuerpos, inmediatamente recibieron la primera orden.

 

—Tiraros al suelo, con las manos en la nuca… Capitán.

—Vengo aquí para hablar con… — empezaba a hablar Kev cuando fue interrumpido.

—Hacedle caso, aquí el compañero tiene un pulso ligero y puede disparar sin querer.

—¿Cómo sabéis que soy capitán?

—Bueno, han llegado rumores del ataque a una nave de transporte de prisioneros, y de que en el traslado del botín han logrado escapar tres personas, el capitán de la nave atacada, un soldado de la misma, y un recluso. Por tu ropa entiendo que eres el Capitán. ¡Ahora!, ¡tiraros al suelo!

—No he salido de esa nave y ese secuestro para que me encañonen una panda de desgraciados que no conocen a sus madres — voceó el carcelero, inmediatamente antes de lanzarse contra el delincuente más cercano.

 

Hubo lucha, tiros, mucho ruido por el quebrar de las maderas del mobiliario, mesas y sillas mayormente, y por los disparos, errados la mayor parte de ellos, aunque algunos acertados.

 

Cuando todo acabó, en el suelo quedaba el cuerpo acribillado del carcelero, con los miembros rotos, por lo menos los que quedaban formando parte del cuerpo, el capitán también había sido herido, perdiendo una pierna y un brazo, y hallándose al borde de la muerte por la pérdida de sangre. El hacker, cual ratón que huye de la confrontación con un gato, se había refugiado detrás de un pequeño muro de piedra que hacía las veces de mostrador.

 

—Quiero hablar con Joseph, ¡hemos venido a hablar con Joseph!, decirle que soy Kev In, por favor.

—Podías haberlo dicho antes de que gastáramos tanta munición, jajaja — dijo un barbudo corpulento de casi dos metros de estatura mientras que se acercaba a él — es cierto, me suena tu cara, ¿Hace cuántos ciclos estuviste aquí?, ¿cuatro o cinco?

—Si, hará cinco ciclos, ¿podéis avisar ahora a Joseph?

 

Joseph, que había visto todo desde su despacho, no sin dejar de soltar alguna carcajada y gritos a favor de unos u otros, como si estuviera viendo algún espectáculo deportivo, salió en cuanto escuchó su nombre y reconoció a Kev In.

 

—¿Qué tal Kev? No te había reconocido con el pelo tan largo y sin tus conexiones.

—Por eso venía, nos han atacado, me han deshabilitado las mejoras y me han quitado la conexión, me siento incompleto, necesito que me dejes como antes.

—Bueno, como sabes, todo tiene un precio.

—Sí, lo se, pagaré lo que sea.

—Claro, seguro que lo harás.

—Auxilio, me desangro — balbuceó casi sin voz el capitán.

—¿Y tu amigo? También podemos hacer algo con él, podría servirnos para un trabajo que tenemos pendiente.

—Sí,… os ayudaré, pero… no me dejéis morir — acertó a responder antes de caer inconsciente.

 

Recogieron el cuerpo de Jet White y a Kev In y los metieron en el quirófano del sótano, que más parecía la sala de un matadero que otra cosa. El instrumental de acero y aluminio no brillaba como antaño aunque los filos y sierras se mantenían en perfecto estado para ser utilizados. La higiene no era un estándar, ya que había bastante suciedad en las mesas de operación y las paredes de lo que podían ser restos humanos o animales, de sangre y de otros fluidos corporales o mecánicos.

 

Después de varias horas de operación, los convalecientes compartían una oscura habitación, con olor a whiskey barato mezclado con formol y efluvios de sangre reseca.

 

Cuando Kev despertó, observó que volvía a poder disponer de sus habilidades y con sus dedos temblorosos pudo corroborar que la conexión neuronal externa volvía a estar en su sitio, y por lo que parecía era una de las buenas. Se levantó del camastro en el que le habían dejado y con pasos cortos, que fueron ganando poco a poco en firmeza, se acercó al Capitán para ver como había ido su operación.

 

Al acercarse vio una terminal de acceso en la puerta y no pudo evitar probar sus mejoras, se conectó con el cable bidireccional que llevaba en uno de sus bolsillos y gracias a sus habilidades comprobó la seguridad del local, y las noticias sobre el ataque anterior.

 

Mientras que estaba en faena el Capitán se despertó y empezó a tener consciencia de sus mejoras poco a poco y no sin sorpresa. Tocó la pierna que había sido reemplazada, esta en principio tenía la consistencia de la carne, parecía natural y sólo se notaba que era robótica por la unión, ya que aun no estaba cicatrizada. Lo mismo ocurrió con el brazo que le habían puesto para sustituir al que había perdido.

 

—¿Al final nos han arreglado? — preguntó el Capitán a Kev.

—Nos han curado. Aunque tengamos partes inorgánicas, seguimos siendo personas, no lo olvides Capitán. Pese a todo seguimos siendo seres humanos, mejorados con la tecnología, pero humanos. No nos arreglan como a un vehículo, nos curan.

—¿Y cuanto nos va a costar?

—Todavía no han dicho nada, pero no será barato, cada una de tus nuevas extremidades viene a costar unos 100.000 créditos en el mercado. Pero no creo que sea dinero lo que quieran.

—¿Entonces que querrán?

—No tardaremos en saberlo, veo que ya viene Joseph, supongo que ahora nos dirán algo — respondió Kev mientras que desenchufaba su cable de la terminal.

 

Joseph y su séquito entraron en la habitación. Kev sabía que todos ellos estaban aumentados de una u otra manera, ya que había conseguido sus expedientes, gracias a su reciente incursión en el sistema del local. También había conseguido algo más.

 

—Gracias por todo Joseph. Ahora. ¿Qué vas a querer como pago? — preguntó Kev sin rodeos.

—Veo que vas al grano. Bien, estas han sido operaciones bastante caras. Material, personal e instalaciones, el coste de hacerlo en un sitio legal podría llegar a los 450.000 créditos, pero como sabes, este no es un sitio legal.

—Supongo que entonces nos encargarás el trabajo que decías.

—Exacto.

—Para el Capitán y para mí. Un equipo de dos. Por lo que te debemos hay pocos encargos posibles.

—Va a ser algo bastante específico, una misión de rescate. Queremos sacar a alguien de la prisión secreta que hay en el tercer satélite de este planeta. No va a ser entrar, coger y salir, podéis sufrir daños, pero si los hay los solucionaremos sin coste añadido. Pero no va a ser todavía, esperemos a que curen las cicatrices del Capitán y se haga a su nuevo cuerpo. En cuanto a ti, creo que ya has probado la conexión.

—Sí, he estado buscando noticias sobre el asalto a la nave. No he encontrado nada.

—Ya sabes como son estas cosas, el gobierno interplanetario lo ha silenciado para tapar sus debilidades. Ahora descansar, mañana vendré a ver como va todo. Sentiros libres de andar por esta habitación. Dejaré un par de guardias en la puerta, por si necesitáis algo — finalizó la conversación Joseph mientras salía por la puerta.

 

Durante los días siguientes, Kev se encargó de volver a configurar scripts que le habían deshabilitado y que una vez activados de nuevo, no se ejecutaban del todo bien con el nuevo sistema que le habían instalado. El Capitán se encontraba cada día más fuerte, sus nuevas extremidades respondían a la perfección, y las viejas también, ya que habían sido modificadas, al igual que el resto de su cuerpo, con tecnología de nanofibras intramusculares y de malla ósea, para equilibrar la tensión de todo el cuerpo y que los puntos débiles fueran los menos posibles.

 

Al quinto día desde las operaciones Joseph entró en la habitación y les dijo que ya estaban listos, partirían en tres horas y se actualizarían acerca de la misión en el transporte.

 

La nave era pequeña, con el espacio justo para el piloto y seis personas más. Estaba preparada para misiones cortas y rápidas, o vuelos entre planetas o satélites de un mismo sistema. Sin ser demasiado antigua, tampoco es que fuera el último modelo, pero cumpliría su misión.

 

Dentro de la nave, Kev y el Capitán fueron informados del objetivo del rescate, de las medidas de seguridad de la prisión y de como pasar pon encima de ellas. Al ser una prisión secreta, no tenía demasiados guardas en ella, los justos para mantener tranquilos a los presos y que no se desmadraran mucho las cosas, sin llamar mucho la atención al exterior.

 

Llegaron hasta la puerta oculta por una malla holográfica que simulaba ser un muro de rocas y la nave disparó dos misiles que dejaron un gran hueco en el este. Kev y el Capitán salieron de la nave, equipados con trajes ligeros preparados para el espacio exterior, y comenzaron su parte de la misión. Fueron pasando barreras, en ocasiones utilizando las habilidades de Kev, que se conectaba a alguna consola de manera remota, gracias a la conexión inalámbrica, para abrir puertas o desactivar torretas defensivas instaladas a lo largo de los interminables pasillos, y otras gracias a la fuerza de Jet, el Capitán, que era capaz de tirar puertas de acero de un empellón, y de dejar inconscientes a los guardias utilizando eficientes técnicas de lucha.

 

Por fin llegaron a la celda en la que estaba recluso el objetivo del rescate, lo sacaron y le equiparon con otro traje ligero. Después desandaron sus pasos hasta llegar a la pequeña nave de transporte. De allí volvieron a la base de Joseph.

 

—¿Y ahora que Kev?, ¿nos dejarán ir sin más? — susurró Jet.

—No lo creo, estáte preparado para lo que pueda ocurrir. Si le somos de utilidad, se quedará con nosotros. Si no, nos eliminará. Aunque es cierto que es probable que a mí me deje ir, yo pertenezco al mundo del hampa, tú no. Yo por si acaso tengo mi seguro de vida preparado. Ahora descansemos mientras que llegamos.

 

Cuando la nave aterrizó y se abrieron las puertas, un comité de bienvenida, armado hasta los dientes, les estaba esperando, con Joseph a la cabeza.

 

—Aquí tienes el paquete Joseph. Supongo que ya hemos pagado nuestra deuda — dijo Kev mientras que entregaba al rescatado a uno de los matones más cercanos.

—De eso tenemos que hablar Kev. No tengo problemas en que tú te vayas, pero el Capitán, no creo que lo consiga. Pertenece a los cuerpos de la ley. Ya sabes la reputación que da eliminar uno de ellos, y un capitán nada más y nada menos. No puedo dejarle ir.

—No es eso lo que habíamos acordado — gritó el Capitán.

—No estás en condiciones de negociar — respondió Joseph mientras apuntaba a la cabeza al capitán.

—Capitán, lo siento, pero… ¡corre a la nave ya! — bramó Kev mientras que efectuaba el cobro de su seguro de vida y bloqueaba las mejoras de todos los asesinos a sueldo de Joseph, que quedaron inmediatamente incapaces de moverse.

—Ir a por él, estúpidos, no os quedéis quietos — increpó Joseph a sus hombres mientras se daba cuenta de que habían sido frenados externamente. — Buena jugada Kev, pero eso te va a costar caro, ¿cambiar tu vida por la del capitán?, ¿a quién se le ocurre?

 

Joseph disparó a Kev en la pierna, ya que no disponía de mejoras físicas y no había sido bloqueado. La nave, con Jet a los mandos, salió estrepitosamente del hangar dejando tras de sí la base y dirigiéndose hacia la salvación. Jet se quedó con la imagen de Kev devolviendo el disparo a Joseph y cayendo este último al suelo desangrándose, pero no dio la vuelta, pensó que Kev podría salir de allí por sus medios, total, había sido capaz de frenar el solo a un pequeño ejercito.

 

Cuando la nave ya había desaparecido del radar Kev desbloqueó a los matones de Joseph y pidió que le ayudaran con la pierna, la herida había sido limpia, pero aun así no dejaba de manar sangre de ella. Joseph se levantó sin ningún rasguño pese a haber sido disparado en el centro del pecho.

 

—Buen trabajo chico, ha salido todo a pedir de boca –– comentó socarronamente Joseph a Kev mientras a este se le llevaban a quirófano.

—Creo que si, pero ahora cúrame la pierna que me estoy desangrando –– demandó Kev.

—Enseguida empezaré, y creo que con eso habrá terminado nuestra relación contractual. A ojos del Capitán, yo estoy posiblemente muerto, aunque destruiremos esta base y dejaremos algunos cuerpos por si investigan, tú has escapado y serás considerado amigo suyo por haberle salvado la vida y el Capitán será uno de nuestros mejores agentes informadores, sin ni siquiera tener idea de que lo es. Los dispositivos de espionaje que le hemos instalado son indetectables por la tecnología que utiliza el gobierno. Así estaremos un paso por delante de las misiones que le encomienden.

—¿Y el amigo que hemos rescatado? Me costó bastante dejarle callado durante la huida.

—Ah, se me olvidaba –– Joseph fue hacia el objeto del rescate de la prisión secreta y lo abatió con el arma que aun llevaba en sus manos, de un certero disparo en la cabeza.

—Supongo que ahora tienes un enemigo menos Joseph –– comentó Kev.

—Sí, nunca está de más eliminar al jefe de alguna banda rival. Simplifica las cosas a largo plazo.

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Obra colectiva del equipo de coordinación ZonaeReader

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