Relato 022- TEORÍA Y KAOS

(Archive 01-3152138/ Sabinus Mackenzie [Mackenzie, general electrodynamics & aerotronic workshop].)

            […] Llevo treinta años en este negocio, y puedo decir que he visto casi de todo, pero nunca alguien que insistiera tanto en pagarme por adelantado. Ni mucho menos es lo habitual, al menos por estas latitudes. Su nave lanzadera tenía bastante tocada la cubierta exterior. Aparecía llena de abrasiones, con placas cerámicas hechas polvo y antenas fritas. Una chapuza bastante cara. En esas condiciones no hubiera llegado mucho más lejos, desde luego. No era asunto de mi incumbencia, así que no pregunté. Aunque saltaba a la vista que eran destrozos producidos por un rayo de partículas, típico de los satélites de interceptación exoatmosférica de la Tierra. Yo diría que ese tipo escapó por los pelos. Sospeché que podía tratarse de un contrabandista… quizá alguien dedicado a introducir inmigrantes ilegales en las colonias. Pero como ya le dije, no era asunto mío. Yo sólo reparo estos cacharros, no me importa el tipo de uso que le den ahí afuera ¿comprende? En fin. Le dije que tardaría seis semanas en arreglarla. Tres semanas para recibir las piezas nuevas, y otras tres para montarlo todo en su sitio. Pero no quedó conforme y volvió a insistirme otra vez. La quería arreglada en la mitad de tiempo. Eso, entiéndame, era virtualmente imposible. Aunque luego, como buenos hombres de negocios, supimos llegar a un acuerdo. Ahí detrás hay otra veterana Dragonfly. Una nave pequeña y rápida. Perfecta para maniobrar sin llamar la atención de las patrullas orbitales. Y por suerte, un aparato bastante común. Sólo tenía que cambiar las piezas de un sitio a otro. Además, ese otro cliente aún me debía un apaño, por lo que pensé que no le importaría esperar. Su hombre se dejó ver por aquí dos o tres veces más. Quería estar al tanto de cómo marchaban las reparaciones. Y exactamente al cabo de tres semanas tuve listo su transporte. Me comprometí, y cumplí mi palabra. Pero ya ve… tanta urgencia para nada. Ahora es cuando se presenta usted haciendo preguntas… Espero que no le pase nada malo, pero hay una cláusula que establece una penalización por cada día que se prolongue la estancia en el taller. Yo soy de natural desconfiado, así que, por lo que pudiera pasar, me guardaré la documentación de la lanzadera. La nueva deuda va a aumentar rápidamente, y si no regresara de aquí a unos meses, es probable que tenga que responder con su nave. Quiero que encuentre a ese tipo, desde luego, pero… esta vida me ha enseñado que hay que ser prácticos ¿entiende lo que quiero decir, verdad?

 

(Archive 02-3162138/ Mathilda Cranford [Milky Way Motel. Take cheap and comfortable stay].)

            […] Aquí está. Vea el registro. Nightingale, George. Alquiló una habitación por tres semanas. Sí, recuerdo que hizo el pago por adelantado. Sólo puso una condición: que no le molestaran por las mañanas. Ese hombre llegaba a altas horas de la madrugada, permítame decírselo, en no muy buenas condiciones. En realidad lo vimos muy poco por aquí. Bueno, si exceptuamos la vez que permaneció dos días sin salir de su habitación. Aquella vez no regresó solo, ¿comprende? ¿Qué si conozco a la persona que lo acompañaba? No tengo una buena memoria… aunque, claro está, el color verde siempre ayuda a recordar… Pues verá: llegó del brazo de una guapa señorita; cosa que por otra parte aquí no es extraña. Mire a su alrededor: cruceros interestelares, naves de paso… tripulaciones que se toman un descanso, viejos verdes con mucho dinero y ganas de nuevas experiencias… Esta estación se nutre de las prostitutas y de los casinos de juego, más que de los cargueros que arriban para repostar o hacer mantenimiento. Pero su hombre no encaja en ese grupo, ¿verdad? Una estación fronteriza siempre está en el punto de mira de la policía orbital. Créame, usted no es el primero que viene haciéndome preguntas. Por lo demás, ya estoy muy acostumbrada a ver llegar a esas chicas acompañando a mis clientes. En este caso evanturiana. No, no podría equivocarme. Su físico es algo peculiar. Pero hay muchas como ella trabajando en los clubs de la estación, así que me sería imposible reconocerla. Entre usted y yo… le diré algo: no son chicas de fiar. Las prostitutas nunca son de fiar. Especialmente si vienen con mafias de otros sistemas. Mi marido se largó con una Yith llevándose consigo nuestros ahorros de veinte años… pido cada día porque ese cabrón se consuma eternamente en brazos de Azatoth… Perdone. Me estoy yendo por las ramas… de todas maneras, a nadie le importa lo que a mí me pase. En fin. Cuando los vi llegar juntos, pensé: otro al que va a acabar pesándole la juerga. Los aturden de una sacudida. Les roban hasta la camisa… ¿es necesario que siga? ¿Denunciar? ¿Para qué? Apuesto a que adivinará pronto quienes son aquí los más fáciles de sobornar. Pero no, no me pregunte más. No quiero líos. Eso es todo lo que puedo contarle. Así que, si no le importa, ahora tengo muchas cosas que hacer…

 

(Archive 03-3172138/ Ms. Eclypsia [Club Planet X - Exotic girls- Striptease].)

            […] Deberá invitarme a una copa; aunque le advierto que el precio será alto... ¿El tipo de la foto? Sí, lo reconozco. George no sé qué. Era habitual verlo por aquí los fines de semana. No tenía nada de particular. Se quedaba a vernos bailar y a veces nos metía un billete de veinte entre las bragas. Después del espectáculo podía irse con cualquiera de nosotras, no hacía ascos a ninguna. Blancas, morenas, piel de leopardo, translúcidas, híbridas... Tomaba un par de copas, subía a follar, y hasta la próxima vez. La mayor parte de los tíos con los que alterno son unos pervertidos. Pero no era el caso. ¿Por qué lo recuerdo tan bien? Cariño, no es el primer cliente que me vomita en la cama, pero sí el primero que se me queda dormido encima. Pues como le iba diciendo, al final ese tal George me dio un poco de lástima. No debió ser su mejor noche. Tenía una fea herida en la nariz; de haber recibido un buen sopapo. Y para no variar, venía borracho. Así que pasé el resto del tiempo acostada a su lado, masajeándolo. Luego, en la ducha, quería que yo le jabonara la espalda. Pobre… tuve que explicarle que no era una buena idea. Ni aun ofreciéndome más dinero. ¿La razón? Las evanturianas siempre cobramos extra porque hay algo nos distingue del resto de las chicas, no sólo tener los ojos grandes y azules y un cuerpo que os recuerda a una joven adolescente de vuestra raza. ¿No le tienta la curiosidad? Podría enseñarle el paraíso con mis habilidades vaginales. ¿Alguna vez se ha orinado de gusto justo después de correrse? No imagina lo que se está perdiendo. Lástima... en fin. Pues no es buena idea meterse en el agua con una de nosotras del mismo modo que no sería hacerlo con una anguila eléctrica. Una noche de mal humor, un gesto molesto, y adiós muy buenas el cliente. No obstante, ese tipo, George, insistió en dejarme propina. Dijo que era por lo de las sábanas. Y eso es todo. ¿No se lo ha pensado mejor? Una pena. Usted me gusta…

 

(Archive 04-3182138/ Jotham F. Berrycloth [PR officer Great Casino Titan].)

            […] Es correcto. Hizo un par de visitas a nuestro establecimiento. Recuerdo que la primera vez aparentaba ir con aires despistados, como si se sorprendiese con todo. Pero no tenía aspecto de turista. Tomó un par de cócteles. Luego jugó un rato a las máquinas tragaperras. No gastó una cantidad muy elevada, unos cien créditos a lo sumo. Regresó a nuestro casino dos días después. Venía acompañado de una señorita. No tenían un aspecto adecuado, así que pedí a seguridad que los tuviesen vigilados. Fueron a la barra y pidieron dos copas. Él un cóctel de gasificado de whisky y ella champán de Umbriel. Luego se sentaron a las mesas de juego. Al principio ese hombre perdió dinero en las suertes sencillas, pero más tarde comenzó a subir sus apuestas hasta conseguir dos plenos casi consecutivos. Después lo intentó a la ruleta. Estaba en racha. Demasiado, según nuestras estadísticas. No obstante ni el jefe de juego, ni el vigía electrónico de sala lograron descubrir sus trampas. Así que al fin hubimos de «invitarles» a que abandonaran nuestro establecimiento. En realidad podemos hacerlo acogiéndonos al derecho de admisión. Teníamos claro que tratábamos con un profesional, y sólo era cuestión de tiempo que desentrañáramos el secreto de su estrategia. El tipo no protestó ni opuso resistencia. Sabía lo que se hacía. Recogió sus fichas y fue a cobrarlas. Aproximadamente se llevó unos treinta mil. En efecto, en el casino disponemos de todas esas grabaciones, pero comprenderá que sin una orden judicial no puedo ponerlas a su disposición. Y la burocracia en las colonias es especialmente lenta, caballero... Aunque he de decirle que no nos importaría hacer una excepción en el caso de que usted colabore con nosotros. Sólo para prevenir futuros asaltos a nuestra banca, no sé si me comprende… ¿Hay algo que usted sepa de su modus operandi y nos quiera contar? ¿Lo tienen fichado en otros casinos del sistema?

 

(Archive 05-3192138/ Bobby Lambert [Oort Cloud Tavern- The finest beers in the Galaxy!].)

[…] ¿Investigador privado al-servicio-de-una-importante compañía de seguros? Mmm… ¿En serio que no tiene que ver con inmigración? ¿Ni con la policía orbital? Conforme, amigo. Colaboraré con usted. Me fío de su dinero. Pero procure andarse con ojo… Los que llegan haciendo demasiadas preguntas no caen demasiado bien por aquí. ¿Qué si he visto antes a este tipo? ¡Claro que lo recuerdo! Vino por mi local unas cuantas veces. Se sentaba en aquel rincón a emborracharse. Es cierto que no se metía con nadie. Pagaba sus copas y se marchaba. Después de ocho o diez destilados, le daba por hablar solo. Sí, lo escuché, pero no prestaba atención a lo que decía. Normalmente hay mucho ruido, el ambiente está cargado, y yo debo estar a lo mío. Otro viajero de paso, otro borracho más. Eso pensaba. Y entonces, una noche entró otro sujeto. Un andrógino danalturio, si mal no recuerdo. Nada más verlo ya me dio mala espina, pero en mi local entran muchos tipos raros como él, ya me entiende. El caso es que se sentó cerca y se lo quedó mirando. Y su hombre se burló de él y sus cosas colgantes. Esa gente tiene muy malas pulgas y no se andan con chiquitas. Así que al fin sucedió entre ambos lo que era de esperar: le atizó un mamporro que lo tiró de la banqueta. Yo pensé que su amigo estaba acabado. Tirado en el suelo con la nariz partida. Pero era un tipo duro. Nadie lo hubiera imaginado viéndolo en ese estado. Se sonrió. Se levantó, se sacudió la chaqueta, y se encaró a él. Cuando el resto de parroquianos ya apostaban por ver cuánto tardaba en salir volando por la puerta, fue que respondió con una patada en los tentáculos que lo dejó k.o. ¡Bum! Así lo despidió el cabronazo. Luego se acercó a la barra, se limpió la sangre con un pañuelo, y pidió la cuenta con toda tranquilidad. Antes de marcharse, apuró la cerveza de un trago y metió treinta pavos bajo el vaso. Dijo que era por las molestias. Y ya no lo he vuelto a ver. Nunca más regresó por aquí. ¿Por qué lo andan buscando? ¿Hizo algo malo, verdad? ¿Atropello y fuga? Caray.

 

(Final report- 03355/ 3202138- Agent Ishmael Karasiewicz «Kaos». Foresight Agency.)

El señuelo podía disponer con total libertad de las cantidades que le fueron asignadas. Y al fin, todo se desarrolló según habíamos pronosticado.

Encuentro al que era encargado de dar el soplo a sus compinches si encontraba que tenía delante a la víctima perfecta. Su beneficio pronto se hace patente: el vehículo pasa a ser de su propiedad haciendo valer la letra pequeña del contrato. Presumiblemente es también el encargado de borrar toda huella física y falsificar matrícula y documentación. Las naves se venden enteras o por piezas, según el estado en que lleguen a su taller. He visto que hay varias aparcadas esperando comprador. El sujeto en cuestión fue «neutralizado» pocas horas después de nuestra entrevista aprovechando el momento en que iba a cerrar las puertas de su negocio. Encontré en su oficina varios folletos anunciando el Milky Way Motel y también algunos posavasos del Club Planet X.

Descubro a la cabecilla de la trama. Nuestro hombre llegará a su establecimiento recomendado desde el taller. Mathilda Cranford es quien lo va estudiando y quien va disponiendo el plan a seguir. En recepción había una pantalla expositora anunciando entre otros el Great Casino Titán y el Oort Cloud Tavern. Los tatuajes de sus antebrazos, y cierto vocablo que empleó sin disimulo, me hicieron sospechar que estaba delante de una fanática religiosa. Me equivoqué por poco. En realidad era la líder de una secta, alguien que sabía cómo mantener a raya a los suyos aprovechándose de su oscura atribución. Una mujer dura de pelar, a la cual no pude sonsacar ni una palabra de lo que hicieron con Nightingale pese a someterla a intensas sesiones de tortura. Luego aparece esa otra persona que llega hasta nuestro hombre haciendo valer sus especiales dotes de seducción. Ella se las apañaba para averiguar números y claves de sus cuentas. Y ella es quien lo conduce al casino en última instancia, lugar donde les esperaba el cuarto implicado. Ese hombre, en definitiva, estaba encargado de calcular cómo y cuánto dinero podían llegar a robarle. Luego es quien, haciéndolo parecer un tramposo y mediante la amenaza de dar aviso a la policía, registraba su documentación y hacía duplicados de sus tarjetas. En el transcurso de la sesión privada que mantuve con ambos, me llamó la atención que evidenciaba tener más pavor a los «infinitos tormentos más allá de la muerte» con que la señora Cranford le amenazó si se le ocurría abrir la boca, que al muestrario de herramientas de corte que desplegué frente a él.

Respecto al sujeto del archivo seis, al principio dudé si estaba frente a un pobre diablo que no tenía nada que ver con ellos, o ante un hábil mentiroso. Los símbolos que observé de casualidad en los dibujos disimulados entre la decoración de las paredes me parecieron similares a los que hube visto en la piel de la señora Cranford antes de proceder a arrancársela. Él, como último eslabón de la cadena, raptor de nuestro reclamo, fue delatado por la chica evanturiana poco antes de hacer que ella muriese desangrada. Solventada la duda, a este pude hacerlo hablar sin mucho trabajo. Los sótanos de su taberna oficiaban como almacén y lugar del culto, y sus alaridos me condujeron allí sin dificultad. Dadas las características de ese sitio, dada la naturaleza de las inscripciones que encontré en suelos y paredes, y los elementos que emplearon para ejecutarlo, no tuve duda de que se hizo llevando a cabo un ritual. Lo cierto es que no pude localizar pruebas de que Nightingale hubiese muerto allí, salvo unos pocos restos de ceniza esparcidos en el centro de un grabado circular hecho en el suelo. Ello me hizo pensar que tal vez encontraron el método perfecto para desembarazarse de los cuerpos de sus víctimas.

Finalizada mi misión, concluyo dando el visto bueno para que la operación de traslado de nuestro cliente se lleve a cabo. Pero no quiero despedir esta comunicación  sin antes hacerles una recomendación importante: esta estación orbital fronteriza es un lugar donde los fugitivos solitarios deben obligadamente ser prudentes y es preceptivo andar siempre con mucho cuidado.

 

 (Archive 00- Client 03355/ XXX- Foresight Agency [Destination: Titan II Orbital Station].)

             […] Comprendo que todo este asunto le genere ansiedad e incertidumbre, señor XXX. Pero entienda que su actual situación es crítica. Le seré franco: tenemos perfecto conocimiento de sus actividades. Lo averiguamos todo. Pero nuestro grupo, afortunadamente para usted, no hace distinciones entre sus clientes. ¿Un servicio caro? Nos llevaremos sólo la mitad de su inmensa fortuna por garantizar poner a salvo su vida. ¿Y qué precio tiene su vida ahora, señor XXX? En este momento está en un callejón sin salida. Lo acosa la Interpol, se halla hostigado por la policía de siete estados, y las unidades controladas por satélite tienen la orden de disparar a matar. Su imperio se halla intervenido. Sus actividades, paralizadas. Y sus principales suministradores del Cartel de Antioquía aguardan que la justicia automática valide una fecha para su ejecución. Es cuestión de semanas que los neoagentes rastreadores den con su escondite. Acudió a nuestra organización porque se sabía acorralado. Todos lo hacen cuando se encuentran en las últimas.

De poco le vale ahora dudar si echarse atrás o demostrar miedo a lo que venga después. Quiero que sea verdaderamente consciente de la gravedad de los hechos implica que nosotros hagamos un esfuerzo extra ¿qué hemos pensado hacer para sacarle del atolladero? De eso trata esta entrevista. Va a saber cómo están las cosas y cómo emplearemos el dinero del primer pago, señor XXX. Necesitábamos primero ese informe suyo, esas pruebas psicológicas, para tratar de determinar la persona adecuada, el hombre que se comportara a usted de modo similar; ese que dispondrá del dinero y de las mismas oportunidades, y que vivirá de antemano la experiencia por usted.

Lo tenemos.

También tenemos naves planeadoras. Pequeñas. Rápidas. Difícilmente detectables por los radares y menos vulnerables a los disparos de los satélites de vigilancia. El señuelo saldrá por delante y nos determinará una trayectoria de fuga recomendable. Hemos escogido Titán II, porque las estaciones orbitales fronterizas son territorio franco y no hay un registro formal de entradas y salidas. Tan sólo existe una policía orbital que poco más hace que encargarse de registrar bodegas y cobrar las tasas a los cargueros interestelares que arriban a ella. Si, tiene razón. No es buen lugar para ir sin escolta. De hecho, es el peor lugar. Pero deberá acostumbrarse a confiar en nosotros. De ahí que nuestro programa personalizado incluya lo que nosotros denominamos la cláusula «mártir», en donde un sacrificado voluntario, nuestro señuelo, será el encargado de hacer aflorar los riesgos potenciales. Pero hay más. Tenemos un agente especializado en resolver eventualidades sin dejar rastro. Y eso es lo mejor de todo; nuestro servicio «catavenenos». Si hay algo que le pudiera perjudicar, él se encargará de eliminarlo previamente. Luego, una vez recibamos su visto bueno, ya no tendríamos por qué aplazar más tiempo su partida. Y su tiempo, tanto como el nuestro, es precioso señor XXX. ¿Está acorde con el plan expuesto? Si es así, solo nos faltará aguardar el informe final de nuestro agente y después hacer efectivo el segundo y último pago. Pero una vez llegue a Titán II, recuerde esto: no busque líos, y los líos no le buscarán a usted.

Le deseo mucha suerte, señor. Ha sido un placer.

 

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