Microrrelato 81 - El discurso

—¡Cuánto tiempo! Pasa, estaba a punto de preparar un café, ¿quieres? Me alegra tu visita, realmente te necesitaba… Discúlpame mientras voy a la cocina…

¿Leche y azúcar? Sí, yo también lo prefiero solo. Espera, voy a sacar unas galletas, las he hecho yo mismo. ¿Qué tal? Me alegra que te gusten.

Conoces a Manuel y Carmen, ¿no? Mañana cumplen cincuenta años de casados y sus hijos me han pedido que escriba el discurso para la celebración sorpresa que les están preparando. No he podido negarme, pero me está costando y eso que soy el mejor y más antiguo amigo de la pareja; conozco a Manuel desde la infancia y a Carmen desde el mismo día que la conoció Manuel, pero él tuvo la suerte de cara y se llevó el premio.

Coge otra galleta o se pondrán rancias… ¿Te importaría escuchar lo que tengo hasta ahora?

Amigos:

Nos hemos reunido para celebrar las BODAS DE ORO (las he escrito con mayúsculas porqué quiero resaltarlas con la voz) de Carmen y Manuel. Cincuenta y dos han pasado desde el día que fuimos a una de esas fiestas que tanto abundan en el verano y en la que conocimos a la bella Carmen. Cualquiera de los dos se hubiese podido quedar con ella pero Manolo siempre ha sido el del trébol de cuatro hojas.

Verano del 63. Sus primeros pasos se movieron al ritmo del Dúo Dinámico (de fondo sonará Amor de Verano)…

Juan detiene su lectura, su invitado ha caído al suelo. El sufrimiento se refleja en su rostro; su mirada ya definitivamente fija, pide explicaciones.

—Lo siento, debía asegurarme si la dosis era la adecuada. Mañana será mi regalo para la pareja. Espero que Carmen no las coma hasta que yo finalice mi discurso. Sería de mala educación.

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