Microrrelato 63 - Al caer la noche

Cae la noche. No quiero hacerlo, pero mis deseos me ahogan de una manera atroz y convulsa. Con ese maldito ardor recorriendo, de nuevo, mis entrañas. ¡Ahhh! Maldito de mí. Aquella fatídica noche de sábado. Con mis impulsos incontrolados y mis apetitos a flor de piel. Ahora no consigo detenerlas. Mis ansias de sangre son, cada vez, mayores y más agresivas. No debí probarla. No debí aceptar la invitación del individuo que me habló, me convenció de que existía y, lo peor de todo. Me prometió la vida eterna ¡Vida eterna! ¡Sí! Pero, ¿a qué precio? Después de varios meses, tengo la certeza de que esta es mi condena por apropiarme de lo prohibido. No puedo hacer más por arreglarlo. No tengo fuerzas para detenerlo.

 

Cae la noche ¡Qué aroma más penetrante desprende la chica que acaba de pasar! Me tengo que girar para verla. Me ha cautivado. Ese movimiento de piernas al caminar y ese cuello, que parece esculpido a mármol, serán míos esta noche. En otro tiempo, le habría pedido ir al cine o tomar una copa. Pero esta noche, no. Esta noche, mis necesidades son otras. Se escapa. Voy tras ella.

 

Fin de la escena. No ha sido tan lento como en otras ocasiones ¡Qué expresión de pavor se le ha quedado cuando la he asaltado! ¡Pobrecilla! Menos mal que apenas ha sufrido. He sido benévolo. Es raro en mí, sobre todo últimamente. Pero, en este caso, quizás me ha cautivado su última mirada. Clavada en mis ojos. Mientras saboreo esta sangre tan dulce y caliente que devora mi alma, pienso en quien será la próxima víctima cuando caiga la noche.

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