Microrrelato 60 - Wang, el monje de Song

Cuentan que desde el monasterio de Song, el monje Wang escuchó claramente el canto del gallo y como cada amanecer siguió la senda que transcurría desde su celda hasta la cocina para preparar el desayuno al resto de los religiosos. De pronto, oyó unos extraños alaridos que no supo muy bien cómo interpretar así que dudó en ir tras ellos fuera del muro o quedarse quieto. Sin embargo, fueron creciendo en intensidad y al instante siguiente sus pies se daban la presteza para correr hacia el origen de esos alaridos. Aunque era consciente de que no deseaba acudir hasta allí, Wang llegó al lugar, un tanto alterado y sofocado, y no vio nada. Los alaridos podían escucharse en la lejanía y a pesar de que no deseaba saber su origen, sus pies, de nuevo, se pusieron en marcha. Lo extraño era que cuanto más corría más parecía estar cerca y cuando creyó llegar allí, no vio nada ni nadie. Wang no entendía cómo era posible que tuviera la necesidad de ir hacia el origen de los alaridos en lugar de huir. De nuevo los oyó y pudo observar cómo sus pies comenzaron a marchar veloces y tan raudos que alcanzó el precipicio de uno de los ríos más importantes del reino. Wang se detuvo, los alaridos estaban al otro lado. El borboteo incesante y caudaloso del río al precipitarse hacia abajo, le alertó. Y siguió de pie, mirando el agua caer. Y de pronto solo escuchó el silencio. Una sonrisa se dibujó en su mente y en su rostro, que le hizo estremecer.

 

 

Algunos cuentan que cayó por el precipicio. Otros dicen que le atacó un lobo y algunos se atreven a afirman que llegó a volar por las nubes y perderse en el firmamento.

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