Microrrelato 52 - El destino también cuenta

La noche triste se le presenta al centinela que se refugia en su garita. Se le había presentado de improvisto una tormenta que empeoraba según pasaba los minutos. Cerca de allí un algarabío vigila al centinela. Si el centinela asoma su cabeza sería su última guardia. Para el algarabío, su suerte sería si la detonación del disparo se confundiese con el trueno. Esa combinación cabeza, disparo, trueno, para que fuera efectiva hacía falta encomendarse a la fe. El algarabío debajo de la intensa lluvia rezaba para poder matar a un hombre, que si ni siquiera le había visto su cara.

La tormenta cesó y el algarabío desistió, nunca tuvo el permiso que tanto deseaba, se fue alejándose ocultándose entre la espesura de la vegetación evitando ser descubierto por la patrulla militar haciendo su ronda. El centinela ajeno a lo que le hubiese podido pasar espera su relevo, sin imaginarse que la tormenta le salvó la vida. El destino quiso que el centinela y el algarabío siguiesen con su buena estrella.

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