Microrrelato 49 - El quinto

Solo faltaban tres minutos para que acabase el encuentro. Pero por la sonrisa de Luis y los hilillos de baba que se escapaban de la comisura de sus labios, parecía que era su equipo el que iba a conseguir la victoria en vez de ir perdiendo por cinco a cero.

Instantes después, cuando el árbitro rubricó con su silbato aquel resultado, la pantalla del televisor, valorado en dos mil euros, se resquebrajó de parte a parte.

La responsable del «televisorcidio» fue una Biblia infantil ilustrada que Luis hizo volar, y que al impactar se abrió por el libro del Apocalipsis. «¡Jo-der! ¡Que me he «cargao» el «planma»!», dijo con una sonrisilla de asombro. «Bueno, ¡qué le vamos a «haser»!», añadió encogiéndose de hombros. Y para pasar aquel mal trago, decidió tomarse otro refresco de cola.

Pero mientras se dirigía a la cocina, sonó el timbre de la puerta. «¡Qué raro! —pensó— Si no ha «sonao» el interfono». Tras dos timbrazos más, el asombro se transformó en miedo y, finalmente, en curiosidad.

Cuando abrió, no había nadie, tan solo una nota en el suelo: «Mañana a las seis en la taberna del puerto».

«A lo mejor es un concurso de la tele –dijo sonriendo—. Iré.»

Al día siguiente, llegó al lugar de la cita con cinco minutos de adelanto. A las seis en punto, cuatro hombres de rostro serio y vestidos con gabardinas entraron en el local.

—Eres el quinto —afirmó el más alto de ellos.

—¿Perdona? —dijo Luis con tono desafiante arrugando el entrecejo y mostrando sus incisivos de conejo.

—Antes éramos cuatro jinetes  —aclaró con voz cavernosa el más delgado—: la Guerra, el Hambre, la Peste y un servidor, la Muerte. Pero ahora tú eres el quinto jinete, el más terrible: la Imbecilidad.

Consulta la comparativa de eReaders en Español, más completa de internet.

Podría interesarte...

También en redes sociales :)

 
 

Error. Page cannot be displayed. Please contact your service provider for more details. (21)