Microrrelato 48 - El lobo

Bostezo del lobo en la madrugada en su puerta de su guarida.

—¡Qué fastidio!, ya no sé cuántos días no como “ovis aires”, me tengo que conformar haciendo de perro de caza corriendo detrás de las liebres, no confundir con la constelación austral liebre. Menudo royo me metieron. Para que me sirvió estudiar tanto si ahora no puedo comer. Encima tengo que hacer guardia para que no me quiten mi agujero. ¿Por qué diablos no dejan a los lobos tranquilos?

El bienestar se asocia a los placeres de la vida. El desasosiego a la incertidumbre, ¿qué constelación me espera mañana? Después me dicen que no me queje. Todavía no he llegado hasta ese punto. Qué te parece ese que le llaman “amigo del hombre”. A mí también me gustaría ir a la peluquería y no robar para comer. No… si no me quejo, me van a matar igual. Estoy hablando solo como los locos y la luna se está riendo.

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