Microrrelato 15 - William Scott

Estoy en el lomo de mi caballo, espero incómodo por la postura inclinada que tengo que soportar hasta que mi caballo deje de beber en el arroyo. Me llamo William Scott, soy un viejo pistolero. Por mi habilidad en desenfundar más rápido que los demás pistoleros me convertí en leyenda. Nunca me propuse matar a nadie, solo me defendía. Tuve que recorrer mucha tierra en busca de tranquilidad, pero siempre había alguien que quería demostrar su habilidad con su revólver. La suerte me sonrió cuando un juez me ofreció la placa de sheriff,  9 años estuve sirviendo a la ley. Ahora vuelvo a mi pueblo natal.

Estoy viendo a cuatro apaches cabalgando paralelos a mí, ellos van por la montaña. Nunca tuve problemas con ellos, espero que sea coincidencia, que  sigamos por el mismo camino.  

Oigo gritar y llorar a una niña. Me dirijo hacia allí al galope. Un carromato había volcado, una de las ruedas se había salido posiblemente por ir demasiado rápido. Me encuentro con una familia, un matrimonio con su hija. El hombre estaba muerto y la mujer tenía un balazo por encima de su pecho izquierdo. Hable con la mujer, le expuse la necesidad de extraer la bala antes que se desplazase hacia el corazón, le advertí que lo único que tenía era mi cuchillo de caza y que bebiese whisky para soportar el dolor.

La bala ya la tengo entre mis dedos. La mujer tiene mucha fiebre, su vida se está desvaneciendo, nada puedo hacer por ella. Uno de los apaches se está acercando y me saluda.

—Jau tú ser William Scott, tú hace muchas lunas sacar bala a mi padre, tú esconder a mi padre de los soldados. Yo conocer medicina apache, curar herida.

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