RELIGIOSIDAD Y ECOLOGÍA POLÍTICA.

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RELIGIOSIDAD Y ECOLOGÍA POLÍTICA.

Notapor Vainaimoinen » Dom Ago 19, 2018 2:01 am

RELIGIOSIDAD Y ECOLOGÍA POLÍTICA.


 


Si examinamos desde un punto de vista empírico el fenómeno religioso y lo quisiéramos reducir a su expresión más sintética más abstracta, tendríamos que buscar conceptos o premisas que fueran atemporales, que sirvieran para todo hombre en cualquier momento de la historia y también para cualquier espacio, para cualquier latitud del planeta.


 


Desde que el hombre pasó a constituirse en un animal histórico, a transmitir la experiencia de cada generación a la siguiente, a inventar un lenguaje verbal, figurativo y escrito, enseguida empezaron a surgir los primeros signos de religiosidad. Estudiar las numerosas representaciones que han llegado a nuestros días, desde hace más o menos 7.000 años y en algunos casos de más antigüedad, nos llevaría muy lejos, y se excederían los límites de este artículo.


 


Hay algo que tenemos en común con todos los hombres que han poblado y que pueblan este planeta, y es que a diferencia de un animal sabemos que vamos a morir, somos conscientes que finalmente nuestra vida física, tal como la experimentamos terminará inevitablemente. Sin embargo un león, un caballo o un perro, no tienen conciencia de ello. Si que experimentan dolor cuando un animal cercano muere y hay multitud de ejemplos de ello. Pero dudo mucho que antes de esto tengan conciencia de que la muerte finalmente terminará su existencia.


 


Esto se puede interpretar de muchas maneras, y desde luego es algo que han experimentado los primeros humanos y que experimentamos nosotros mismos ahora.


 


En principio, parece una broma cruel, puedes llegar a ser poderoso, acumular muchas riquezas y poder, adquirir una cultura y un conocimiento profundo de la realidad que te rodea, puedes ser el ser más feliz del mundo, pero nada de eso servirá para nada, cuando llegue la muerte acabará con todo de un plumazo, es como si el tiempo mismo avanzara inexorablemente hacia el abismo, hacia la oscuridad.


 


Es evidente que la vida no tiene sentido si todo termina con la muerte.


 


Lo que resulta interesante no es tanto meternos en una investigación sobre si todo termina realmente con la muerte, sino las distintas respuestas que han dado los hombres sobre esta contradicción, ese es un ámbito que podemos manejar, que podemos analizar para poder seguir avanzando.


 


Enseguida empezaron a surgir explicaciones que tenían que ver con la trascendencia después de la muerte, y por supuesto como el cuerpo humano se descompone y salvo los huesos desaparecen, no se atribuye esta trascendencia a la base física sino a un segundo cuerpo que no se ve, a una especie de “doble” del cuerpo, compuesto por una especie de energía, o de algo no tangible que no depende del cuerpo físico. Sin la existencia de este alma difícilmente se podría hablar de trascendencia.


 


He leído que algunas tribus del Amazonas, machacan los huesos de los muertos y los entierran en una vasija en la que están todos los habitantes anteriores del poblado, la entierran en el centro de la aldea, para tener cerca el poder de los antecesores. De alguna manera esto también es atribuir una existencia no física a los restos de los que murieron.


 


Si existe un alma que permanece después de la muerte en algún sitio tendrá que habitar, en algún lugar, la respuesta a esto ha sido variopinta por parte de las religiones, desde el Walhalla de los vikingos, en los que los guerreros vivían en un permanente banquete con los dioses, hasta el paraíso de los musulmanes que también en este aspecto margina a las mujeres, ya que al que va al paraíso, le esperan 50 vírgenes a su disposición, lo justo sería que a las mujeres les esperaran 50 hombres bien dotados también, pero bueno sigamos adelante. El cielo de los cristianos y de los hebreos es más etéreo y luminoso, no deja de ser una perspectiva más evolucionada. Parece que este concepto de cielo, fue introducido en el antiguo testamento probablemente por el profeta Daniel, debido al contacto que tuvo con los sacerdotes zoroastrianos en la corte de Dario I. Puede que los adoradores de Aura Mazda, anteriores a las religiones monoteístas tuvieran mucho que ver en estas concepciones de las grandes religiones actuales.


 


Los griegos también hablaban de la la psiqué y de los Campos Elíseos, donde iban las almas de los hombres.


 


En todo caso, todas estas manifestaciones no dejan de tener fuertes componentes culturales de la época en la que fueron escritas, lo cual es un indicio de que no son elementos aepocales, que trasciendan el tiempo, son alegorías adaptadas al tiempo histórico y la latitud en la que nació la religión de turno. Por supuesto, esto no niega su existencia, es posible que los divulgadores de esa religión, usasen conscientemente unas alegorías adaptadas a la época, para conmover a los hombres de ese momento histórico.


 


La siguiente conclusión lógica es que debe de haber alguien o alguienes que hayan creado todo esto, y por lo tanto que gobierne este cielo.


 


Las primeras manifestaciones de divinidades, se refieren a la naturaleza, se relacionan con fenómenos naturales, como el dios del trueno, el dios del mar, las vírgenes de las cuevas y de los manantiales, los duendes de los bosques, etc. Es una religiosidad cercana a la naturaleza, con raíces animistas Con los griegos y posteriormente los romanos estas divinidades adquirieron una cualidad más compleja, con sus historias individualizadas y su expresión alegórica y simbólica muy rica, plasmada figurativamente en un arte muy diverso con una rica producción que todavía asombra al mundo. La religiosidad empieza a diferenciarse de la naturaleza, poniendo al hombre como protagonista de esta relación con lo divino.


 


Parece que esto de ser un equipo de dioses no le gustó mucho a algunos y entonces surgieron las religiones monoteístas, ya no había un grupo de divinidades para regir cada fenómeno de la naturaleza, o las cualidades humanas como la sabiduría, la poesía o la música. A partir del decaimiento del imperio romano se impusieron las grandes religiones monoteístas que destacan en la actualidad, no era un equipo de dioses el que regía el mundo, solo hay un creador que lo puede todo.


 


En la India no ha sido así, y han seguido fieles a otra concepción que tiene que ver con los principios de conservación (Visnu) destrucción (Shiva) y de creación (Brahma) algo que nos recuerda a la Santísima Trinidad Cristiana. El budismo es un caso aparte que comentaré más adelante.


 


Ruego a los más eruditos que disculpen el análisis simplista que he hecho, es para no extenderme más de la cuenta.


 



 


Muy bien, ya tenemos la respuesta al sin sentido, no todo termina con la muerte, el hombre trasciende y sobrevive esta existencia y su alma se dirige hacia la felicidad eterna, en la morada celestial después de su existencia terrenal.


 


Bueno pero ¿Por qué tenemos que pasar el trance de esta historia terrenal? ¿Por qué tenemos que venir a sufrir a este mar de lágrimas? Si existen paraísos tan estupendos ¿Qué sentido tiene que tengamos que presenciar tanto sufrimiento cuando no, violencia en la existencia de este mundo?


 


Esta es otra pregunta también es aepocal, y válida para cualquier latitud. Todos los hombres de todas latitudes y momentos históricos, se han hecho y se hacen está pregunta.


 


En general, las respuestas que han elaborado las religiones han coincidido en este punto. La vida es una especie de prueba para alcanzar ese estado de felicidad eterna. Nuestras acciones en la vida condicionan la posibilidad de entrar en ese paraíso. Hay casos como en Egipto, en los que se decía que al morir se pesaban las acciones del fallecido (las vísceras) y según pesaran más o menos, el alma podía ir hacia un lugar u otro.


 


Esto nos lleva a otra conclusión lógica. Si no todas las almas pueden entrar al paraíso ¿Qué pasa con las que no superan la prueba? Evidentemente hay que crear otro espacio en esta cosmogonía, un sitio que evidentemente no puede ser muy agradable, ya que las almas que van hacia allí, no han sido buenas, no han sido puras. Nacen los distintos infiernos de los que nos hablan las religiones.


 


 


LA SITUACIÓN ACTUAL


 


 


Hoy en día, para mucha gente es muy complicado creer en el Dios figurativo de las religiones tradicionales, la imagen de un señor mayor con barba y túnica blanca luminosa, sentado en un trono es muy difícil de digerir. Sin embargo la ciencia nos habla de una especie de plan universal, de unas leyes que valen para todo el Universo en expansión en el que vivimos. La frase de Eistein “Dios no juega a los dados” refleja esta concepción nueva que tiene que ver con algo más intuitivo que figurativo. He visto a muchos cristianos, rechazar la imagen bíblica de todo lo que llevamos hablado aquí, para adherir a este planteamiento de una especie de inteligencia universal, sin que lo vean contradictorio con el Dios todopoderoso de la Biblia.


 


También se ha rechazado la representación tenebrosa de un infierno de sufrimiento eterno, y la imagen de un Diablo que se dedica a hacer el mal. No parece que la carga negativa de estas imágenes, le guste mucho a las generaciones actuales.


 


El ateísmo no se ha impuesto, a pesar del desarrollo de la ciencia y de la técnica. Incluso en países como Rusia en los que se impuso a la fuerza, al cabo de setenta años ha surgido nuevamente la creencia religiosa, si cabe con más fuerza que antes. No cabe duda de que esto prueba, que a nivel mental, las preguntas sobre la trascendencia, constituyen una necesidad profunda del ser humano de cualquier época.


 


El problema con el ateísmo como con la religión, se da cuando caen en el fanatismo, y se ven legitimados a imponerse por la fuerza al resto, cuando se ve lícito usar la violencia para imponer la propia creencia.


 


No olvidemos que el ateísmo no deja de ser una creencia. En rigor nada de lo dicho sobre el alma, el cielo, el infierno o la existencia de Dios se puede probar científicamente, pero cuidado, tampoco se puede probar lo contrario. Desde el método científico, tan válida es una postura como la otra. El problema que tiene la ciencia, es que no cuenta con un objeto de estudio para poder experimentar, para poder confirmar o refutar una hipótesis. Por lo tanto, los positivistas no deberían posicionarse sobre una hipótesis con la que que no se puede experimentar. De momento no podemos pesar o medir el alma, ni saber que ocurre más allá de la muerte.


 


Es como si alguien antes de descubrirse la fuerza de la gravedad, negara su existencia porque no se podía medir, pesar o estudiar. Que en un momento “A” no contemos con los medios necesarios para observar un fenómeno, no quiere decir que este fenómeno no exista y se pueda analizar en un momento “B”.


 


Desde una perspectiva fenomenológica, no es lícito negar un punto de vista, cualquier hipótesis es válida a la hora de analizar un fenómeno, y hay que tener en cuenta el proceso que lleva adelante el propio observador, ya que en un futuro, puede cambiar su mirada, o avanzar en su concepción y gracias a esto, observar matices y puntos de vista que no tenía antes. Igualmente ocurre con los medios técnicos o materiales con los que cuenta el observador.


 


Negar algo sin pruebas de su no existencia, no deja de ser una creencia no fundamentada.


 


Un agnóstico tendría un punto de vista más cercano a la objetividad seguramente, ya que considera que hoy por hoy, el fenómeno de la religiosidad es inaccesible para el entendimiento humano, por lo tanto no se puede negar ni afirmar la existencia de Dios, queda fuera de nuestra comprensión.


 


Hay una pregunta que un agnóstico se hace muchas veces y también se la hace a los creyentes, se puede formular así: ¿Si Dios existe, como es posible que permita que mueran miles de niños, mujeres y hombres en el mar, cuando vienen huyendo del sufrimiento y de la muerte, de la guerra?


 


¿Qué intencionalidad puede tener un niño de pocos meses que muere en el Mediterráneo, no por sus decisiones, si no por las decisiones de otros hombres? ¿Como puede alcanzar ese juicio al final de su vida, si ésta acaba bruscamente sin que intervenga su voluntad? ¿Donde está Dios cuando las hambrunas se llevan por delante a miles y miles de niños en África? ¿Cuando los hombres se matan cruelmente y con una tecnología sofisticada en las guerras de Oriente Medio?


 


También las religiones han elaborado respuestas para estos casos. Las últimas me las dieron dos señoras evangelistas hace poco, “Esto es una cuestión de fe” “Los caminos del Señor, son inescrutables” “Si Dios permite eso, será por algo que no podemos entender los hombres” o bien “El hombre tiene libre albedrío, si usando esa libertad de elección decide asumir el riesgo de cruzar el mar con sus hijos, es responsabilidad de él si fallece en medio del agua” En fin, esto se contradice totalmente con el punto de vista voluntarista de esos creyentes, que afirman que todo es voluntad de Dios, si es así, no es muy reconfortante la imagen de un Dios que decide la muerte de tantos inocentes. Pero ya vemos que respuestas hay para todo.


 



 


UN POCO DE HISTORIA


 


Hubo una generación el siglo pasado, que alumbró una nueva espiritualidad que se opuso a la violencia, que tomó conciencia de la responsabilidad de los hombres actuales nunca presente antes en la historia, la capacidad de que nuestra especie acabara con la vida en el planeta a través de las armas nucleares. El pacifismo explotó como un prado florido en primavera, y también la falsa creencia de que se podía tocar el cielo con los dedos a través de la experiencia psicodélica, de las drogas que alteran la conciencia. Surgieron por doquier gurús, maestros y todo tipo de corrientes espirituales, muchas de las cuales sobreviven hoy como sectas.


 


El hipismo fue un movimiento denostado y rechazado posteriormente, en realidad el principal defecto que tuvo, es su incapacidad manifiesta para organizarse y poder influir políticamente, pero aún así, actuando en paralelo al sistema consiguió cambiar la mentalidad de la sociedad pacata, retrógrada y violenta de la guerra fría. Muchos de los hábitos sociales que ya hemos integrado hoy, o que estamos a punto de integrar, se iniciaron en aquella época, como la igualdad de género, la tolerancia en sentido amplio, tanto con la orientación sexual, como con la religiosidad y la espiritualidad. Igualmente el rechazo del racismo y la xenofobia. Todos estos cambios, son la manifestación del pacifismo la tolerancia con lo ajeno, con lo diverso tiene mucho que ver con el amor que propugnaban los hippies que abandonaron todo y se entregaron a buscar una vía alternativa no violenta al sistema capitalista. No podemos olvidarnos de que la ecología política se fundó en tres principios: El pacifismo, el feminismo y la ecología.


 


Fue al final de los años setenta y principios de los ochenta, cuando se empezó a organizar un movimiento alternativo, que cuestionaba el sistema productivista, pero esta vez, con capacidad de organizarse políticamente. En los principios, Los Verdes provenían del movimiento asociativo vecinal, de los militantes de la izquierda radical desencantados y hartos del verticalismo y manipulación de los partidos de la extrema izquierda, y también se unió gente de los movimientos alternativos, todo esto teñido de la contracultura de mayo del 68 que impulsaba una política participativa, alejada de los partidos tradicionales.


 


 


 


ESPIRITUALIDAD Y ECOLOGISMO


 


En todo el conglomerado del movimiento ecologista (político o asociativo) se observan muchas corrientes que tienen que ver con una concepción espiritualista del mundo. Hay grupos naturalistas que ven al planeta como un gigantesco ser vivo que hay que cuidar, no tanto como una conservación del medio ambiente, sino en un sentido más amplio y trascendente. Otros que quieren preservar la vida en todas sus facetas y en especial los animales, esos seres que no tienen voz en la sociedad humana. Los ecologistas en general somos amantes de la naturaleza, el que más o el que menos ha experimentado algún éxtasis, contemplando una puesta de sol sobre los valles, desde lo alto de un cima, o se ha embriagado con el aroma del bosque caminando al lado de un arroyo de montaña.


 


Estas vivencias personales no son exactamente místicas seguramente, pero nos ponen en presencia de una forma distinta de experimentar el mundo, y además movilizan en la dirección de conservar la naturaleza y la vida, algo muy similar a algunos mandatos religiosos.


 


Esta veneración por la naturaleza, se parece mucho a los cultos previos a la religión protoindoeuropea, que trajo los dioses guerreros y a sus trinidades a Europa. Esus, Tutatis y Taranis entre los Celtas, Thor, Odin y Freia en los pueblos nórdicos, Zeus, Poseidón y Hades en Grecia o Zeus, Hera y Atenea en el mundo romano.


 


Los dioses previos a estas culturas más conocidas, eran femeninos, constituían un politeísmo matriarcal no tan guerrero y belicista. Gaia o Gea era la diosa Tierra, la protectora de la vida que según se ha investigado fue venerada en el neolítico por los pueblos que habitaban en Grecia y Roma cuando sus habitantes eran nómadas, cazadores-recolectores integrados en la naturaleza y dependientes de esta y no constituían una nación civilizada con sus ciudades estado.


 


Pues bien, esta concepción de ver la Tierra como un ser vivo que vive en armonía y equilibrio constante, base de toda forma de vida, que entra en relación dialéctica con el mundo artificial creado por el hombre, no deja de tener un transfondo de retorno a la espiritualidad primigenia, a la religiosidad integrada en la naturaleza, que hay que cuidar y respetar porque si no ésta acabará con los hombres. Esta forma de ver el mundo, cuando no está basada en datos científicos, en algo cuantificable y estructurado, no deja de ser una simple creencia, pero muy útil para la ecología política. Hay personas en el movimiento ecologista, que no conocen con exactitud, cuantos vatios-hora es capaz de producir un aerogenerador de acuerdo a su situación y superficie de la hélice y posiblemente nunca lo sabrá, pero intuitivamente sabe que extraer la energía del viento, sin consumir energía fósil, sin quemar nada que perjudique a la atmósfera es positivo para el planeta.


 


Este planteamiento intuitivo, es bastante similar a un comportamiento espiritualista. Igual ocurre cuando un animalista se preocupa por el bienestar animal, porque no sufra ningún ser vivo en el planeta. Los ecologistas somos conservacionistas, queremos conservar la naturaleza y la vida.


 


Abundando aún más en el tema, he visto como dentro de la ecología hay muchas corrientes que adhieren al propio cuidado del cuerpo, como una forma de cuidar la naturaleza, de huir de los alimentos artificiales, de escoger de la naturaleza lo menos dañino. Es una perspectiva en la que cuidar el propio cuerpo es cuidar la naturaleza, en realidad es otro punto de vista más sobre el ecologismo. Este punto de vista está totalmente integrado en los partidos verdes, y aunque no existan estudios científicos serios que ratifiquen la bondad de comer solamente vegetales para la salud y la mente —Hitler era vegetariano— ahí está esta corriente con una base igualmente intuitiva y cercana a una creencia espiritual.


 


 


EL BUDISMO Y LA NUEVA ESPIRITUALIDAD


 


 


Hay un caso especial dentro de la espiritualidad, no es una religión teista, no reconoce dioses, sin embargo, si que establece un método para liberar a la mente del sufrimiento, para el sufrimiento interior. Al Dalai Lama, le preguntan con frecuencia si el budismo es una filosofía o una religión y este responde habitualmente bromeando: ‟¡Pobre budismo! Rechazado por las religiones como una filosofía atea, una ciencia de la mente; y por los filósofos como una religión—el budismo no encuentra hogar en ningún lado. Pero quizás esa sea una ventaja que le podría permitir al budismo construir puentes entre las religiones y las filosofías”


 


El budismo así como otros métodos de desarrollo y mejora personales provenientes de oriente, basados en la meditación, o el entrenamiento físico, se pusieron de moda desde que los Beatles, adhirieron a la meditación trascendental, y toda una generación rechazó la religión tradicional, y se lanzó a la búsqueda de una nueva espiritualidad en los sesenta. Esa moda no ha cesado y hoy en día siguen vigentes el yoga, pilates, artes marciales, el reiki y multitud de métodos para cuidar el cuerpo y el desarrollo espiritual. Cualquier militante de cualquier partido, puede participar de estas corrientes, pero entre los ecologistas suelen tener mejor acogida y ser entendidas con mayor comprensión. De todas formas las concepciones del budismo, son las que más penetración están teniendo entre el movimiento alternativo, no tanto en cuanto a una afiliación concreta a la corriente oficial del budismo, pero si en lo que se refiere a su filosofía. La alienación que sufrimos hoy en día y como consecuencia el sufrimiento mental, el estress que experimentamos millones de personas del primer mundo, a pesar de tener más o menos resueltas las necesidades primarias para sobrevivir, ha producido que muchos vuelvan la vista hacia oriente, hacia la filosofía del budismo basada en la serenidad, el silencio mental y el desarrollo interior.


 


Esta forma de espiritualidad —que no de religiosidad— tolerante y beneficiosa para superar al sufrimiento mental, debe de ser respetada por la ecología política, porque no sabemos que desarrollo puede alcanzar en occidente.


 


 


UNA VISIÓN EXISTENCIALISTA


 


 


Por mi profesión, hay veces que me veo obligado a comunicar a un cliente una situación complicada para su vida, que puede terminar ingresando en prisión. Trabajo con alguna frecuencia con los creyentes evangélicos por lo que en alguna ocasión (pocas, la verdad) alguno de ellos ha sido el destinatario de estas noticias, y en todos los casos la respuesta me ha sorprendido. En vez de hundirse o entristecerse como hacen los no creyentes, me dicen: “No importa, si el Señor quiere que vaya a la cárcel, será por algo. Él siempre quiere lo mejor para mi y si ha decidido eso, seguro que es que necesito pasar por ahí para comprender las cosas” Y respuestas semejantes, y nada de arrugarse, simplemente se acepta esa posibilidad con una conformidad sorprendente y además pensando que eso va a ser positivo para él y que Dios va a seguir cuidándole en prisión.


 


Esto es muy extraordinario, además marca la diferencia entre un creyente y un no creyente. No se trata de analizar desde un punto de vista científico quien tiene razón o no, creo que ese es otro problema que como he ido desarrollando tiene difícil solución. Sin embargo a la luz de la fenomenología, y más en concreto en su vertiente existencial, esto arroja otra luz.


 


Si vemos como vive, como experimenta un creyente a diferencia de un no creyente la experiencia de un posible paso por la cárcel, nos encontramos con que como fenómeno psicológico es mucho más útil creer en la existencia de un Dios que lo puede todo que no tener esa creencia.


 


“Pero es que eso que cree es ilusorio” diría un positivista. Bueno ¿Y qué? ¿Se va a sentir mejor, creyendo que nadie va a protegerle, y que lo va a pasar mal en la cárcel? Evidentemente no. A nivel existencial, el fenómeno religioso es beneficioso en este caso para su vida. Le proporciona un bienestar, le evita un sufrimiento mental que de otra forma no podría evitar. Le predispone a una visión más optimista de la vida y como fenómeno mental, para el creyente, tiene una realidad que el no creyente no puede percibir.


 


El problema viene después, cuando le pides que te explique más en profundidad como ha llegado a esta creencia tan consolidada. Aquí empieza una larga perorata, en ocasiones incomprensible basada en los hechos de la Biblia, que se repiten como recetas sin arrojar mucha comprensión sobre la pregunta, y sin encontrar una ligazón fundamentada con la situación que está viviendo, pero eso da igual, el creyente vive la situación precaria que le ha tocado vivir de una manera mucho más satisfactoria que un no creyente. Solo por eso, su experiencia religiosa se merece un respeto.


 


 


CONCLUSIONES


 


 


El problema de la trascendencia y de la religiosidad, es un problema no resuelto desde el principio de la historia. La preocupación por estos temas de un sector importante de la población debería ser tenida en cuenta por cualquier opción política. El gobierno de un país además de aconfesional, debería de ser permisivo con la religiosidad y fomentar cualquier forma de espiritualidad.


 


Los problemas con la religión se producen cuando los creyentes de ésta se empeñan en convencer e imponer a los demás sus creencias, esta obstinación ha sido fuente de violencia y guerras a lo largo de la historia en todas las latitudes del planeta. Por eso los gobiernos de todos los países, deben de fomentar el respeto y la comunicación de todas las religiones e impedir la intolerancia religiosa por todos los medios a su alcance. Igual criterio se debería de aplicar al ateísmo.


 


Existe una nueva forma de vivir la espiritualidad y dentro de la ecología hay muchas muestras de ello, Los Verdes deberían de ser receptivos en cuanto a lo que tienen que aportar esas nuevas formas de religiosidad. Educar en la tolerancia y el respeto debe ser el objetivo de la ecología con respecto a la religiosidad ya que ésta, al igual que la naturaleza se muestra polifacéticamente, con multitud de formas.


 


 


Vainaimoinen


Agosto 2018


 


 


 


 


 


 



 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 


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