Encuentro

 I CONCURSO CIENCIA FICCIÓN, "ENCUENTRO", RELATO NÚMERO 16

 

Mikey era un hijo de puta. Se encontraba sentado con la cremallera abajo y un par de galones de whisky en el cogote. Miraba incesablemente al techo, al oscilador que había dejado de funcionar por una avería minutos atrás. Resentía el calor. Mikey era un hijo de puta que pesaba más de ciento cincuenta kilos. Su panza era prominente. Nunca había conseguido unos pantalones que le cerraran, no había autoajustables a su medida. El calor le asfixiaba. Recordaba la cita de esta noche. Sacó bruscamente de uno de sus bolsillos una tarjeta casi rota con unos cuantos garabatos. Leyó:

 

Rupert Co. Illusion-image of design

Your perfect body

 

Sonrió al recordar algo. Mierda dijo en voz alta mientras un hilo de baba le saltaba de la boca hasta el suelo. Un gato le relamía los pies desnudos. ¡Deja Perro! el gato se llamaba “Perro”. El meca-animal salió disparado de un puntapié y se estrelló contra la pared poniente del cuarto. Se hizo trizas. Mierda, ahora tendré que conseguir otro estúpido gato se levantó a grandes empellones. Del esfuerzo se echó un pedo. Sudaba enormemente. Se acercó a pasos lentos a la imitación mecánica del felino, lo pisoteó un par de ocasiones con rabia precaria. ¡Estúpida!, ¡cosa!, ya no los fabrican como hace tres décadas. Se colocó a la entrada de la habitación. Sostenido con ambas manos parecía un cuadro de Botero. El pantalón se le escurrió entre las piernas rollizas. Su panza le tapaba el sexo, sus nalgas parecían ser succionadas por una fuerza interna invisible. ¡Miriam! gritó. ¡Miriam! gritó un par de veces más hasta que apareció un pequeño robot (de unos 80 cm) de color rojo metálico. A sus órdenes mi gran amo y señor la computadora estaba diseñada para que dijera una serie de pavadas programables. Llamada el pequeño robot abrió su —aparente— rostro hasta que una pantalla apareció. Destelló en tres ocasiones hasta ponerse de color azul, Rupert Chupaortos dijo Mikey mientras se rascaba un seno.

 

Miriam conectó su operador al banner principal. Se escuchó un extraño sonido Turú turú, un tipo flaco y de apariencia femenina apareció en la pantalla. Rupert Company, dijo con tono acuosohacemos de su imagen un sueño hecho realidad Mikey lo miró con aparente odio, Hey Ron comunícame con Rupie, tengo un negocio pendiente Ron chispeó y giró el rostro, presionó un botón delante de él sin decir nada. Se abrió una ventana de espera. Apenas se abrió, una serie de sonidos inarticulados invadió el monitor, cuatro piernas volaban dispares sobre un cubículo. Rupert Hollyday también era un hijo de puta y se estaba tirando a una de sus secretarias que gritaba sin parar Oh papi, dame más ininterrumpidamente. Rupert no se dio cuenta de la visita telefónica hasta que Mikey carraspeó la garganta. Volteó. Hey Mikey dijo mientras se subía la bragueta. La secretaría aun con las piernas volando seguía jadeando y gritando Oh papi, dame más. Rupert se sonrojó y dio la orden a la secretaria de desactivarse Bunny, termina el programa. Bunny saltó de la mesa mostrando su cuerpo semidesnudo, parecía una muñeca con todo ese brillo plástico. Se abrochó la blusa, subió sus bragas y se quedó de pie esperando una nueva orden. Rupert la miraba aun sonrojado, retírese por favor, continuaremos con lo nuestro en unos minutos. La secretaria salió. Mikey miró a Rupert con una sonrisa burlona, Oye Rupie dijo Mikey entre risillas deberías conseguirme una de esas, así ya no tendría que acudir a ti cada semana para que salves mi orto la palabra “orto” se había vuelto moda en el siglo XXVII. Rupert pensó que ese gordo era un cabrón y mejor sería atenderlo rápido antes de que volviera a hacer una estupidez como la última vez que charlaron. Ahora cómo deseas ser dijo Rupert mientras se servía un largo trago de whisky rubio continuó haciendo bailar el vaso en su mano moreno, pelirrojo, delgado, atlético, lo que quieras Mikey, puedes ser hasta una puta del Decamerón. Rupert drenó su vaso, Mikey solo miraba con sed Ya sabes, lo de siempre.

 

Mikey era un actor de primera, tenía una ficha técnica con más de cien filmes. Sus primeras películas trataban sobre mierdas esotéricas y comedias románticas galácticas. Mikey no creía en el esoterismo, su madre era quiromántica y de niño le dijo que tendría una vida maravillosa pero jamás le dijo que su taza del baño debería usar refuerzo hidráulico o que lucharía con puertas el resto de su vida. Un mal congénito le había heredado la gula y pereza de su padre. A los veinticinco años, luego del éxito inmediato que tuvo en su papel de Marty en Back to the past tuvo el suficiente dinero para devorar comida hasta quedar varado sobre su cama. Su fama y las necesidades primarias —como el sexo— lo hicieron buscar remedio inmediato; no hubo cirugía, no hubo dieta ni ejercicio que tuviera buen término, Mikey, aun con mutilación láser no pudo tener un peso normal nuevamente. Ni la ciencia ficción pudo ayudarle. Entonces conoció a Rupert, un hijo de puta que se acostaba con sus hermanas y con todo lo que pudiera decirle Oh papi, dame más. Rupert había diseñado una innovación en alteradores de imagen personales, podían transformarte en cualquiera en un santiamén. Sólo tenían un inconveniente: la ilusión, tal cual Cenicienta, incluía hora de caducidad. 

 

El invento de Rupert tenía un fundamento simple pero ingenioso. Un pequeño dispositivo del tamaño de un maní producía miles de vibraciones en microsegundos, las vibraciones cubrían diametralmente —como traje hecho a la medida— al usuario, envolviéndolo en un halo imperceptible. Las vibraciones producían en quien veía al portador del dispositivo una imperceptible variación de los estímulos luminosos, sensibles solo para la retina, transformándolos luego en estímulos ilusorios prefabricados, creando de esta manera un espejismo fisiológico. Antiguamente se habían empleado (no estoy seguro pero creo que aún se utilizan) los hologramas personales, más baratos pero menos eficaces. Irrupciones de luces láser, comunes en esta época, rompían de inmediato los rayos de interferencia, incluso los hologramas por vía de ultrasonido se estremecían al encontrarse con una vibración acústica opuesta o semejante a la producida por el aparato. 

Rupert pese a ser un hijo de puta era un verdadero genio, aun así, su invento costaba una millonada. Mikey podía costearlo de vez en cuando quisiera. El dispositivo de mayor duración duraba ocho horas, suficiente tiempo como para embriagar y drogar a su cita con RCH y dejar a un lado las ilusiones, tener unas cuantas horas-placer y arreglárselas al final del día. Comúnmente, luego de la velada, Mikey —con su prominente panza— aparecía frente a su cita y se presentaba como valet francés. Le tendía un ramo de flores y las despedía de la mejor manera, disculpándose de antemano por la ausencia de su amo que tenía negocios pendientes. Siempre funcionaba.

 

El punto es que ahora Mikey tenía una cita con una tal Margorit Mahuminka, hija de una Senador del congreso mundial, prácticamente el brazo derecho del Presidente del mundo, con sede en México —por extraño que parezca, en el siglo XXVII México era el único lugar del mundo sin una pizca de crimen. Margorit había visto actuar a Mikey en ThePick-axmurderers,una película detectivesca donde el asesino era un Humptrok marciano. Mikey —obviamente— era el detective.

Mikey miró directamente los ojos de Rupert Stanley esta bien por hoy dijo.

 

Stanley era uno de sus alter-egos. Al actor condecorado Miguelo Rejanov Jiménez alias Mikey, ya todo mundo lo había olvidado, no así a sus tres heterónimos: Richard Coel Harper, Alejandro Rivederte y el poco admirado —siempre— detective Stanley Hanasharata; ellos aun seguían en la nomina bancaria. Rupert había dispuesto a los tres programas indefinidamente, a cambio, recibía el treinta por ciento de las regalías de Mikey. Al parecer la señorita Margorit se había enamorado del buen Stanley y deseaba una citaque incluiría drenado de fluidos dijo Mikey mientras Rupert se asombraba ¡Demonios! gritó Rupert esa mujer debe ser una joya, nunca he conocido a una que se atreva a hacer un drenado de fluidos, esa amigo, en realidad es una joya.

 

Ya habían pasado varias horas. Mikey-Stanley esperaba en el “Rue du cafard”, un carísimo restaurante donde la exquisitez era una ensalada con cucarachas freídas. Mikey procuraba pasar desapercibido, alguien que notara su presencia arruinaría la velada, además, sabido es que los alternadores de imagen solo producían un cambio visual mas no eliminaban los defectos que deseaban cambiarse, cualquiera que se hubiera acercado a Mikey hubiera tropezado con su barriga. Siempre había salido airado diciendo que portaba un repelente de campos magnéticos solo por seguridad decía. 

 

Entonces llegó Margorit. Vestía un traje de noche esplendido. Dos pequeñas lianas negruzcas se abrazaban a su cuello y se estiraban hacia abajo en una catarata plegada a su piel; un hermoso vestido ilusorio. Mikey pensó que era la mujer más maravillosa que en su vida había visto. Babeó. ¿Entramos? Dijo Margorit mientras veía al estupefacto Mikey-Stanley.

 

El restaurante era pequeño, solo seis mesas duples. Velas flotaban cual hechizo; una estructura fundamentada en la reconfiguración del solenoide, además del empleo de Ununbio en lugar de Hierro —de menor calidad y menos magnetismo— les permitía flotar cerca del techo imanado. La pareja se sentó en una mesa conocida por Mikey, adecuada a su condición, ya que era más espaciosa y los asientos eran reforzados; dos años atrás, un selenita de unos doscientos kilos casi parte el piso de una caída.

 

Se miraron, arrobados cada uno con el otro. Pidieron Cafards en escabeche. El mesero era un androide de porte francés, un pequeño bigote orlaba su cara inexpresiva. Margorit y Mikey no dejaban de admirarse mutuamente, el color azul de unos reflectores que se encontraban junto a ellos les iluminaban el rostro, como disfrazándolos.

 

— ¿Sabias que —dijo súbitamente Margorit, la gente llama a estas luces de neón cuando en realidad son de argón?

— No sabría la diferencia —dijo Mikey en tono de interés desinteresado

— La luz neón produce un fulgor rojo, el argón uno azul

— Me gusta el azul ¿a qué te dedicas?

— Soy fanática del cine de detectives, pero en particular estudio historia universal

— Debe ser mucho lo que debes guardar en tu cabeza

— Claro, dos mil seiscientos años después de Joshua y 4. 650 millones antes de él suena como a bastante

 

Guardaron silencio por un instante. Mikey estaba asombrado por todas las cosas aburridas que seguro ella sabía. El mesero androide apareció con dos platos llenos del especial del día. Mikey retuvo su hambre para no devorar el platillo en segundos.

 

— Las cucarachas —dijo Margorit mientras mascaba la cabeza de un insecto, fueron erradicadas en el siglo XXV luego de que las pocas reservas de agua potable de aquel entonces fueran enriquecidas con un derivado del acido bórico. La formula disminuía la necesidad orgánica del agua para los humanos, pero para las cucarachas era fatal; se envenenaron hasta la extinción. No obstante, su papel ecológico era tan vital que muchos procesos de restauración natural quedaron interrumpidos. Tuvieron que clonarlas. Pero como sabes, al clonarlas se volvieron infecundos, además el proceso es tan caro, que ahora son consideradas una exquisitez gastronómica.

— Casi tan especiales como los vegetales marcianos

 

Ambos sonrieron. En los dientes de ella asomaba una pata de cucaracha, en los de él un ala y parte de una cabeza.

 

— ¿Te gusta vivir en México? —preguntó Mikey

— Vivimos un tiempo en Chad en una región llamada Am Timan.

— ¿Cerca de la costa?

— África tan solo es un pequeño continente, Chad es su centro. ¿sabías que hace cinco siglos África representaba el veintidós por ciento de la masa terrestre?, ahora solo es dos millones de kilómetros cuadrados.

— ¿Eres muy sexi, sabías?

 

Mikey solo pensaba debo hacer que se calle y que se embriague sin poder arrancar sus ojos de los pechos de Margorit que parecían —a cada nueva mirada— volverse más grandes. Margorit continuó hablando y Mikey solo asentía sin entender un ápice de lo que ella decía. De vez en cuando Mikey prestaba atención, sobre todo cuando ella hablaba de cosas que para él en realidad valían la pena. En otras ocasiones solo escuchaba balbuceos en medio de palabras que ocasionalmente percibía. Mi padre Mikey sonreía amigo …dente del mundo Mikey sonreía tu país Mikey con rostro serio neuropacificadores Mikey sonreía menos crímenes Mikey con rostro sorprendido. Para él, Margorit no era su prospecto de mujer, prefería particularmente las que menos hablan y más jadean. Se preguntaba cómo una chica con su intelecto podría guardar una mente tan enferma como para sugerir el drenado de fluidos. No hay que perder tiempo pensó mientras se levantaba presto para el ataque. Vayamos a un lugar más ameno dijo.

 

En las calles todo era tan pacifico, tan extraño, tan despreocupante, como ningún mexicano del siglo XXI pudo vivir jamás en su vida. Mikey y Margorit caminaban uno al lado del otro a cierta distancia siempre. Mikey vivía a un par de cuadras del restaurante y sabía de un paradisiaco bar justo enfrente de su casa. Se dirigieron hacia allá pero por un giro inesperado Margorit decidió que era mejor beber en casa de Mikey. Compraron cinco litros de Salamangococo, una reserva del 2300; el más caro de la época. Mikey sabía que con eso bastaría.

 

Entraron a la casa. El hogar del ahora Stanley era modesta: dos plantas y seis cuartos del tamaño de una cancha de básquetbol. Bebieron. Mikey siempre detrás, alentando a su invitada a beber descomunalmente. Las risas no se hicieron esperar. Margorit si apenas abría los ojos, pero aun semiconsciente le pedía a su ilusorio Stanley Hanasharata despojarse de sus prendas. Mikey pensó que era el momento perfecto. Vació dos gotas de RGH en la copa de su invitada. Margorit  bebió, luego recargó su cabeza en el sillón y se quedó en un trance de ensueño. Házmelo dijo la pequeña Mahuminka mientras su vestido se deslizaba como olas plegadizas, lentamente hasta el suelo. Mikey se sintió en una fantasía al contemplar aquel cuerpo desnudo. Perfecto pensó mientras le tendía un último trago. Margorit cayó en sopor. Mikey desactivó el dispositivo que pendía cual péndulo en su cuello. La pequeña ilusión se desmontó y Mikey apareció desnudo, solo con unos calzoncillos. Se dispuso a meterse entre las piernas de Margorit pero algo invisible le impedía entrar de manera normal qué demonios pasa dijo en voz alta sintiéndose rechazado por un extraño campo de fuerza seguro utiliza un repelente magnético, ya me lo imaginaba, no me iba dar nada a cambio. Mikey desesperado intentó levantarla pero sus fuerzas no le alcanzaban, su peso muerto era descomunal. Tuvo entonces una pequeña sensación de terror y qué tal si… no, no, no puede ser, ella no podría la sensación se le escurrió entre la piel como un sudor acerado. La palpitación cada vez más rápida le hizo sentir un repentino mareo. Se acercó trémulo al cuerpo desnudo de Margorit, dirigió su mano lentamente a su vientre.

 

Topó con algo.

 

Tragó saliva. Movió su mano en un supuesto repelente magnético de consistencia gelatinosa. Hundió más sus dedos para ver si podía acaso tocar el cuerpo de su amante. No pudo. Se acostó encima de ella, parecía como si estuviera flotando. Estaba comprobado, Margorit no era lo que aparentaba. Miriam gritó Mikey. Miriam apareció. Ficha de datos dijo Mikey, Miriam abrió su rostro, una pantalla amarilla resplandeció dos o tres veces. Margorit Mahuminka dijo Mikey, miles de datos aparecieron en el monitor de Miriam. Fotografías, cuerpo completo “dato invalido” rostro. Seis imágenes solamente, y ahí estaba ella, pero no era ella. Margorit Mahuminka era una joven de dieciséis años, apariencia delgaducha y un tono ridículo en el cabello Rojo marciano dijo Mikey mientras se le escapa una risa de “soy un estúpido”. Miró a su huésped, detenidamente. Ordenó a Miriam que tomara unas fotos y las comprobara en el sistema de rastreo. Las palabras “Ingreso no valido” parpadeaban en el rostro de Miriam a cada intento por conocer la identidad de la ahora desconocida. Entonces recapituló nadie en el mundo puede escaparse a la base de datos. Estamos prácticamente obligados a tener un registro total cada seis meses. Incluso yo estoy registrado ¡Dios mío! Mikey se detuvo en sus divagaciones. Se acercó de nuevo a no-Margorit y escrutó en su cuerpo invisible hasta encontrar un dispositivo. Lo quitó. El otro telón caía.

 

Una mujer de enorme masa corporal se deshacía en piel y grosura sobre su sillón favorito. Las piernas y los brazos eran cascadas que se atascaban entre una y otra línea de carne. Su estomago caía cerca de sus rodillas, su rostro era, aunque de no mal gusto, repugnante al cambio tan drástico. Uno de sus senos colgaba fuera de la blusa que apenas la sostenía dentro. ¡Demonios! dijo Mikey mientras intentaba no vomitar por ese espejo transgenérico que no perdía de vista. Aun con el alma de Stanley, Mikey se sentía detectivesco así que optó por averiguar de una vez por todas ¡quien demonios es esta mujer!

 

Miriam tomó un par de fotos. Le bastó un par de segundos para encontrar en la base de datos a la desconocida. Mariel Agustines de la Chagolla. Domicilio en Av. Laurel 4044. 27 años de edad. Condición actual… Mikey detuvo la mirada en las siguientes palabras. Su rostro se heló en una terrorífica mirada. Una voz sepulcral le salió de entre los dientes. Casi silbada, la palabra desaparecida-fallecida se retorció en su lengua e hizo jirones sus oídos. Un escalofrió le recorrió la espalda hasta la nuca. Un instinto le hizo girar la mirada y ahí estaba ella, muerta, pero de pie. No le quitaba la mirada de encima, una mirada aterradora, como de venganza. Una mujer a la que le hice algo y regresó de la tumba para castigarme pensó Mikey. Se puso de pie sin apartar sus ojos de ese corpulento cadáver que lo acechaba. Mariel Agustines de la Chagolla estaba de pie, con el cuerpo escurriéndosele hasta el piso.

 

¿Listo para tu drenado de fluidos? Sonó una voz bipartita desde el abisal fondo de la garganta del cadáver. Mikey no supo cómo reaccionar. ¿Qué es lo que deseas? Dijo Mikey venganza sonó la voz sepulcral. Qué te hice dijo Mikey He venido a limpiar la mancha que impusiste a mi raza desde hace seis años dijo la voz. Mikey recapituló en su cabeza todo aquello que había hecho en ese año. No se le ocurrió nada. Hace seis años continuó la voz marcaste a mi raza en esa película que todos alabaron, pero yo, no pude más que despreciarte y aborrecerte hasta el odio. Mikey comprendió que se refería a The Pick-axe murderers. Tú eres… dijo Mikey Un Humptrok marciano dijo la voz sepulcral.

 

Entonces el cuerpo del cadáver tembló y cambió el tono de la piel en un juego visual camaleónico. El cuerpo se retorcía y la piel —anudada en cascadas adiposas— caía al suelo. Detrás de aquel otro telón de carne humana se encontraba el Humptrok. Mikey se orinó del susto. Los ojos del Humptrok miraron cien veces la imagen del rostro pálido de Mikey. Mikey miró reflejado su rostro pálido cien veces en los omatidios del Humptrok.

 

Como seguro no sabes dijo el marciano un Humptrok no es un asesino, no tiene esa patología que ustedes los humanos intentan impregnar en cada raza que creen descubrir. Un Humptrok perdona cuando la ofensa es hacia él, pero cuando la afrenta es hacía su raza, un Humptrok en realidad logra odiar. Calló por un instante, uno de sus tres brazos se alargó para tomar la botella de tequila que estaba en la mesa. Dio un largo trago. Tu película continuó provocó que toda mi raza fuera temida e incluso perseguida por el terror a que tomáramos repentinamente una pica y les claváramos la cabeza a un cerco. Mikey pensó que el tipo estaba loco, un fanático de las películas que se cree todo lo que ve. Yo no escribí la película dijo Mikey ni siquiera la dirigí, yo solo actué. El marciano lo miró. Tú eres el único que falta dijo. Mikey tembló. Sí mi amigo continuó ya terminé con todo el set, sólo faltas tú. Mikey pensó que el hijo de puta en realidad estaba loco y que no podría hacer nada.

 

Cerró los ojos.

 

¿Listo para tu drenado de fluidos? Dijo el Humptrok marciano mientras abría sus seis  mandíbulas y sus dientes chatos y verde amarillentos se alargaban. Sus ojos miraron el cuerpo sin voluntad de Mikey. Un grito ahogado, un baño de sangre. El Humptrok clavó sus piezas bucales en la cabeza de Mikey, drenó lentamente al condecorado actor Miguelo Rejanov Jiménez, mientras Miriam, miraba, con su inexistente rostro la última escena en vida de su otrora gran amo y señor. 

 

El telón cayó.     

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