Verdades y mentiras sobre la ecología de los libros digitales y los ereaders

El 20-6-2013 ASPAPEL  ha publicado lo que viene en llamar “Memoria de Sostenibilidad”  y los medios de comunicación y blogs de internet han hecho de caja de resonancia de lo que se difunde en el informe de la mencionada asociación, sin filtrar ni confirmar la información facilitada por una organización que evidentemente está mediatizada por el origen de sus miembros.

 

Si observamos el informe y la página web de ASPAPEL  parece que todo es maravilloso para el medio ambiente en la elaboración de papel incluso se llega argumentar que los trabajos que proporciona esta industria son verdes.

 

Básicamente se apoyan estas aseveraciones en estos aspectos:

 

1.- Con la industria papelera se apoya la superficie arbolada incrementando el oxígeno en la atmosfera, fijando el carbono en los bosques que luego al ser talados y convertidos en pasta de papel constituyen un importante sumidero de CO2

 

2.- El papel y el cartón son reutilizables varias veces por lo que al reciclarse se gana en eficiencia y se compensan las emisiones y la contaminación de su proceso de fabricación.

 

La memoria y la web son bastante profusas en facilitar todo tipo de datos tratándonos de convencer de que el primo de Rajoy tiene razón, el cambio climático no existe y las preocupaciones de la deforestación en el planeta son quimeras de los ecologistas. Para poner un ejemplo veamos una de las afirmaciones que se hacen en esta web:

 

 

“El ritmo de deforestación decrece: la disminución anual de la superficie forestal mundial, que en 1990-2000 era de 8,9 millones de hectáreas anuales, se ha reducido a 7,3 millones de hectáreas anuales en el periodo 2000-2005.”

 

Genial podemos estar satisfechos  en 15 años nos hemos cargado una superficie de bosque equivalente al área que supondría 3,2 Españas, pero podemos estar tranquilos el ritmo está decreciendo. ¡Y luego nos extrañamos de la rapidez del cambio climático!

Es cierto que en Europa y Asia, se ha incrementado la superficie arbolada pero no ha servido para compensar la inmensa desforestación a la que está siendo sometida la Amazonia y otras zonas de selva que constituyen el pulmón del planeta.

 

Según ASPAPEL En 2012 las plantaciones de árboles para papel, ocupaban 465.000 hectáreas y empleaban a 22.225 trabajadores (5.570 empleos directos y 16.655 indirectos).

 

Estos cultivos de madera para papel almacenaban 29,6 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2012, un 8,3% más que en 2011.

 

Para la fabricación de papel en España en 2012 se utilizaron 6.112.700 m3 de madera, de procedencia nacional en un 80%. El consumo de madera, en línea con la producción de celulosa, registró un ligero descenso del 0,2%.

 

El sector papelero español fabrica anualmente unos dos millones anuales de toneladas de celulosa, para lo que utiliza unos seis millones de metros cúbicos de madera de eucaliptus globulus y pino radiata cultivados para tal fin en plantaciones forestales, que se realizan y se mantienen para este uso Las plantaciones incrementan la superficie arbolada: en España, gracias a la producción papelera, existen y se mantienen 430.000 hectáreas de arbolado de pino y eucalipto.

 

Analicemos más de cerca el tema de los bosques dedicados a la explotación forestal para la obtención de la pasta de papel.

 

Para ello podemos obtener información muy valiosa de un informe publicado en el año 2011 por Greenpeace en el que se examina con todo rigor la cuestión.

 

El documento se llama “Conflictividad de las plantaciones de Eucalipto en España y Portugal” y se hace un estudio muy exhaustivo del impacto ambiental del cultivo de esta especie.

 

En el estudio se concluye que las plantaciones de eucalipto suponen un importante deterioro de los terrenos donde se efectúan por varios motivos. El primero es la preparación del mismo terreno donde se va a efectuar la plantación que al roturarse elimina todo el sotobosque y al tener que realizarse un aterrazamiento de la superficie para la explotación del bosque, produce una destrucción irreversible en el perfil edáfico del terreno. No es cuestionable el terrible daño que se hace al equilibrio medioambiental, cuando para la plantación de estos árboles se arrancan encinas, robles, castaños o hayas, especies autóctonas totalmente adaptadas al terreno que consumen muy pocos recursos hídricos y nutrientes del suelo a parte de permitir el desarrollo del sotobosque.

 

El eucalipto y el pino al ser árboles de crecimiento rápido que permiten ciclos cortos de explotación y que proporcionan madera fibrosa para la fabricación de celulosa, son especies consumidoras de grandes recursos para ese crecimiento rápido.

 

Las plantaciones de eucalipto pueden reducir sensiblemente la disponibilidad de agua. Esto da lugar a afecciones sobre los ecosistemas acuáticos o a perjuicios para los abastecimientos de agua o las producciones agrarias. Las raíces del eucalipto pueden alcanzar gran profundidad y pueden llegar a consumir grandes cantidades de aguas freáticas ya que tienen la característica de atravesar incluso las capas impermeables que otras especies no pueden. Se ha comprobado que incluso cuando se han producido plantaciones alrededor de pequeños cursos de agua, estos han terminado por desaparecer.

 

Se demanda una gran cantidad de agua tanto para plantar el eucalipto como para la producción de celulosa en las fábricas, lo que provoca el agotamiento de las fuentes de agua, sin hablar del uso extensivo de agrotóxicos que envenenan ríos, arroyos, capas freáticas, etc. 

 

Las empresas niegan todos los efectos negativos y dicen que plantar eucalipto es mucho mejor que tener pastaje. El impacto ambiental está garantizado. En algunos lugares del mundo la selvicultura de eucalipto está provocando incluso un éxodo rural.

Igualmente el terreno superficial sufre mayor erosión por el tamaño más grueso de la gota de agua de lluvia que cae de estos árboles debido a la forma de sus hojas.

A parte del stress hídrico hay que tener en cuenta la rápida absorción de nutrientes de esta especie.  El eucalipto constituye un competidor esquilmante para la tierra y el resto de flora. Los problemas que acarrea esta especie son incluso mayores que los que ocasionan las plantaciones de pinos. La plantación de eucalipto, que es una especie exótica procedente de Australia, provoca la destrucción de la fauna y de la flora nativas (debido a sus compuestos terpérnicos que tienen un alto poder antigerminante anulando el desarrollo embrional de las semillas que puedan caer en el suelo y también la flora bacteriana y fúngica, convirtiéndolo en estéril).  Algo similar ocurre con los bosques de coníferas, “nada crece bajo un pino” dice el dicho popular.

 

Un sumidero más importante de carbono que la propia superficie arbolada lo constituye el suelo con sus nutrientes y precisamente el eucalipto y el pino, sobre todo cuando se explotan con ciclo corto tienen la virtud de consumir grandes cantidades de nutrientes en poco tiempo, dejando el terreno baldío.

 

Cada vez más personas se unen a la lucha contra el avance de estos árboles y es que este gigante de los bosques arrasa con todo a su paso. En Galicia la superficie de cultivo pasó de 39.000 hectáreas en 1987 a las 177.000 estimadas en 1998 por el Tercer Inventario Forestal Nacional.

 

Las aves son el indicador más visible de la pobreza faunística de los eucaliptales. Pocas especies de aves se alimentan o nidifican en ellos.

 

Finalmente se ha comprobado repetidamente que los eucaliptos y pinos, incrementan el riesgo de incendios forestalesAllá donde se han producido grandes reforestaciones con estas especies han aumentado los incendios forestales,  Galicia es el mejor ejemplo de esto.

 

Este informe de la FAO confirma lo que venimos informando hasta ahora 

 

El eucalipto en sí mismo no es una especie dañina, el problema es que la gestión que se ha hecho de la explotación de este árbol ha sido bastante deficiente. Por ejemplo se ha comprobado que el stress hídrico ha sido casi nulo cuando se han plantado en zonas neblinosas debido a la disposición vertical de sus hojas que atrapan la humedad de la niebla y producen una precipitación del agua hacia el suelo. Igualmente se ha revelado como un árbol muy eficaz para repoblar zonas semidesérticas donde otras especies no pueden desarrollarse y también es una especie muy eficaz para construir barreras naturales para impedir el avance de los terrenos baldíos. Sin embargo no se puede dejar de tomar en cuenta todo lo que se ha expresado hasta aquí y que la eliminación de las plantaciones de eucalipto ha sido una lucha constante desde hace muchos años del movimiento ecologista de España, que ha conseguido éxitos importantes como la eliminación de las plantaciones de eucalipto en el parque de Doñana.

 

 

La industria papelera reivindica que algunos de los bosques que explota tiene el certificado FSC  (Forest Stewardship Council)  pero la realidad es que una vez concedidos estos certificados algunos han tenido que ser retirados al ver el impacto causado en el entorno por esta especie.

 

El sector papelero en España cuenta con 95 plantas industriales (12 fábricas de celulosa y 83 fábricas de papel). España es el sexto productor de celulosa de la Unión Europea (UE), después de Finlandia, Suecia, Alemania, Francia y Portugal. También ocupa el sexto puesto en el ranking de producción de papel de la UE, detrás de Alemania, Finlandia, Suecia, Italia y Francia y por delante del Reino Unido. Actualmente, el sector español exporta el 50% de la producción de papel y de celulosa. Las tres cuartas partes de las exportaciones del sector tienen por destino otros países de la Unión Europea, fundamentalmente, Francia, Portugal, Italia, Holanda, Reino Unido, Alemania y Polonia

 

El sector papelero ibérico (Ence, Iberpapel, Portucel, etc.) importa mucha madera de eucalipto de las polémicas plantaciones de Latinoamérica y exporta pasta de papel. En 2009, la industria papelera española importó 1,5 millones de toneladas de madera de eucalipto desde América Latina para la fabricación de papel ENCE es el principal productor europeo de pasta de eucalipto y el segundo del mundo, después de la empresa brasileña Aracruz 20

 

En la última década, el incremento de la superficie ocupada por el eucalipto y el descenso de la capacidad de las fábricas españolas (del orden de 405.000 toneladas  ha ido acompañado de un descenso del precio de la madera del eucalipto. Se percibe un exceso de oferta en un contexto de contracción del consumo debido a la crisis y a las nuevas tendencias en los hábitos de consumo, así como las nuevas tecnologías.

 

 

En 1995 un camión cargado de madera de eucalipto se pagaba en Galicia a 1.260 euros; en 2009 el mismo camión se pagó a 1.000 euros. En el periodo 1997-2007 el precio de la madera de eucalipto cayó más de un 40%, caída que ha durado una década y que, tras una recuperación que alcanzó su cénit a finales del año 2008, ha empezado a desplomarse de nuevo.

El avance de la tinta electrónica y de la informática en general, está produciendo que el ritmo de incremento de fabricación de papel no sea el que desean los fabricantes del mismo, por eso están haciendo campaña para disfrazar su industria de verde, cuando en realidad es una de las más contaminantes del mundo.

 

Damos algunos datos facilitados por  Natura-medioambiental :

 

·        La industria papelera es la tercera que más combustibles fósiles demanda a nivel global y la que más fuentes de agua de lagos o estanques utiliza.

 

·        La industria papelera es la tercera compradora de blanqueador de cloro que es altamente contaminante, al igual que generadora de dioxina que es cancerígena, mutagénica y teratogénica. Esas y otras sustancias son liberadas al medio ambiente por medio de efluentes industriales y emisiones atmosféricas.

 

·        Aproximadamente 324 litros  de agua se usan para fabricar 1 kilogramo (kg) de papel.

 

·        El consumo promedio mundial de papel es de 40 kg por persona. 1/3 de ese consumo pertenece a América del Norte.

 

·        Los EE.UU usan un 25% de los productos de papel producidos en el mundo. Además, el país consume unos 68 millones de árboles.

 

·        Se destinan 75.000 árboles para destinar ese papel en la edición dominical del periódico New York Times de EE.UU.

 

·        Un árbol proporciona oxígeno para  que respiren 3 personas al día.

 

·        En todo el mundo, el 17 por ciento de la fibra virgen utilizada por la industria papelera procede de bosques primarios, especialmente de Canadá, Finlandia, Rusia e Indonesia.

 

¿Qué hacer entonces eliminamos el papel?

 

No creemos que sea necesario llegar a ese extremo, sin embargo sí que consideramos necesario una gestión más eficiente de este recurso, sobre todo basado en el reciclaje y la obtención del certificado FSC de los bosques destinados a la obtención de celulosa. Damos unos datos que ilustran esto que decimos obtenidos de natura ambiental.

 

·        Los norteamericanos desechan unas 4 toneladas de papel de oficina por año, es una cantidad suficiente como para construir un muro de casi 4 metros de altura desde Nueva York hasta California (Una distancia de 4.690 kilómetros).

 

·        Los norteamericanos consumen 323 kg de productos papeleros, Europa cerca de 125 kg, Asia unos 28 kg, Latinoamérica 36 kg, Australia-Asia 322 kg y África 6 kg. 

 

·        Cada año se publican en EE.UU más de 2 mil millones de libros; 359 millones de revistas y 2.400 millones de periódicos.

 

·        115 billones de hojas son impresas anualmente en nuestro planeta.

 

·        Se estima que el 95% de las oficinas siguen almacenando (en papel) información en cantidades significativas.

 

·        Si se reciclara la mitad del papel que se usa en el planeta, se salvarían más de 80.000 kilómetros cuadrados (casi la superficie de Austria).

 

·        Si cada norteamericano dejaría de mandar una tarjeta durante las fiestas, se evitaría consumir 38.228 metros cúbicos de papel.

 

 

·        Por cada tonelada de papel que se recicla se salvan unos 17 árboles. Además, el papel reciclado utiliza un 60% menos de energía que el papel nuevo a fabricarse.

Lo que nos parece una demagogia descarada es que se nos pretenda hacer creer que los libros de papel son más ecológicos de los libros digitales más los lectores necesarios para su lectura. Hay muchos estudios sobre esto pero si de nuevo tenemos que insistir en lo mismo, lo haremos cuantas veces sean necesarias.

 

Evidentemente un libro digital no tiene comparación en cuanto a su eficiencia y elaboración con un libro de papel, un ebook es un programa de texto y nada más, su elaboración produce muy poca contaminación, salvo la necesaria para mantener encendido el ordenador mientras se escribe la obra que luego se va a distribuir, en todo caso, sería la misma que se emplea en generar la misma obra para imprimir, como mucho podríamos conceder un empate entre un libro impreso y otro digital en el proceso de su creación por el artista.

 

Es después cuando el balance se puede descompensar ya que los fabricantes de papel, afirman que manteniendo el ordenador encendido durante 15 minutos para leer un libro en su pantalla, se generan  emisiones de CO2 a la atmósfera, para obtener la energía eléctrica que hace funcionar a la computadora,  que anulan el posible balance positivo para el libro digital.

 

Esto es cierto, pero resulta que un ereader no funciona así, solo consume energía cuando se pasa de página, mientras tanto no usa la electricidad acumulada en su pila para nada, de hecho, muchos usuarios de estos dispositivos no se molestan en apagar el aparato cuando dejan de usarlo porque no merece la pena. Un ereader puede permanecer semanas o incluso meses según el uso, sin conectarse a la red eléctrica para obtener energía de ella. De manera que la anterior afirmación es sólo válida para los ordenadores de sobremesa, Tablets y Smartphones, no para los lectores de libros digitales. Si además estos incorporaran una pequeña placa fotovoltaica que los hiciera autónomos de la red eléctrica, el balance sería todavía mucho más favorable a los ereaders. Se puede argumentar que también los servidores que almacenan el libro digital consumen energía eléctrica para su funcionamiento, pero es que resulta que los libros de papel igualmente se venden a través de internet, y necesitan de la misma energía para mostrarse a través de las páginas webs de las editoriales para su venta.

 

Un libro digital es muchísimo más ecológico que un libro impreso, creemos que esto no admite discusión, donde puede estar la controversia es en los ereaders que para su fabricación y posterior fin de uso sí que pueden ser consumidores de recursos naturales y contaminan el medio ambiente.

 

En la fabricación de un ereader se emplean minerales raros como la columbita y la tantalita así como el  litio para las baterías que los hacen funcionar, pero el empleo de estos materiales es mucho menor en un lector de libros digitales que en un ordenador o en un iPad por ejemplo.

También es cierto que hay líneas de desarrollo como la de Plastic Logic  que está sustituyendo el silicio como base por el plástico que eliminaría el uso de los metales que actualmente se utilizan para el funcionamiento de los ordenadores.

 

Se estima que para la impresión de un libro hacen falta 24 litros de agua de promedio, para elaboración de un libro digital menos de dos tazas y para la fabricación de un ereader 299 litros por lo que con 12 libros digitales que leamos en un ereader ya habremos compensado el balance energético.

Después de muchos estudios y artículos sobre este tema  se puede concluir pacíficamente que los ereaders son más ecológicos que los libros de papel, siempre y cuando se utilicen para leer en ellos un número determinado de ebooks. Esto ya no lo discute nadie, ni siquiera la propia ASPAPEL que pone una cifra para marcar la frontera de la eficiencia de los ereaders, una cifra alta de 30 libros pero al fin y al cabo una cifra a partir de la cual, los ereaders resultan más beneficiosos que los libros de papel para el medio ambiente.

 

Esta cifra aumentará en la medida que se tome en cuenta un ordenador o un iPad para leer los ebooks, y bajará en la medida que lo que se use para este cometido, sea un ereader.

 

Por abajo hay estudios que sitúan esta cifra en 12 libros leídos a lo largo de la vida del ereader  y por encima están los 30 libros anuales de ASPAPEL, seguramente referidos a un ordenador de sobremesa o iPad.

 

Siendo rigurosos, deberíamos de hacer un estudio casuístico de cada aparato para poder establecer la cifra necesaria de ebooks leídos para que el dispositivo empiece a tener un balance favorable en cuanto a su impacto en el medio ambiente.

 

Tal vez el estudio del grupo Clean Tech elaborado por Emma Ritch sea el que más se acerque a la realidad ubicando la frontera en los 22 libros digitales aproximadamente. Cantidad que es muy probable que lea cualquier aficionado a la lectura a lo largo de la vida útil del aparato.

El problema de todo esto, es que realmente no conocemos estudios detallados que avalen estas afirmaciones, sólo conocemos los resultados sin que se comuniquen en detalle los estudios de campo realizados y los métodos y sistemas utilizados.

 

Para saber con certeza el impacto ecológico de un libro impreso habría que evaluar todo este proceso:

 

1.      Las emisiones producidas por la maquinaria necesaria para roturar y preparar el terreno con su aterrazamiento correspondiente para las plantaciones de eucalipto o de pinos.

 

2.      En caso de sustitución de árboles autóctonos como la encina, el roble, alcornoque o haya, el impacto lógicamente sería mucho mayor.

 

3.      Las necesidades hídricas de estas nuevas especies vegetales y su impacto sobre el entorno, sobre todo sobre las corrientes freáticas, y el desarrollo de otras especies vegetales.

 

4.      La eliminación de nutrientes en el suelo, debidos al rápido crecimiento de los pinos y eucaliptos y su influencia en el carbono depositado en el subsuelo.

 

 

5.      Habría que medir de nuevo las emisiones producidas por la maquinaria empleada en la tala de estos árboles, y el impacto de los combustibles fósiles empleados por esta maquinaria.

 

6.      Las emisiones empleadas por el transporte hasta la planta de tratamiento de la madera, con el fin de convertirla en una pasta de celulosa que pueda tratar posteriormente la factoría de papel.

 

7.      Las emisiones producidas en la planta de tratamiento de la madera, más la posible contaminación química de los productos empleados.

 

8.      Las emisiones del transporte a la fábrica de papel en el caso de que no se realicen en la misma instalación.

 

9.      Las emisiones de la papelera por la energía necesaria para producir el papel, así como la contaminación química producida sobre todo en las aguas fluviales, debido a los productos como el cloro para blanquear el papel.

 

10.   Las emisiones de carbono del transporte del papel a las imprentas de los libros, revistas, periódicos etc.

 

11.   Las emisiones producidas para conseguir la energía necesaria para la maquinaria de impresión, obtenida generalmente por energía no renovable, procedente de centrales nucleares, o bien de la quema de combustibles fósiles, salvo un 20% de media, procedente de renovables (eólica, termosolar, e hidráulica). Esto es válido para todos los pasos del proceso productivo.

 

12.   La contaminación de los productos químicos utilizados en la impresión, algunos de ellos bastante agresivos con el medio ambiente.

 

13.   Las emisiones producidas en el transporte del producto final (periódicos, revistas, libros, etc.) a la distribuidora.

 

14.   Las emisiones producidas para conseguir la electricidad en el mantenimiento del almacenaje en la distribuidora.

 

15.   Las emisiones de CO2 del transporte de la distribuidora al punto final de venta. (Quioscos, librerías, grandes superficies, etc.)

 

16.   Finalmente el impacto de la electricidad necesaria para mantener estos establecimientos abiertos para que el consumidor pueda comprar el libro.

 

La cosa no quedaría aquí habría que seguir estudiando el fin de los libros, periódicos, revistas y en general cualquier tipo de papel que no se comercializa y que vuelve a la distribuidora y ver que hace ésta con esas devoluciones, porque también el reciclado o almacenaje, e incluso la destrucción de este material genera gasto energético.

 

No conocemos ningún estudio que nos detalle todos estos pasos, hay que creer en lo que nos digan, pensando que se acerca a la realidad, pero de una forma intuitiva, o recurriendo a la lógica, no a datos que proporcionen certeza.

 

Igual ocurre con la fabricación de un ereader, no tenemos datos certeros sobre su impacto sobre el medio ambiente.

 

Habría que averiguar todos estos datos:

 

1.      El impacto medioambiental de las minas de minerales raros necesarios para fabricar los ereaders. Incluyendo la energía necesaria para su extracción.

 

2.      Las emisiones producidas en el transporte de todos los materiales necesarios para la fabricación de estos aparatos.

 

3.      La energía necesaria en su elaboración en las fábricas que los producen, así como el impacto en las aguas fluviales y terreno de estas fábricas.

 

4.      Las emisiones del transporte del producto fabricado a los mayoristas.

 

5.      Los gastos energéticos de mantenimiento en el almacenaje del distribuidor al por mayor.

 

6.      Las emisiones producidas en el transporte al minorista del ereader.

 

7.      Los gastos energéticos producidos para el mantenimiento del establecimiento que vende el producto, ya sea a través de internet o en un local abierto al público.

 

8.      La emisión producida para la consecución de la electricidad que usan los ereaders para funcionar.

 

Como era de esperar, un dato importantísimo para medir el impacto de un ereader es saber que se hace con él, al final de su vida útil, si se recicla adecuadamente la afección sobre el medio ambiente es mucho menor.

 

Medir la “huella ecológica” tanto de los libros impresos como de los ereaders, no es tarea fácil, en realidad cualquier producto que saquemos al mercado va a consumir recursos y va a tener un impacto medioambiental, lo importante es ganar en eficiencia energética en todo el proceso productivo y reciclar el bien comercializado una vez acabado su vida útil.

 

A primera vista, la complejidad del proceso productivo de un libro impreso parece más contaminante y dañino para el medio ambiente que un ereader, sobre todo porque consume superficie arbolada necesaria para frenar el calentamiento global, que no creemos que se compense con la fijación del carbono en los bosques de sobrexplotación de la industria papelera.

 

También creemos que se puede afirmar que el balance energético y de emisiones, es favorable al ereader a partir de un número de ebooks leídos en el mismo, y que el uso de los lectores de libros digitales, favorece el aumento de la lectura.

 

En todo caso, el reciclaje tanto de los libros impresos, como de los ereaders se convierte en un factor decisivo en su huella ecológica y un consumidor responsable debería atender a estos factores de forma responsable.

 

Probablemente lo más ecológico en lo que se refiere a los libros sea el ir caminando o en bicicleta a una biblioteca pública y pedir prestado el mismo libro que pueden leer varios lectores más, sin necesidad de fabricar otro libro impreso, pero eso también tiene sus inconvenientes de comodidad que no todos estamos dispuestos a asumir.

 

En el último tercio del siglo XX y en lo que llevamos de este, estamos presenciando la revolución de la información, y eso ha sido posible gracias a la electrónica, oponerse a este gigantesco cambio en la sociedad es ir inútilmente contra la evolución de las cosas, no vale de nada, si además la aplicación de esta tecnología a los libros permite que disminuyan las talas y favorece los bosques, estamos contribuyendo a frenar el calentamiento global y a dejarle un mundo mejor a nuestros hijos.

 

 

 

Fuentes: Natura MedioambientalGreenpeace y  ASPAPEL

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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