Los lectores electrónicos son más ecológicos que los libros impresos en papel

Un estudio de  Cleantech, empresa dedicada al asesoramiento y consultoría sobre el medio ambiente ha concluido que los lectores electrónicos producen mayor impacto ambiental en un primer momento durante todo el proceso de su fabricación, pero que luego este primer impacto se va compensando si se es un lector habitual de libros, hasta que llega un momento que el balance de emisión de dióxido de carbono, es netamente favorable al ereader.

 

Según Cleantech, un libro impreso en papel, genera alrededor de 7,5 kilogramos de dióxido de carbono. Esta cifra incluye la producción, el transporte y reciclaje o eliminación.

 

 

 

 

El IPAD de Apple genera 130 kilogramos de dióxido de carbono durante su vida útil, según las estimaciones del estudio. Amazon no ha publicado cifras para el Kindle , pero Cleantech y otros analistas lo sitúan en 168 kilogramos. Esos análisis no indican la cantidad adicional de carbono que se genera por libro leído (como resultado de la energía necesaria para alojar los ebooks en los servidores y la energía de la pantalla mientras se lee), pero no deja de incluir el coste total de fabricación, lo que probablemente representa la mayor parte de las emisiones. (El IPAD utiliza sólo tres vatios de electricidad mientras se está leyendo , mucho menos que la mayoría de las bombillas.) Si podemos confiar en esos números, entonces, el IPAD compensa sus emisiones de CO2 alrededor de un tercio del total cuando se llega a leer el libro décimo octavo. Sin embargo, serán necesarios 23 libros en el  Kindle para salir de la zona roja del medio ambiente.

Otro estudio de Forrester Research, estima que el usuario compra un promedio de tres libros por mes. A ese ritmo, con el iPad se compensarían las emisiones de su fabricación en tan sólo seis meses.

 

El agua es también una consideración importante. Las industrias de la prensa EE.UU. y la publicación de libros consumen en conjunto 153 mil millones de galones de agua al año, (579.107.000.000 litros)según cifras del grupo sin fines de lucro Iniciativa Prensa Verde incluido en el análisis de Cleantech . Se emplean  unos siete galones de agua (unos 24 litros) para producir un libro impreso de promedio, mientras que las empresas de publicación electrónica pueden crear un libro digital con menos de dos tazas de agua. (Al igual que cualquier otra empresa , los editores de libros electrónicos consumen el agua a través del papel que utilizan y otras actividades de oficina. ) Los investigadores estiman que son necesarios 79 galones de agua (299 litros) para hacer un e-reader, así que después de leer una docena de libros, se ha compensado el agua empleada en la fabricación del aparato.

 

Si hablamos de productos tóxicos los lectores ganan también a los libros impresos . La producción de tinta para la impresión emite un número de compuestos orgánicos volátiles a la atmósfera, incluyendo hexano , tolueno y xileno , que contribuyen al smog y el asma. Algunos de ellos también pueden causar cáncer o defectos de nacimiento.

Los fabricantes de ereaders, no acaban de pronunciarse sobre las sustancias químicas que se emplean en la fabricación, pero tanto el iPad como el Kindle cumplen con las normas europeas RoHS en su producción, que prohíbe las sustancias químicas más temibles en la producción electrónica.

Los lectores electrónicos, sin embargo , requieren de la extracción de minerales no renovables , como la columbita  y la tantalita , que a veces proceden de regiones políticamente inestables. Y los expertos no parecen ponerse de acuerdo sobre si estamos en riesgo de agotar la oferta mundial de litio, la sangre vital de la batería del ereader.

 

De todas formas, si todavía no puedes comprar un Kindle porque no estás dispuesto a pagar 109 euros por él y prefieres esperar a que baje, o te encanta la sensación de tener un árbol muerto entre los dedos, hay una cosa que se puede hacer para aliviar de manera significativa el impacto ambiental de tu afición a la lectura:  Comprar libros por Internet, las librerías de ladrillo y cemento son bastante ineficientes, ya que terminan acumulando más stocks de libros de los que pueden vender. Entre un cuarto y un tercio de los volúmenes de una librería, serán enviados de vuelta a la editorial y de aquí a los centros de reciclaje o a los vertederos.

 

Lo que menos impacto ambiental ocasionaría sería el ir caminando (para evitar transporte que emita gases con efecto invernadero) a la biblioteca de tu barrio, ya que el mismo libro impreso, sería utilizado por muchos vecinos cercanos a la biblioteca y no habría emisiones por fabricación del ereader, ni consumo energético por el almacenamiento del libro electrónico etc. pero lamentablemente parece que las bibliotecas están de capa caída por lo menos en EE.UU. en donde menos de un tercio de los estadounidenses visitan su biblioteca local al menos una vez al mes, y lo hacen para recibir en préstamo libros para niños. No tenemos informes de España, pero no creemos que la situación aquí, sea mucho mejor.

 

Ya decíamos el 2-3 citando otro estudio del grupo Ceantech, que  el impacto ambiental, combinado de la industria editorial y la periodística de EE.UU. en el año 2008, equivalen a la tala de 125 millones de árboles, a lo que habría que sumar los vertidos de las papeleras a las aguas fluviales y el incremento en las emisiones a la atmósfera con efecto invernadero de este proceso productivo.

 

Lo dijimos en su momento y nos ratificamos ahora, estamos en presencia de una industria insostenible en el tiempo, fomentar el uso de los lectores electrónicos no sólo facilita el acceso a la técnica o aligera la mochila de los escolares, y los estudiantes, contribuye a disminuir las emisiones que están produciendo el cambio climático, a preservar la vida en el planeta.

Como ocurre con los automóviles eléctricos, o bien movidos por hidrógeno o aire comprimido, no es un problema técnico, o de infraestructura, es simple y llanamente un problema de voluntad política, se trata de que los gobiernos apoyen el cambio hacia la era de los contenidos digitales, con una industria editorial mucho más limpia para el medio ambiente y mucho más eficiente desde un punto de vista energético, a parte de facilitar el acceso a la cultura por la eliminación de costes de producción.

 

Pero claro, lo coches eléctricos tienen las petroleras, los libros electrónicos las grandes editoriales y las distribuidoras.

 

 


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