ALIENACIÓN & VERSUS CREATIVIDAD, DESDE UNA PERSPECTIVA DIALÉCTICA ACTUAL

Para entender la alienación hay que remitirse al que podríamos llamar el último gran filósofo idealista  Georg Friedrich Wilhelm Hegel (1770 – 1831) Hegel decía que la conciencia infeliz está separada contra sí misma, separada de su esencia que ha colocado en un “más allá”.

 

Los verbos entäussem —separarse de uno mismo— y entfremdem —volverse extraño— hacen referencia a una autoalienación a un alejamiento de la naturaleza humana, la alienación deviene por tanto en una falta de autoestima, a la ausencia por lo tanto de sentido en la vida, como consecuencia de la coacción que se sufre para llevar una vida sin oportunidad de autorealización.

 

En Fenomenología del espíritu (1807), Hegel describió las etapas en el desarrollo del Geist o espíritu humano, por el cual los hombres y las mujeres progresan de la ignorancia al conocimiento de sí mismos y del mundo. Karl Marx afirmó que los polos del idealismo —ignorancia espiritual y autocomprensión— pueden ser reemplazados por categorías materialistas, por lo que la ignorancia espiritual se convierte en alienación y autocomprensión se convierte en la realización del ser humano de su  Gattungswesen — naturaleza humana—.

En la teoría marxista, la alienación es una proposición fundamental sobre el progreso del hombre hacia la autorrealización.

 

​Este alejamiento de sí mismo, o este “vivir fuera de si” solo se puede combatir mediante la reflexión, la interiorización y el conocimiento de sí mismo.

 

Hegel tuvo una gran influencia en la teoría de la alienación de Karl Marx (1818-1883), quien profundiza en este concepto, sobre todo, en sus Manuscritos económico-filosóficos (1844).

 

Marx se apoya en una antropología del hombre total y tiene una gran presencia en la filosofía contemporánea, especialmente en la oposición entre Ser y Tener.​Para Marx el capitalista compra con dinero el trabajo de los demás y los obreros cambian la fuerza de trabajo, es decir, su mercancía, por la mercancía del capitalista, es decir, la paga o salario. La fuerza de trabajo para el obrero es su actividad vital que le asegura los medios necesarios para subsistir. El obrero es libre de cambiar de capitalista, es libre de trabajar, pero no puede desprenderse de la clase de los capitalistas, a quienes se ha alquilado, sin renunciar a su existencia misma.​

 

El trabajador no recoge el valor de lo que produce, es decir, la plusvalía, y esta explotación lo priva de sus herramientas artesanales. Por causa de esta división del trabajo ignora lo que está produciendo y eso significa que está alienado. Este desconocimiento es la alienación para Marx.​

 

Marx estudia la alienación del producto del trabajo considerando que cuanto más se sumerge el obrero en su trabajo más extraño se le vuelve el mundo y menos dueño es de sí mismo. El trabajador siente que su trabajo no le pertenece. Esta es la alienación económica que genera alienación política. ¿Nos suena esto? Pues se dijo hace hace 170 años.

 

Para Karl Marx, el hombre es un ser natural, es decir, el hombre es un ente que necesita estar en contacto directo con la naturaleza para poder satisfacer sus necesidades. La relación del hombre con la naturaleza es esencial, ya que desde el punto de vista objetivo, el hombre es físicamente sensible y limitado, y por tanto es un ser pasivo y dependiente, tal como los animales y las plantas, es decir los objetos en la naturaleza que existen fuera e independientemente de él, le son indispensables porque son objetos de su necesidad. Esta relación del hombre con la naturaleza no representa una alienación, sino una relación esencial y directa entre ellos, es decir es una relación vital. La alienación surge, cuando el producto del trabajo del hombre, en lugar de satisfacer sus necesidades, se vuelve algo ajeno, es decir el producto cobra una existencia totalmente independiente del hombre que fue quien la produjo, una vez que ese producto cobra su independencia, se genera el trabajo alienado, a través del cual el hombre se vuelve esclavo cada vez más y más de las cosas que produce. Es decir, mientras más produce y mayor es su actividad, el trabajador tendrá menos, su vida ya no le pertenecerá a él, sino al objeto, el objeto cobra vida propia y se opone al trabajador de forma autónoma. Marx hace una analogía, con la religión basado en los estudios de alienación de Feuerbach, y explica que el mismo proceso se da cuando el hombre religioso se subordina a su dios (idea abstracta del mismo). En esta etapa, ya no existe la misma relación que tiene el hombre con la naturaleza, pues esta etapa es el resultado de la estructura de la propiedad privada, en la cual se acumulan productos y se instaura la división del trabajo, de allí se tiene que el trabajo alienado es el resultado de la propiedad privada y la propiedad privada el resultado del trabajo alienado. Posteriormente entre 1845 y 1846 en La ideología alemana, acotaría que de la división del trabajo se deriva la propiedad y el trabajo alienado.

 

Las cosas no son tan sencillas actualmente, desde las primeras revoluciones industriales la sociedad capitalista ha evolucionado hasta cotas inimaginables y ha ido incorporando elementos que distorsionan la antigua dialéctica de clases, sobre todo a partir de las revoluciones tecnológicas del siglo XX y XXI.

 

Herbert Marcuse (1898-1979) ha sido uno de los teóricos que se ha ocupado de este tema habló de la alienación causada por la tecnología, la cultura de medios de comunicación y el consumismo masivo, mediante los cuales el Estado capitalista consigue esclavizar a la sociedad.

 

Para Marcuse la existencia del hombre es a la vez la alienación y el proceso por el cual el sujeto vuelve a sí comprendiendo y dominando a la alienación. Marcuse plantea que es posible que la represión y la alienación se extiendan indefinidamente o que surja un contra-movimiento internacional que haga explotar esta sociedad. Para Marcuse el hombre no está sometido a la alienación del trabajo sino a la alienación del progreso de la técnica. Gracias a la técnica la sociedad tiende cada vez más a la uniformidad de criterios y a pensamiento únicos totalitarios.

Ideas tan visionarias como las de los anteriores pensadores y que nos ubican en un punto de vista más cercano a la realidad actual.

 

Ubiquémonos en ella pues pero desde un punto de vista existencial con un acercamiento a lo que pudiera ser una descripción fenomenológica. Si describimos por ejemplo la vida cotidiana de un matrimonio de edad media con uno o dos hijos, nos encontramos con que los dos trabajan —con suerte claro— y normalmente lo hacen con horarios que superan la hora de la comida y con ambiente de competitividad laboral que genera stress y fatiga más allá de la física. Los niños los cuidan una empleada de servicio doméstico, o los abuelos si tienen disponibilidad y ganas, y si ya tienen edad el colegio donde comen y tienen clases y actividades hasta las cinco de la tarde más o menos. Hay que recoger los niños llegar a casa, sacarlos al parque, ayudarlos con los deberes, bañarlos, hacer la cena, acostarlos y finalmente como a las diez de la noche, nuestro ciudadano medio cae desplomado en el cómodo sofá de su salón adquirido en cómodos plazos de felicidad, agotado por una jornada de tensión continua. Si enciende la televisión tiene acceso a una pléyade de tertulias televisivas con intervinientes pagados por los lobbys financieros e industriales, o por los partidos de turno, cuando no a vomitivos programas en los que personas sin más mérito que ser parientes de famosos o carecer de escrúpulos y de respeto a su intimidad proporcionan a los espectadores una vida que se sale de la rutina diaria anodina y aburrida. No cabe duda de que si vivimos sometidos a este ritmo y a estas circunstancias experimentamos un alejamiento de nosotros mismos, de lo que realmente queremos, vivimos en una existencia extraña a nuestra naturaleza, en la que no nos realizamos, haciendo algo que la mayoría de las veces no nos gusta.

 

La vida de un parado no es mejor de la que alguien que trabaja, y su estado de alienación es incluso peor porque carece de medios para producir por si mismo los productos que le podrían realizar materialmente, artísticamente o culturalmente, incluso su existencia misma está en continua tensión por la dificultad de encontrar trabajo en una sociedad en la que la tecnología ha desplazado a grandes sectores de ciudadanos del mercado de trabajo. Su existencia es igual de alienada, se puede sufrir alienación tanto si te obligan a hacer lo que no quieres y está alejado de tu naturaleza como si te impiden realizar una actividad que te permita realizarte como ser humano.

 

Es más que evidente que el sistema capitalista al que arribamos en el XIX solucionó las hambrunas y las miserias de antaño y puso las condiciones para un desarrollo científico y tecnológico posterior inimaginable uno o dos siglos antes, pero es incapaz de abastecer de alimentos y de bienes a toda la población y desde luego de proporcionar felicidad al ser humano que sigue tan alienado o más que hace dos siglos.

 

Plantear la dialéctica de clases y el materialismo histórico, como una explicación globalizadora de la sociedad nos parece una reducción simplista, hoy en día ya que el problema es mucho más complejo y el capitalismo se ha dado cuenta en unos casos y en otros se ha visto obligado, a no dar solo las migajas que se caen de la mesa, a los que producen los bienes que venden, ha ido más allá, les ha hecho partícipes de la plusvalía que producen, a cambio de implicarlos en la producción de que vivan alienados y dóciles en un productivismo desmedido y un consumismo exacerbado que está acabando con los recursos del planeta y con el equilibrio del medioambiente, poniendo en peligro la existencia misma de la vida en la Tierra.

 

Hoy la dialéctica principal, se expresa en forma de una tesis que es el mundo artificial que ha creado el hombre con un sistema de producción salvaje e insostenible, que oprime y aliena a los ciudadanos, con una antítesis de las personas que quieren recuperar la capacidad de realización del ser humano, la posibilidad de controlar su vida, de no vivir sometido a quienes controlan y poseen los medios de producción, provocando que seamos una mera pieza en el engranaje de sistema irracional y suicida que nos lleva a la extinción.

 

Los hippies en los sesenta y Los Verdes en los ochenta del siglo pasado hasta ahora mismo, así como todos los movimientos alternativos que han ido surgiendo, como la antiglobalización, el feminismo, el animalismo, las asociaciones LGTBI, los vegetarianos en todas sus variables y un largo diverso y variopinto etc. son el exponente de que el sistema hace aguas y que es necesario un cambio de rumbo radical, ya no tenemos tiempo para reformas y parches. Todo este movimiento alternativo, esta antítesis del siglo XXI se está agrupando ya aprovechándose de internet la Internacional Progresista que se acaba de crear es una muestra de ello.

 

Una Renta Básica Universal permitiría a cada ser humano romper con la alienación a la que ha sido sometido durante siglos, y pondría las condiciones para que cada uno desarrollara su creatividad encontrara el sentido a su vida. Desde la concepción actual muchos creen que si fuera trabajar en algo que no nos gusta para sobrevivir, nos tiraríamos todo el día, tumbados en el sofá, bebiendo cerveza viendo partidos de futbol o salsa rosa. Nada más lejos de la realidad, a los pocos meses de esta desidia empezarían a surgir proyectos personales, aficiones a las que dedicar tiempo, temas que estudiar o expresiones artísticas que manifestar. Se empezarían a manifestar lo mejor de cada uno liberados por fin de una existencia frenética y alienada.

 

Los habitantes de la isla de Okinawa en Japón lugar donde gran parte de la población supera los 100 años de edad, lo llaman Ikigai es un concepto que significa “la razón de vivir” Todo el mundo, de acuerdo con la cultura japonesa, tiene un ikigai. Encontrarlo requiere de una búsqueda en uno mismo, profunda y a menudo prolongada. Esta búsqueda es considerada de mucha importancia, ya que se cree que el descubrimiento del propio ikigai trae satisfacción y sentido de la vida. Según parece, esto tiene mucho que ver con la longevidad y felicidad de los habitantes de la isla.

 

Muy posiblemente en una sociedad cuya finalidad, cuyo sentido, no dependa de la acumulación de capital, surgiría un cambio moral de importancia revolucionaria, cambiaría todos los valores, el modo de producción y las relaciones de producción, todo sería distinto. Pero especialmente se podría romper con lo que Karl Marx llamó “Ignorancia espiritual” y es muy posible que una nueva espiritualidad se desarrollara en la sociedad.

 

Desde el planteamiento que estamos desarrollando, la creatividad y la libertad intrínseca a la imaginación de los seres humanos, es un valor fundamental que tenemos que preservar y potenciar, para liberarnos de la alienación.

 

Hay aspectos que tienen que ver con el control mental de la población que merece la pena considerar. Vivimos en un mundo controlado por la informática, hablas con alguien sobre botas de montaña con el móvil cerca, y al rato te empieza a caer publicidad de botas por todos los lados, cuando abres el móvil o el ordenador. Si te interesa la astrofísica, te bombardean con temas relacionados y así siguiendo con todo. El algoritmo mágico de Google es como una especie de engañoso cuerno de la abundancia, que suministra a nuestros cerebros todo cuanto su curiosidad demanda, y lo hace al momento, sin ningún esfuerzo, ya sea un artículo de consumo, ya sea una afición, una inclinación ideológica o espiritual. Esto está muy bien, pero tiene un precio y es el encerramiento de la mente dentro de una burbuja elaborada con sus propios contenidos. Cada vez somos más nosotros mismos, cada vez nos fijamos más en lo que nos interesa personalmente, y en la medida que esto va ocurriendo nuestro horizonte de curiosidad se va reduciendo poco a poco. Facebook por lo visto selecciona a un pequeño grupo de amigos y solo vemos, lo que dicen estos amigos, otra forma más de añadir ladrillos a ese muro alrededor nuestro que genera el sistema informático en el que nos desenvolvemos cotidianamente.

Hay un sitio donde Google, las redes sociales y el control del estado y de las multinacionales no puede llegar, y ese lugar está en nuestro interior en nuestra mente, ahí somos libres, el mundo entero se libera en el interior de las mujeres y los hombres, en ese mundo nace la inspiración, nuestra conciencia se inspira y recrea lo que percibe, para elaborar formas que explican la realidad de otra manera rompiendo con la dictadura conceptual de los programas informáticos que dominan lo que leemos, lo que vemos, por lo que nos interesamos.

Cada vez más estamos evidenciando que una de las dialécticas del hombre se establece en la lucha de la mente contra las máquinas controladas por sus programas informáticos. Eso si antes la escasez no nos hace volver a la más ruda y violenta dialéctica de clases. Y si antes este sistema capitalista-productivista no termina con la vida en el planeta, haciendo inútiles los millones de años de evolución. De nuevo observamos que hoy la dialéctica se expresa en el mundo de los hombres cada vez con más fuerza entre la lucha del individuo y de la naturaleza, contra el mundo artificial que hemos a creado y que nos controla y aliena orientando nuestros hábitos de consumo y de otro tipo.

La creación artística se está convirtiendo cada vez más en un hecho revolucionario, un acto de rebelión contra la ordenación lógica de la realidad que nos suministran a diario en la TV y en internet con cómodas pastillas digeribles de convenientes convenciones y estructuras mentales elaboradas para adormecer nuestra conciencia.

 

Reivindiquemos pues la vuelta a la naturaleza, la propiedad de los medios de producción por el propio productor o asociaciones y cooperativas de productores, pero sin que estas crezcan hasta convertirse en monstruos impersonales que explotan a los trabajadores, pero también la creación artística, literaria y científica que nos permita realizarnos como seres humanos.

 

Desde Zonaereader queremos apoyar a los autores que con sus creaciones, nos sugieren mundos no imaginados no reproducibles en TV, pero si representados en nuestro interior, que enriquecen y nos dan profundidad a la mente.

 

Isidro López Neira

 

 


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