¿Hay que entender los ereaders en oposición a las tablets y los libros impresos?

 

¿Estamos llegando al fin del ereader? Algunas fuentes dicen que sí, que las ventas están empezando a desacelerarse, según DIGITIMES en el cuarto trimestre de 2012, se llegarán a vender 4,57 millones de unidades, casi el 92% de las ventas de todo el año, pero con una caída del 49,1% en la tasa interanual.  En 2012, se venderán 9.820.000 ereaders, un 57,3% menos que en 2011. Amazon sigue siendo el mayor vendedor con el 55% de las ventas, seguido de Kobo con el 20%, Barnes & Noble con un 10% y Sony con el 6%.

 

El informe concluye que esta caída es debida a la competencia cada vez mayor de las tablets y teléfonos inteligentes de pantalla grande, lo que provocará que las ventas seguirán cayendo hasta los 8,2 millones de aparatos en 2013, 6,5 millones en 2014 y cinco millones en 2015.

 

Analizar las tablets y los teléfonos móviles con pantalla ampliada, en términos dialécticos con los lectores de pantalla de tinta electrónica, creo que es un error porque no son productos sustitutivos, un ereader no puede hacer lo que hace una tablet y viceversa una tablet, no puede hacer lo que hace un ereader.

 

Hasta que se desarrollen sistemas mixtos, como el Pixel Qi, estaremos hablando de segmentos de mercado totalmente distintos y los intentos de aunar estas dos tecnologías no han salido muy bien parados.

 

Hay una tendencia que está tratando de desarrollar el color en pantallas reflectivas  pero que no acaba de despegar, porque los colores que proporcionan estas pantallas son más bien apagados y otra tendencia que tiene que ver con la optimización de los ereaders en los elementos esenciales de la tinta electrónica, olvidándose del color, del video, y de la navegación por internet. Es el caso de las grandes compañías como Amazon, que han sacado aparatos cada vez más sencillos, pero con unas pantallas mejoradas, y una velocidad de refresco bastante aceptable, pero sin llegar a tener la capacidad de reproducir video como lo hace cualquier pantalla retroiluminada.  Esto les ha permitido bajar los precios, llegando a un punto de inflexión en el que se puede llegar al coste cero, a cambio de permanencias en la empresa, como existen en las operadoras de telefonía, o bien por comprar en la tienda de libros que también comercializa el lector.  Si hubiéramos llegado aquí, hace dos años, seguramente ahora estaría todo el mercado inundado de ereaders pero esta bajada de precios ha llegado muy tarde, o el iPad muy pronto, no se sabe.

 

En el estado actual, la tinta electrónica y las pantallas retroiluminadas, convivirán en armonía, perfecta en la que los dos aparatos se integrarán en la vida doméstica como un elemento de consumo más. ¿Cuántos de los que tienen un lector de libros digitales, no tienen a su vez una tablet? Evidentemente los que tengan que desplazarse en el transporte público todos los días durante largos periodos de tiempo, usaran más los ereaders para leer libros, sin embargo cuando lleguen a casa, es muy posible que cojan su tablet para ver una película, chatear, o leer una revista, no hay más que tomar un medio de transporte urbano en una gran ciudad, para comprobar esto que  decimos.

 

El papel  tiene sus días contados, pero esto no es una crónica de una muerte anunciada,  hay ciertas publicaciones que no desaparecerán, por lo menos en muchos años, son aquellas que tienen que ver con el arte, la fotografía, la Geografía, etc. y también con las ediciones de lujo de determinados libros;  creo que nadie por muy forofo que sea de la tinta electrónica, le va hacer ascos a una edición ilustrada de la Biblia del Beato de Liébana por ejemplo. Lamentablemente estamos acostumbrados a ver las cosas como causa efecto, pero es posible que la realidad, se manifieste de forma plural, y estructural, y que haya que entender las posibles oposiciones dialécticas, como manifestaciones de una misma globalidad.

 

Hace 2.500 años, Sócrates estaba inquieto por la proliferación de los rollos de papiro, llamados “volúmenes” en los que se iban anotando las palabras. Según sabemos por su discípulo Platón, al maestro le preocupaba que al tener las sentencias escritas para siempre, los aprendices ya no se preocuparían de estudiar. Aquello supondría un peligro para la educación.

 

Posteriormente, en los siglos III y IV de nuestra era, en los últimos tiempos del Imperio Romano, empezaron a cambiarse los voluminosos y engorrosos rollos de papiro, por unos objetos de páginas separadas y encuadernadas una detrás de otra, que llamaron códices, pero que igualmente tuvieron su oposición. Los cristianos de aquella época, se negaban a que se escribiese el Credo. Temían que entonces ya nadie se lo aprendería de memoria. También algunos filósofos, hablaban de la pérdida de la continuidad lógica en la lectura con los libros.

 

La técnica sigue avanzando y en este caso, la digitalización de los contenidos, es algo tan necesario para preservar la naturaleza de una industria insostenible, que sea en un soporte o en otro, terminará por sustituir en gran parte al papel, en beneficio de nuestros bosques, tan necesarios para la supervivencia de la vida en el planeta, a parte de contribuir a la divulgación de la cultura entre los ciudadanos, como ya lo hicieron antes los papiros, los libros y la imprenta.

 

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