¿Es justo el plazo de posesión de los Derechos de Propiedad Intelectual, establecidos por la Ley?

La primera Ley de Derechos de Autor Americana, se remonta nada menos que a 1790 en aquella primera redacción hecha con la revolución de la independencia relativamente cercana, la protección se prolongaba durante 14 años, que se podían prorrogar por otros 14 años si el autor lo solicitaba. Eran tiempos en los que triunfaba el liberalismo en la cuna del mismo, después de esto la obra caía en el dominio público y cualquiera podía reproducirla.

 

Lamentablemente el Congreso de los Estados Unidos, ha ido extendiendo los plazos de prescripción de los derechos de autor en varias ocasiones, hasta llegar a hoy en el que los derechos de propiedad intelectual se prolongan durante toda la vida del autor y a partir de su muerte 70 años más, en algunos casos los derechos se han prolongado hasta 90 años después del fallecimiento de su creador.

 

Paul Heald de la Universidad de Illinois hizo un estudio sobre los libros disponibles en la base de datos de Amazon y los resultados que obtuvo fueron sorprendentes os los mostramos en este gráfico:

(Paul J. Heald)

 

Como se puede observar la caída de títulos publicados después de 1920 es dramática, porque las obras publicadas antes de 1923 son de dominio público y los editores las pueden publicar sin tener que pagar derechos de propiedad intelectual.

 

Los publicados después de 1923 pueden estar todavía bajo la protección de los derechos de autor en manos de los descendientes del autor, por lo que los editores tendrían  que investigar quien los posee, y negociar una autorización para publicarlos con los titulares de esos derechos. Algo sobre lo que Google sabe bastante.

 

Lo que provoca este límite temporal, es que las obras posteriores a 1923 no son propensas a reeditarse, por el contrario en el estudio se demuestra que Amazon tiene mucho más títulos de las décadas de 1890, 1900 y 1910 que de los años 1930, a 1940 y a 1950. Cuando en realidad la impresión de libros se multiplicó en esa época del siglo XX. La conclusión es que hay una gran cantidad de libros de la mitad del siglo pasado que son casi inaccesibles por el plazo tan prolongado de posesión de derechos de autor.

 

En 1998, el Congreso de EE.UU. extendió el periodo otros 20 años para la mayoría de las obras registradas, de ahí el plazo del año 1923.

 

¿Y en nuestro país qué pasa?

 

Pues prácticamente lo mismo, para ilustrarlo nada mejor que leerse el artículo 26 de La Ley de Propiedad Intelectual:

 

Artículo 26 Duración de los derechos de explotación

Los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento.

 

Artículo 27 Duración y cómputo en obras póstumas, seudónimas y anónimas

 

1. Los derechos de explotación de las obras anónimas o seudónimas a las que se refiere el artículo 6 durarán setenta años desde su divulgación lícita.

 

Cuando antes de cumplirse este plazo fuera conocido el autor, bien porque el seudónimo que ha adoptado no deje dudas sobre su identidad, bien porque el mismo autor la revele, será de aplicación lo dispuesto en el artículo precedente.

 

2. Los derechos de explotación de las obras que no hayan sido divulgadas lícitamente durarán setenta años desde la creación de éstas, cuando el plazo de protección no sea computado a partir de la muerte o declaración de fallecimiento del autor o autores.

 

Prácticamente el mismo periodo que en Estados Unidos, antes de 1998 luego la Ley hace mención a las obras en colaboración y colectivas.

 

Artículo 28 Duración y cómputo de las obras en colaboración y colectivas

 

1. Los derechos de explotación de las obras en colaboración definidas en el artículo 7, comprendidas las obras cinematográficas y audiovisuales, durarán toda la vida de los coautores y setenta años desde la muerte o declaración de fallecimiento del último coautor superviviente.

 

2. Los derechos de explotación sobre las obras colectivas definidas en el artículo 8 de esta Ley durarán setenta años desde la divulgación lícita de la obra protegida. No obstante, si las personas naturales que hayan creado la obra son identificadas como autores en las versiones de la misma que se hagan accesibles al público, se estará a lo dispuesto en los artículos 26 ó 28.1, según proceda.

 

Lo dispuesto en el párrafo anterior se entenderá sin perjuicio de los derechos de los autores identificados cuyas aportaciones identificables estén contenidas en dichas obras, a las cuales se aplicarán el artículo 26 y el apartado 1 de este artículo, según proceda.

 

Hay que matizar que la primera Ley de 1879 era incluso más restrictiva y establecía un plazo de 80 años, mayor que el de la Ley actual publicada en 1996.

 

Estos derechos pueden trasmitirse por la voluntad del autor tras su fallecimiento a  terceras personas o  fundaciones que recibirán durante el periodo de vigencia establecido por la ley los derechos de autor heredados.

 

Trascurrido este tiempo los derechos de la obra son de dominio público, siendo en este momento el Estado el que es propietario de los derechos de autor de esa obra que cede a la población para el enriquecimiento cultural de esta, no obstante aunque la obra sea de bien común esta no podrá ser publicada sin la autorización del ministerio y en su totalidad indicando quien es el autor o autores de la misma.

 

Este plazo nos parece sorprendentemente largo, fiscalmente la tendencia de los gobiernos ha sido la de penalizar las herencias, gravándolas con impuestos muy altos, con una escala que iba subiendo en la medida de la cantidad transmitida. Hay todo un compendio de libros jurídicos editados al respecto justificando doctrinalmente lo injusto que supone el enriquecimiento injusto de unos herederos que no han tenido el ingenio y la habilidad de los legatarios y que por el sólo hecho de pertenecer a la descendencia genética de estos, acceden a grandes fortunas en muchos casos. Además si los patrimonios transmitidos generacionalmente se van engordando finalmente se contribuye a eliminar la competencia y a favorecer la concentración de capital en pocas manos, que dificulta el funcionamiento del mercado.

 

Finalmente han venido los tiempos de la Escuela de Chicago y su pensamiento único y ultraliberal que algunos siguen defendiendo a pesar de que ha fracasado una y otra vez cada vez que se ha aplicado, primero en Latinoamérica en la época de los 70 y principios de los 80 y luego en el resto del mundo, en el que se ha desarmado el estado del bienestar y se están externalizando todos los servicios públicos y aplicando recortes a mansalva, pero sin tener ningún recato en un intervencionismo descarado del estado cuando se trata de salvar a los bancos y a las grandes empresas responsables de la crisis financiera, constituyendo la prueba más evidente de que la famosa “mano negra” de Adam Smith, no es capaz de regular por si sola los desequilibrios del mercado, que el Estado tiene que estar presente para domar y salvar si llega el caso a esa bestia salvaje y depredadora que llamamos el sistema capitalista de libre mercado.

 

Los gobiernos conservadores partidarios del liberalismo a ultranza,  han eliminado los impuestos de sucesiones y donaciones en muchas de las Comunidades Autónomas del Estado, y ya prácticamente no se recauda nada por estos conceptos, pero lo que nos llama la atención es que se hayan olvidado tanto la izquierda (si es que alguna vez ha existido desde la transición en este país) como la derecha, de tocar los derechos de los herederos de la propiedad intelectual que se siguen lucrando sin hacer prácticamente nada, del ingenio de sus ascendientes. Que los derechos duren mientras viva el autor me parece totalmente justificado, que sus herederos adquieran las ganancias producidas por estos derechos en vida del creador de las obras, me parece también justo, pero que se sigan lucrando ociosamente del ingenio de sus progenitores durante tanto tiempo impidiendo una difusión masiva de la obra entre la población, sinceramente no creo que sea justo.

 

Como siempre, seguramente tendremos que ver como se soluciona el tema en los Estados Unidos, donde Google sigue enfrascado con la justicia  por el tema de las obras “huérfanas” aquellas en las que ni siquiera se sabe si existen herederos de los derechos de autor.

 

Hoy existen los medios técnicos para que toda la herencia cultural del planeta, esté a disposición de todos sus habitantes, sea el estado o sea una empresa privada como Google podrían realizar esta maravilla que daría acceso a la cultura de forma universal, esperemos que la razón se imponga sobre los intereses particulares de unos herederos que no han hecho nada para merecer estos beneficios.

 

Fuente: The Washington Post

 


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